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Juan Enrique Soto, nacido en 1966 en la ciudad alemana de Bieburg, es doctor en Psicología, Inspector jefe del Cuerpo Nacional de Policía y dirige la sección de Análisis de Conducta de la Policía Nacional.

De rostro amable y sonrisa fácil, habla con orgullo de su equipo, formado por cinco analistas de conducta de élite, enfocados al esclarecimiento de los casos más complicados a los que se enfrenta la Policía Nacional.

Pregunta: ¿Están las series sobre crímenes y los programas de televisión enseñando a los “malos” a cometer mejor sus crímenes o, por el contrario, les sirven a ustedes para difundir su trabajo?

Juan Enrique Soto: Un poco de todo. Por un lado, nos hacen visibles, sobre todo a nivel interno: cuanta más repercusión tiene nuestro trabajo, más fácil es conseguir medios. El problema es que muchas veces suele haber una incompatibilidad entre lo que buscan los medios, que es la actualidad y el detalle, y lo que es la investigación policial, que precisamente debe guardar el detalle para poder esclarecer el delito. Eso, a veces, produce un choque de intereses.

P: “Toda conducta tiene una motivación”. Esta frase que escribe en su libro sobre las ejecuciones del Daesh, ‘Humillación y Agonía’, resume su espíritu investigador. ¿Cuál ha sido su motivación para llegar a convertirse en jefe de la sección de Análisis de Conducta de la Policía Nacional?

J.E.S: Yo entré en la Policía hace 24 años y ya era psicólogo. Tuve la suerte de que mi primer destino fuera Homicidios. Con lo cual, desde el primer momento yo tuve claro que la psicología podía aportar mucho a la investigación policial. Así que llevo 24 años intentando dar fe de esa frase. Cuando yo entré, no había ninguna sección parecida a la que dirijo actualmente, pero con el tiempo se ha podido ir dando forma a esta idea, y la Sección de Análisis de Conducta está activa desde el año 2010.

P: Ha publicado diversas novelas de misterio y aventuras y un libro de recopilación de sus poesías, ¿qué papel juega la literatura en una persona acostumbrada a ver las miserias humanas tan de cerca?

J.E.S: Yo siempre he dicho que soy escritor y me gano la vida de policía. Yo siempre he escrito, desde mucho antes incluso de ser psicólogo. De hecho, me ha costado mucho escribir, hasta hace muy poco, sobre cuestiones policiales. Yo no quería escribir novelas de policías. ¡Bastantes policías tenía ya en mi trabajo! Pero al final lo he hecho. Nos tenemos que buscar algún tipo de evasión. Si no, es insoportable. Es una vía de escape. No sólo para el trabajo, sino para todo en general. Necesitamos ocios. Y uno de los míos es la literatura.

P: Usted ha registrado el método VERA. ¿Puede explicarnos en qué consiste y qué lo hace original respecto a otros métodos de investigación?

J.E.S: Este método se validó científicamente, y eso no es normal encontrarlo en métodos de perfilación. Además, se puede aplicar tanto al caso único como al caso serial. Los métodos habituales de investigación están diseñados para asesinos en serie, porque son metodologías que vienen del ámbito anglosajón, sobre todo de EEUU. Y allí es relativamente habitual encontrarse con casos de asesinos en serie. Pero en España y en Europa eso no es lo habitual. Así que esos métodos no servían. En base a mi experiencia, yo veía que necesitábamos un método que se pudiera aplicar a nuestra realidad de casos únicos, es decir, que alguien mata a alguien y punto. Además, es un método muy sencillo (que no simple). Eso permite aplicarlo a cualquier tipo de investigación policial de delitos graves (homicidios, agresiones sexuales, estafas, desapariciones inquietantes…). En la actualidad, este método se está utilizando en policías de otros países como Rumanía o Costa Rica.

P: En su manual sobre investigación psicológica del delito sugiere que las evidencias psicológicas deberían ser consideradas inmediatamente al inicio de cada investigación, al igual que las físicas.

J.E.S: Esa importancia depende de la capacidad de los investigadores para detectar ese tipo de pruebas. Cualquier investigador a nivel operativo no deja de ser un analista de conducta, pero se enfoca más bien al indicio físico. Por regla general, los investigadores policiales son buenos perfiladores: más de 80% de los homicidios en España se resuelven y son los investigadores lo que los resuelven. A nosotros nos llaman cuando algún caso no tiene sentido, cuando algo se les escapa.

P: ¿Qué criterio siguen en la Sección de Análisis de Conducta de la Policía Nacional a la hora de aceptar casos?

J.E.S: Nosotros trabajamos siempre a requerimiento. Son los investigadores los que nos llaman a nosotros. El único filtro que ponemos a las solicitudes es ver si nosotros podemos añadir valor o no. Nosotros no confirmamos las hipótesis de los investigadores, sino que les ayudamos a llegar al esclarecimiento de casos que se les complican.

P: ¿Qué importancia tiene el análisis de comportamiento no verbal en la investigación de los delitos contra las personas? ¿Lo utilizan ustedes en sus casos?

J.E.S: Sí, de hecho, le diría que es casi la herramienta que más usamos. En todas las investigaciones siempre hay que hablar con la gente, ya sean víctimas, sospechosos, testigos… Por tanto, el comportamiento no verbal siempre va a estar ahí. Hoy por hoy, los análisis de comportamiento no verbal es lo que más nos solicitan los investigadores, bien de vídeos que nos faciliten ellos, bien de interrogatorios que preparamos nosotros y luego analizamos.

Intentamos ver si hay congruencia o incongruencia entre lo que dice el sujeto y cómo lo dice, y cómo esto puede sugerir alguna vía de investigación. La finalidad de nuestro trabajo es siempre ser útiles a los investigadores. Por eso no hacemos ningún tipo de diagnóstico de la personalidad, porque eso no le sirve al investigador.

P: Los juzgados están empezando a admitir los informes de comportamiento no verbal como pruebas periciales. ¿Qué valor tienen estos informes?

J.E.S: Lo importante es el rigor. A nivel judicial, cuando es el juez el que solicita la pericial, no deja de ser alguien que está trabajando para la investigación. Cuando es una de las partes la que lo contrata, es una pericial más. En cualquier caso, es una herramienta más que trata de conseguir convencer a un tribunal. De hecho, son los propios jueces y tribunales quienes nos están llamando a nosotros como peritos para hacer esos informes. Por lo tanto, ya les están dando valor y les están ayudando a tomar decisiones.

P: Convive usted a diario con la mentira en mayúsculas. ¿Cómo consigue no llevar la desconfianza a su vida personal?

J.E.S: No todo es malo. Es verdad que lo que nosotros vamos a ver en nuestro trabajo es la parte mala de la vida, trabajamos con lo peor. Pero en cuanto sales afuera, no todo es malo. Si no, sería insoportable, la raza humana habría desaparecido ya.

P: ¿Se vuelven suspicaces?

J.E.S: No, lo que te vuelves es observador. Y no lo puedes evitar. Intentas relajarte, porque si no, es insoportable. Pero hay veces que estás en casa o con los compañeros y no puedes evitar observar a los demás.

P: ¿Qué futuro ve en la sección que dirige? ¿Cree que sería conveniente descentralizarla hacia otras comisarías de otras provincias?

J.E.S: Estamos en ello. Somos pocos en la sección y tener un ámbito nacional quema bastante.Teniendo en cuenta además que siempre trabajamos dos personas en cada caso y sólo somos cinco. Así que es muy complicado. Poco a poco, la idea es establecer una pequeña estructura territorial para que pueda trabajar en su ámbito de competencia.

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A Ágata Christie la biología computacional, seguramente, le hubiera jugado una mala pasada. Y es que a su archifamoso detective Poirot le hubiera bastado un análisis genético para esclarecer buena parte de los casos inventados por la escritora inglesa. Un par de páginas a lo sumo y novela resuelta.

Determinar la hora de la muerte de una persona es clave para resolver un crimen. Puede inculpar a un sospechoso o, por el contrario, dar por válida una coartada y liberar a otro. El problema es que, hoy por hoy, “no existe ninguna técnica que permita determinar el momento exacto de la muerte con fiabilidad. Solo podemos dar intervalos de tiempo, de como poco cuatro horas”, explica a Big Vang Josep Castellà, al frente del servicio de patología forense del Institut de Medicina Legal i Ciències Forenses de Catalunya (IMLCFC).

En ese sentido, los cambios que se producen en los genes, a causa de la muerte, podrían ayudar a determinar con mayor precisión cuándo ha fallecido un individuo, según ha descubierto un equipo internacional de científicos, liderados por el investigador Roderic Guigó, coordinador del programa de bioinformática y genómica del Centre de Regulació Genòmica (CRG) de Barcelona.

“Podría ser una herramienta más del análisis forense -señala Guigó-. Por ejemplo, tras morir una persona, se podrían analizar rápidamente algunos tejidos como pulmón o piel para determinar el intervalo post mortem”.

Los investigadores han estudiado más de 7000 muestras de 36 tejidos distintos que pertenecieron a 540 individuos que habían muerto durante las 24 hora previas. Esas muestras forman parte de la base de datos de un ambicioso proyecto internacional llamado GTEx, que tiene por objetivo entender mejor o qué las distintas células del organismo, a pesar de compartir el mismo ADN o ‘libro de instrucciones’ realizan funciones distintas; o por qué pequeñas variaciones entre personas de esas instrucciones puede modificar el comportamiento de las células, entre otros.

A pesar de lo rápido y fácil que se ve el proceso en las series, determinar la hora en que ha fallecido una persona es algo más complicado. Tal como explica Josep Castellà, al frente del servicio de patología forense del Institut de Medicina Legal i Ciències Forenses de Catalunya (IMLCFC), los forenses se basan en una combinación de observaciones y pruebas.

Para empezar, el enfriamiento del cadáver. La temperatura del cuerpo de personas vivas está entre 36 y 37ºC, sea cual sea la temperatura ambiental. Eso es gracias a las reacciones metabólicas del organismo que nos permiten generar energía y calor. Al morir, la temperatura corporal desciende hasta igualarse con la ambiental, pero no es un proceso lineal. “Durante las primeras 24 horas, podemos a partir de la temperatura ambiental, la del cadáver y el peso inferir cuándo ha muerto a persona con un intervalo de cuatro horas”, dice Castellà.

El segundo factor que se tiene en cuenta es la lividez cadavérica. Cuando deja el corazón de latir, los 6 o 7 litros de sangre del organismo por efecto de la gravedad se concentran, por ejemplo si la persona está tumbada, en la parte trasera del cuerpo. La piel adquiere una tonalidad rojiza en esas zonas.

En tercer lugar, los forenses analizan el rigor mortis. Dos o tres horas después de que una persona fallezca, la musculatura del organismo se empieza a contraer. “Podemos estudiar la evolución de la rigidez del cuerpo para calcular la hora de la muerte”, señala Castellà.

Por útimo, también analizan la cantidad de potasio que hay dentro del humor vítreo, un líquido dentro del globo ocular. “Cuando pasan más de 24 horas desde la muerte del individuo, se hace más difícil establecer la hora de fallecimiento. Y si el cadáver ya se ha empezado a pudrir, el grado de error es mayor. Por eso los forenses debemos ser muy prudentes y cautos, porque en casos de asesinato, por ejemplo, calcular más el intervalo de tiempo en el que puede haberse producido la muerte puede suponer dejar en libertad a un sospechoso muy sospechoso”, dice Castellà.

“Todas las células del organismo comparten el mismo genoma, que es el conjunto idéntico de genes. Ese genoma es siempre igual y estable en el tiempo, por eso podemos reconstruir, por ejemplo, el genoma de un neandertal”, explica Guigó.

Sin embargo, las células de cada tejido son distintas, porque las instrucciones codificadas en su ADN se interpretan de diferente manera. “Los 20000 genes que forman el genoma no funcionan igual en todos los tejidos. Algunos genes funcionan solo en el hígado, otros solo en la piel, y muchos están expresados con diferente intensidad; hay que pensar en los genes no como en una bombilla que se apaga o se enciende sino como una que puede regular la intensidad de luz que emite”, remacha Guigó.

En el estudio, que recoge esta semana Nature Communications, los científicos vieron cómo “ a medida que se transcurre tiempo desde la muerte, se producen cambios en la expresión de los genes de forma consistente en cada tejido, con un patrón característico que nos permite estimar luego la cantidad de tiempo que una persona lleva muerta”, afirma Guigó. a mayoría de los cambios en la actividad de los genes se producía entre siete y 14 horas después de la muerte.

A continuación, diseñaron un modelo para predecir el intervalo post mortem basado en esos cambios en la expresión de cada tejido. Para ello, se basaron en un tipo de inteligencia artificial, llamado machine learning: enseñaron a un algoritmo los patrones de cambio de los genes de 399 personas y luego lo aplicaron, con éxito, para predecir la hora de la muerte de otras 129 personas.

“Hemos hecho un programa o modelo que usa la información de todos los genes en todos los tejidos de que disponemos para predecir la hora de la muerte de la persona. Aunque se necesita más investigación, porque hay que ver si esos patrones varían en función de la edad de la persona, el sexo, la temperatura del entorno en que estaba u otras variables, podría ser una técnica adicional complementaria a las que ya usan los forenses”, considera Guigó

Para Castellà, “podría ser una herramienta potencial”, pero antes, señala, “debería haber estudios que analicen qué pasa con las variaciones entre persona. Se tiene que ver si esas modificaciones genéticas que han visto los investigadores se dan en todo el mundo siguiendo el mismo patrón de tiempo, porque aunque los cadáveres tienen una evolución similar todos, es ligeramente distinta de uno a otro ”.

También, especifica este experto en medicina forense, que habría que definir muy bien qué se entiende por muerte. “Cuando el corazón deja de latir, hay algunas partes del organismo que siguen vivas parcialmente. Por ejemplo, el bíceps. La dificultad de diagnosticar la hora de la muerte es que hay que tener en cuenta al individuo como un todo. Podría dar lugar a errores determinar la muerte a partir de un tejido concreto y no de todo el organismo”.

Eso sí, puntualiza, “de confirmarse su potencial como herramienta diagnóstica, podría ser muy útil cuando no disponemos de un cuerpo entero, sino solo de partes o de tejidos. Por ejemplo, alguna vez nos llegan personas descuartizadas en maletas, y en esos casos saber la hora de la muerte es muy complicado. Ha pasado tiempo desde que las han asesinado, han perdido la sangre e incluso a veces han comenzado fenómenos de putrefacción. En estos casos, el análisis de los cambios de los genes podría ser útil”.

 

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Del alrededor de 300 asesinatos que se registran anualmente en España, en poco más del 2% hay menores involucrados, aunque el impacto social de estos casos, como el último de dos ancianos de Bilbao, suele reabrir el debate sobre el tratamiento penal para los delitos más graves cometidos por adolescentes.

A la espera de la publicación del balance de criminalidad correspondiente a 2017, las últimas estadísticas disponibles del Ministerio del Interior hablan de ocho menores detenidos por homicidio doloso o asesinato en 2016 y veintisiete más en grado de tentativa.

Estos datos suponen un 2,4% de los 327 arrestos practicados en relación con las 292 muertes violentas registradas ese año. Suponen una disminución de este tipo de delitos cometidos por menores respecto al año anterior, cuando fueron arrestados 13 adolescentes por asesinatos u homicidios intencionados que llegaron a consumarse, y otros quince lo fueron en grado de tentativa.

En el año 2016, de los ocho menores arrestados por asesinato consumado, siete eran españoles y uno extranjero; seis eran varones y dos, chicas; y la mayoría de las detenciones se produjeron en Andalucía (5), además de Canarias, Comunidad Valenciana y Murcia, con un arresto en cada una de esas tres comunidades.

La Ley de responsabilidad penal del menor establece medidas de internamiento de hasta diez años para los responsables de delitos especialmente graves, aunque solo para aquellos que tengan 16 ó 17 años, ya que los de 14 ó 15 años solo podrán permanecer internados por un período máximo de seis años.

Estas previsiones máximas de internamiento responden a la reforma legal que entró en vigor en 2007, ya que, de acuerdo con la ley anterior -de 2000- los adolescentes de 14 y 15 solo podían cumplir un máximo de cinco años, y los de 16 y 17, hasta ocho años.

Por debajo de los 14 años, los menores delincuentes están exentos de responsabilidad y no se les podrán aplicar medidas de reinserción, según la Legislación vigente.

La legislación también contempla el traslado del delincuente a una prisión de adultos al cumplir los 18 años si el juez así lo decide y de manera automática al cumplir los 21, salvo que el magistrado se oponga expresamente.

La reforma legal de 2007 introdujo otra novedad para combatir el entonces creciente fenómeno de las bandas juveniles, como fue la posibilidad de imponer a los menores una medida de internamiento de hasta 3 años (para adolescentes de 14 y 15 años) y hasta 6 (para los de 16 y 17) si el delito, aun sin ser grave ni violento, se comete por la pertenencia a una de esas bandas.

Aunque algunas voces -y partidos como el PP- apuntan periódicamente a la necesidad de cambiar la ley para que pueda imputarse a adolescentes de menos de 14 años en casos muy graves, la última Memoria de la Fiscalía pone el foco en un sistema educativo «fallido» como principal responsable de la delincuencia juvenil, la violencia machista entre los adolescentes, el acoso escolar y las agresiones en el seno familiar.

En ese informe, correspondiente a los delitos cometidos en 2016, el Ministerio Público alertaba de un «ascenso paulatino» de la violencia machista perpetrada por menores; ese año, 179 menores fueron enjuiciados por delitos contra la mujer, un 10,5 % más que el año anterior, y en un 90,62 % de los casos se impusieron medidas.

En general, los delitos cometidos por menores se mantuvieron estables e incluso disminuyeron las agresiones de hijos a padres y familiares.

EL PRIMER ASESINATO DE LA HISTORIA

Publicado: 8 enero, 2016 en ESTUDIOS

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El primer fragmento del cráneo número 17 de la Sima de los Huesos de Atapuerca apareció en el año 1990. Hicieron falta dos décadas para recomponer el cráneo completo del individuo Cr-17 a partir de 52 pedacitos de huesos fósiles. Los casos policiales no suelen ser sencillos de resolver, pero la metodología se complica de forma dramática cuando el crimen tiene 430.000 años de antigüedad.Ver más

«Encontrar la pistola humeante es dificilísimo», asegura Nohemi Sala , investigadora del Centro de Evolución y Comportamiento Humanos de la Universidad Complutense de Madrid y del Instituto de Salud Carlos III. Pero, en este caso, ha aparecido la prueba clave, un testimonio mudo, una pista incriminatoria. Un trabajo recién publicado por la revista científica PLoS ONE documenta, a modo de sentencia judicial, el primer asesinato de la historia de la Humanidad.

Dos agujeros, dos fracturas hermanas, en uno de los 17 cráneos -concretamente el Cr-17- de homínidos de alrededor de 430.000 años de antigüedad encontrados en el yacimiento de Atapuerca (Burgos) han guardado silencio durante todo ese tiempo para decir ahora, a voz en grito, que el individuo joven al que pertenecieron esos huesos murió de forma precipitada a consecuencia de sendos golpes en la frente con un objeto contundente, en una brutal y fatal agresión cara a cara. Y de un diestro, por cierto.

Hay dos preguntas iniciales que con toda seguridad se hizo el equipo de investigación de Atapueca tras reconstruir el cráneo y ver ambas fracturas. ¿Se produjeron cuando el individuo aún estaba vivo o son consecuencia de roturas del cráneo tras su muerte? ¿Podremos saber qué causó las fracturas?crneo17

Sala, la autora principal del estudio, lleva años trabajando con los cráneos de Atapuerca. Pero no en busca de avales de la conducta violenta de los homínidos desde sus orígenes, sino tratando de averiguar cómo se formó este yacimiento único en el mundo para el Pleistoceno Medio (desde hace unos 800.000 años hasta algo más de 100.000 años). Para ello una de las mejores formas de hacerlo, tras la reconstrucción de los 17 cráneos y los 28 individuos encontrados hasta la fecha -a partir de más de 6.700 pedacitos encontrados en la Sima de los Huesos-, es estudiar las fracturas en busca de información sobre cómo vivieron y cómo murieron esos homínidos.

Los investigadores revisaron minuciosamente los cráneos uno a uno en busca de indicios que pudieran explicar qué los llevó hasta el fondo del de la sima, un pozo vertical de 13 metros de profundidad, situado 30 metros bajo la superficie terrestre y a más de 500 metros de la entrada más cercana de la cueva kárstica que forma el yacimiento de Atapuerca. Fue el último de ellos, el Cr-17, el que ocultaba el crimen.

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Cráneo 17 con fracturas óseas.

(A) Vista frontal del cráneo 17 que muestra la posición de los eventos traumáticos, T1 (inferior) y T2 (superior); (B) Vista detallada ectocraneal de las fracturas traumáticas que muestran las dos muescas similares (flechas negras), presentes a lo largo del borde superior de las líneas de fractura. Tenga en cuenta que la orientación de los dos eventos traumáticos es diferente; (C) Detalle de la muesca en T1 con una lupa 2X con un microscopio óptico. (D) Vista endocraneal de T1 y T2 que muestra la gran delaminación cortical de la capa interna (flechas negras).

«Hemos tenido muchísima suerte. Hallamos un cráneo con dos impactos cercanos y cuyos contornos de fractura coinciden en forma a la perfección», explica Nohemi Sala. «La clave no es que le falte un trozo de hueso. Es que cuando se golpea un cráneo que tiene carne, el hueso se comporta como un cuerpo elástico. Por eso se puede saber que el individuo recibió los golpes antes o justo después de la muerte», dice la investigadora.

El equipo científico sometió al cráneo a distintas pruebas habituales en la ciencia forense actual y en la paleontología como escáneres TAC o técnicas de reconstrucción virtual tridimensional. Es decir, crear un modelo digital en 3D del cráneo y de sus fracturas para obtener, por ejemplo, el contorno de las heridas, técnicas a las que estamos más acostumbrados por las series policiacas del tipo CSI que por las investigaciones científicas. La investigadora, y coautora del trabajo, Ana Pantoja , fue la responsable de la reconstrucción digital en 3D punto a punto. «Los dos impactos no sólo eran paralelos, cuando los vimos virtualmente nos quedamos sorprendidas… eran iguales!», cuenta Sala.

Lo que no tienen manera de averiguar los investigadores es qué tipo de arma homicida causó las fracturas. «Fue un objeto de gran dureza, pero no podemos saber si era de roca, de madera…», dice Sala. No en Atapuerca, pero sí hay documentadas herramientas de madera aproximadamente de estas cronologías en Alemania, en el yacimiento de la mina de Schöningen.

Pero existen otros datos que sí permiten pensar que los golpes -fuesen con lo que fuese- ocurrieron antes de morir y que, además, fue lo que le causó la muerte al individuo. «Las fracturas se localizan en los sitios típicos de un enfrentamiento cara a cara, lo que nos lleva a pensar que estaba vivo», dice Sala. Ambas fracturas en el hueso frontal tienen trayectorias distintas, fueron causadas por el mismo objeto duro y son muy cercanas una a la otra sin que haya otras roturas en el cráneo, de forma que la posibilidad de que fuese una caída queda descartada. Además, los investigadores no han encontrado ninguna señal de cicatrización ni de recuperación del tejido óseo. Es decir, que los golpes fueron mortales. Fue un asesinato.

Los homínidos de la Gran Dolina de Atapuerca –Homo antecessor– ya habían mostrado a los investigadores a través de marcas en los huesos fósiles evidencias inequívocas de canibalismo, pero ocurrieron 400.000 años antes del asesinato de la Sima de los Huesos. Según los investigadores, en este grupo el canibalismo está totalmente descartado.

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Análisis mediante Tomografía computarizada de los traumas del cráneo 17.

No obstante, tan importante o más que documentar el primer caso de asesinato de la historia de la Humanidad, son las conclusiones que este trabajo han permitido obtener al equipo de Atapuerca. El yacimiento burgalés lleva 20 años siendo un referente mundial indiscutible para el estudio de la evolución humana. Pero en ese tiempo, nadie ha logrado descifrar el enigma que esconde la Sima de los Huesos, donde se acumulan los fósiles de 28 individuos del linaje de los neandertales de hace unos 430.000 años. ¿Cómo llegaron aquellos cuerpos al fondo de una sima de 13 metros de profundidad?

Desde hace años, el equipo de investigación de Atapuerca liderado por Juan Luis Arsuaga,Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro ha tratado de responder a esa pregunta. Y se han barajado diversas teorías, como que fueron arrastrados hasta allí por grandes carnívoros que los cazaron y los consumieron, que cayeron por accidente al fondo de la sima o que fueron empujados por alguna colada de barro que los acumuló en esa zona.

Trabajos previos del equipo de Atapuerca ya habían descartado la teoría del arrastre de cuerpos por parte de grandes animales comparando las marcas causadas por carnívoros actuales con las de la Sima de los Huesos.«No tenían nada que ver», dice Sala. «Las únicas teorías que aún no habían sido descartadas eran la de la caída accidental y la acumulación intencional de cadáveres», explica José María Bermúdez de Castro (izquierda), codirector del yacimiento de Atapuerca. Este trabajo descarta de alguna forma la caída accidental, porque el individuo Cr-17 fue asesinado y no tiene las fracturas que le hubiera provocado la caída desde una altura de 13 metros. «Lo único que nos queda es la acumulación de cuerpos. Estamos quizá ante el primer acto funerario de la historia. Como yo lo veo, este comportamiento complejo estaba ya presente en estos parientes de los neandertales hace más de 400.000 años», dice Sala.

«En la Sima de los Huesos el 70% de los individuos eran adolescentes o adultos jóvenes, al contrario que en un cementerio al uso, donde solemos encontrar personas mayores y algunos niños, es decir, los más débiles», explica Bermúdez de Castro. «El perfil de mortalidad es catastrófico. No sabemos que ocurrió para que se juntasen tantos cadáveres jóvenes, pero lo que está cada vez más claro es que hay una intencionalidad de agrupar los cuerpos», dice el investigador.

Es una hipótesis que no convence a los expertos internacionales, pero el hallazgo en la sima junto con los 28 individuos de una única herramienta de piedra, un hacha de roca roja perfectamente tallada y bautizada por los investigadores como Excalibur (derecha), trae a la mente una posible ofrenda ritual de objetos propia de los ritos funerarios de multitud de sociedades humanas. Para Nohemi Sala, no se trata de un comportamiento único de Homo sapiens. «Esto tiene que ver con el cariño, con la protección de los cadáveres de los seres queridos», especula la autora.

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La autopsia practicada a los restos de la peregrina estadounidense Denise Pikka Thiem, de 41 años, ha determinado que murió de una brutal paliza al presentar numerosas fracturas en distintas partes de su cuerpo, la más grave la rotura de la base del cráneo, si bien no fue agredida sexualmente.

Según han confirmado a EFE fuentes de la investigación, el cadáver también tenía rotas las mandíbulas, además de varios dientes, diversas costillas y el cartílago de la laringe, por lo que la causa más probable de la muerte pudo ser los numerosos golpes que recibió.

Los investigadores consideran que la mujer fue agredida por la espalda lo que puede ser determinante a la hora de calificar su muerte como un asesinato y no un homicidio, ya que no tuvo opción de defenderse.

El cadáver presentaba además la amputación de las dos manos que el sospechoso de su muerte confesó haberle cortado y enterrado a unos cuatrocientos metros de donde fue hallado el cuerpo, aunque todavía no han sido encontradas.

Por la muerte de esta mujer fue detenido y enviado a prisión Miguel Ángel M.B., de 39 años, que ha confesado ser el autor del crimen, aunque en su declaración afirmó que la muerte se produjo al golpearse la cabeza contra una piedra después de que la agrediese con un palo.

Denise Pikka Thiem había desaparecido el pasado 5 de abril, cuando se perdió su pista mientras realizaba sola el Camino de Santiago a su paso por la provincia de León.

Ese día, Domingo de Resurrección, envió un correo electrónico a una amiga en el que saludaba “desde Astorga” y anunciaba su intención de seguir su ruta hacia la localidad de El Ganso, puntos ambos de la ruta jacobea en la provincia leonesa.

Fue la última noticia que se tuvo de ella y desde entonces se desconocía su paradero sin que se registrara actividad alguna en sus cuentas bancarias y en las redes sociales, en las que se mostraba muy activa, por lo que la Policía sospechaba que podía haber sufrido algún tipo de agresión.

No obstante, en principio los investigadores consideraron un accidente como la hipótesis más probable de la desaparición de la peregrina, aunque esta vía perdió fuerza con el paso del tiempo, dado que la zona en la que se perdió su pista es muy llana y no presentaba excesivas dificultades para su tránsito.

Fue entonces cuando apareció en escena el vecino de la zona que fue finalmente detenido, ya que cambió en un banco de la comarca una cantidad ligeramente superior a los mil dólares cuando era público que carecía de recursos y que habitualmente recurría a los servicios municipales para subsistir.

Desde entonces estaba bajo vigilancia y el pasado 12 de septiembre fue detenido por orden del Juzgado de Instrucción número 2 de León.

La detención se produjo en un bar de la localidad asturiana de Grandas de Salime, en el suroccidente del Principado, a donde había huido alertado tras la reactivación de la búsqueda de la peregrina por más de trescientas personas de distintos cuerpos de seguridad y del ejército.

Tras ser trasladado a Asturias en un helicóptero, condujo a los investigadores al lugar donde había escondido el cadáver, en una finca de su propiedad situada entre las localidades leonesas de Santa Catalina de Somoza y San Martín de Agostedo.

La desaparición de esta mujer provocó una gran alarma social y durante cinco meses se desplegó una gran dispositivo de búsqueda que peinó palmo a palmo un gran tramo del Camino de Santiago a su paso por León.

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La Policía Nacional ha esclarecido en lo que va de año 54 delitos. Es decir, 10 delitos más que en el mismo periodo de 2014 relacionados con la explotación sexual de menores en Internet en la Comunidad de Madrid, tipo penal que incluye la corrupción de menores, delitos relativos a la prostitución, pornografía, abuso sexual, exhibicionismo y contacto mediante la tecnología con menores de 13 años.

La Guardia Civil también ha hecho lo propio y ha confirmado un total de 731 delitos relacionados con estafas a través de Internet, de los cuales 594 fueron propiamente estafas, 49 por usurpaciones de identidad, 45 archivos deramsomware, 18 de extorsiones y 25 contra la imagen personal de las víctimas.

Este jueves, la delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Concepción Dancausa, fue la quien mostró estos datos al inaugurar la jornada sobre Los derechos de los ciudadanos y especialmente los menores, en la Red organizada por el Colegio de Ingenieros de Telecomunicación, con una conferencia bajo el título Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, garantes y protectores de la libertad de los ciudadanos, en especial de los más frágiles

Durante su intervención, Dancausa ha recordado las posibilidades de comunicación y conexión que ha abierto Internet, aportando como cifras queexisten más de 2.000 millones de internautas en el mundo que están conectados y pueden interactuar sin fronteras de tiempo ni distancia; que cada día se envían más de 200 millones de emails en el mundo; y que se hacen 2,4 millones de búsquedas en Google y se publican 278.000 tweets.

La delegada no tiene duda de que “internet es un avance decisivo, positivo y beneficioso para la sociedad” pues se aprecian “beneficios tangibles”, como aumentar nuestra red de contactos personales y profesionales; mejorar conocimientos o acceder a informaciones y actividades que, de otro modo, probablemente resultarían “inaccesibles”. Pero ha querido hacer también un repaso de los “riesgos” que implica internet, recordando que las “mejores características” de internet -la ausencia de barreras, el anonimato, la participación de incontables agentes y la elevada especialización de sus contenidos- “no han pasado desapercibidas” para los criminales.

Ha recordado el hecho de que “el cibercrimen se haya convertido en el ‘tercer delito más lucrativo en el mundo’, por detrás de la trata de seres humanos y el tráfico de drogas”. Ha recurrido al estudio de la empresa Norton para aportar que, según sus datos, en el mundo hay 18 víctimas del cibercrimen por segundo y que ganó en 2014 en la zona euro 9.000 millones de euros atacando a empresas. Aparte, se estima que este año esa cifra podría incrementarse hasta los 14.000 millones.

Ha añadido que el 70 por ciento de esos ataques no se dirigen sobre las grandes empresas, sino sobre las pymes con menos de 100 empleados, que disponen de menos medidas de seguridad. Sólo en España, estas empresas sufrieron el año pasado más de 70.000 ciberataques, ha insistido Dancausa.

A su vez, ha recordado que el Instituto Nacional de Ciberseguridad español, dependiente del Ministerio de Industria, ha interceptado este año 63 “incidentes de seguridad” relacionados con infraestructuras críticas, entre las que se encuentran, entre otras, el sistema energético o el de transporte.

Con estos datos, ha subrayado que “cuanto más aumentan nuestras actividades en línea, más se incrementa la vulnerabilidad a posibles ataques”. “Y que para poder disfrutar de todas las ventajas y beneficios que nos ofrece una sociedad de la información libre, es imprescindible contar con un marco adecuado de seguridad”, ha relatado.

También ha hecho hincapié en la “adaptación” que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a los “nuevos retos” que plantea el mundo interconectado y que han extendido también a la Red su compromiso de proteger los derechos y libertades de todos los ciudadanos, especialmente “de los más vulnerables”, algo que se plasma en las unidades especializadas en este campo.

Ha incidido en el compromiso de protección con los grupos más vulnerables de la sociedad. “Y creo que si hay un grupo especialmente expuesto son los menores, puesto que Internet y las redes sociales son para ellos una forma de vida”, ha subrayado la delegada.

Por ello, ha hecho mención al Plan Director para la Mejora de la Convivencia y la Seguridad en los Centros Escolares y sus entornos, un programa cuyo objetivo es ayudar a los alumnos a identificar los riesgos a los que se enfrentan y transmitirles el mensaje de que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad son aliados con los que siempre pueden contar. Por eso, agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil imparten cada curso en los centros escolares charlas sobre los riesgos de las nuevas tecnologíasy el ciberacoso , entre otros temas. En el curso 2012-13 hubo en la Comunidad de Madrid casi 5.000 conferencias (4.976), en 2013-14 fueron más de 7.500 (7.533) y el curso pasado fueron casi 8.700 (8.676).

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El abuso infantil vinculado a rituales de exorcismo y brujería se ha incrementado en Londres en los últimos tres años, hasta 60 delitos registrados en 2015, según datos difundidos hoy por la BBC.

Esta cifra es muy superior a los 46 delitos registrados por la Policía Metropolitana de Londres (MET) el año pasado y triplica los 23 de 2013, apunta la cadena pública, que subraya que otras fuerzas policiales del Reino Unido no contabilizan específicamente esta clase de abusos.

La MET tiene un programa especial, el Proyecto Violet, que investiga el maltrato de menores asociado a creencias religiosas o rituales de exorcismo o brujería, a menudo vinculados a tradiciones de África y Asia.

Un portavoz del Proyecto Violet, Terry Sharpe, dijo a la BBC que, aunque el número de casos es reducido, se detecta una tendencia al alza, y su gravedad puede variar desde las palizas “hasta el homicidio”.

“Hemos tenido un caso en el último año en que un niño de 9 años fue considerado un demonio por su familia y echado de su casa, y los servicios sociales le encontraron descalzo en la calle”, denuncia el agente.

La fundadora de Africanos unidos contra el abuso infantil, Debbie Ariyo, explica que las acusaciones de que los niños están poseídos aparecen muchas veces cuando hay problemas en los hogares.

“Se culpa a los niños, en especial a los hijastros”, relata Ariyo, que añade que muchas congregaciones religiosas que fomentan estas creencias “tienen un interés económico