Archivos de la categoría ‘CASOS SIN RESOLVER’

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Entraba de noche, mientras sus víctimas dormían, a través de una ventana abierta o una puerta trasera. Ni un ruido. De pronto, estaba en el dormitorio. Las despertaba con una linterna sobre la cara, un cuchillo y una amenaza de muerte. Inmediatamente, se encontraban maniatadas.

Si había un hombre en la habitación, también lo ataba. Después, arrasaba la casa y violaba a la mujer. Esta es la descripción, sin detalles, que hace el FBI de los crímenes del Violador de la Zona Este. En total, 45 violaciones y 12 asesinatos entre 1976 y 1986. Después, se desvaneció. El FBI y a policía de Sacramento, California, aseguran que lo han capturado este miércoles, tras cuatro décadas de misterio.

El sospechoso se llama Joseph James DeAngelo. Según adelantó The Sacramento Bee y confirmaron las autoridades en rueda de prensa, fue detenido en la madrugada del miércoles (hora local) en Citrus Heights, a las afueras de la capital californiana, en relación con dos asesinatos investigados por el sheriff del condado de Ventura. Tiene 72 años. A lo largo de los años, se le ha llamado East Area Rapist, Golden State Killer y The Original Night Stalker.

“La respuesta siempre estuvo en el ADN y siempre estuvo aquí, en Sacramento”, dijo en rueda de prensa la fiscal del condado, Anne Marie Schubert, acompañada de todas las agencias de seguridad que han trabajado el caso desde hace cuatro décadas. Schubert recordó que ella era niña cuando comenzaron los crímenes en el este de Sacramento, y cómo la ciudad cayó presa del terror en aquellos años. “Para muchos de nosotros ha sido personal”, dijo.

Las autoridades no detallaron de qué forma se llegó a la identificación de DeAngelo a partir del ADN. Solo dijeron que la pista definitiva que llevó a la detención llegó en los últimos seis días. La orden de detención fue emitida el martes.

El sheriff de Sacramento, Scott Jones, describió la escena cuando los agentes llamaron a la puerta de DeAngelo, en la barriada de Citrus Heights, 40 años después de sus primeros crímenes en esta misma zona. “Parecía confundido”. Jones confirmó que DeAngelo había sido policía entre 1971 y 1979. Es decir, sus primeros crímenes los cometió siendo agente de policía en activo en Auburn, California. El sospechoso tiene familia. Jones solo confirmó que tiene hijos mayores de edad.

Una víctima del violador, Jane Carson-Sandler, aseguró al diario The Island Packet que dos investigadores la contactaron este miércoles. “Estoy superada por la alegría”, dijo. “He estado llorando y sollozando”.

Carson-Sandler fue la quinta víctima del Golden State Killer. El 5 de octubre de 1976, a las 6.30 de la mañana, se despertó en su cama con un cuchillo de cocina en el pecho y una orden: “Cállate o te mato”. Un hombre con pasamontañas estaba sobre ella. Su hijo de tres años estaba junto a ella. “Cállate o te mato”, repitió el hombre, mientras dejaba un rastro de sangre sobre su pecho con la punta del cuchillo. “Solo quiero tu dinero”.

El hombre no hizo ningún intento de buscar ningún dinero. Con calma, empezó a cortar tiras de las sábanas. Les tapó los ojos y la boca a ella y a su hijo. La ató de pies y manos. Ella pudo oír cómo el hombre agarraba a su hijo y lo quitaba de la cama, quizá lo llevó a otra habitación. Entonces, la violó.

Las violaciones como esta comenzaron en el verano de 1976 en los suburbios de Sacramento. El violador apenas se llevaba pequeños objetos de valor de las viviendas. En 1978, una pareja fue asesinada a tiros cuando paseaba a su perro en Rancho Cordova, otra barriada de la capital. Se le atribuyen decenas de violaciones y asesinatos entre ese año y 1981. Los crímenes cesaron hasta que en mayo de 1986 una chica de 18 años fue violada y asesinada en Irvine, en el sur de California. Es el ultimo crimen atribuido al Golden State Killer. Los casos fueron conectados recientemente gracias al ADN.

El pasado mes de febrero se publicó el libro I’ll be gone in the dark, en el que la periodista Michelle McNamara contaba su investigación sobre el caso. El libro se situó como el número 1 en la lista de no ficción de The New York Times. McNamara falleció repentinamente en 2016 a la edad de 46 años. Era la esposa del cómico Patton Oswalt. HBO está rodando una serie sobre la investigación. “Creo que lo has atrapado, Michelle”, tuiteó Oswalt este miércoles tras conocerse la noticia.

En 2016, el FBI dio una conferencia de prensa para hacer un último intento de reactivar el caso y buscar posibles pistas nuevas. Publicó toda la información disponible hasta el momento y ofreció una recompensa de 50.000 dólares por cualquier pista que llevara a la captura del Golden State Killer. Además, una serie documental de HLN, Unmasking a killer, reactivó el interés por el caso, uno de los grandes misterios de la crónica negra de Estados Unidos.

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El crimen perfecto es aquél en el que nunca se encuentra el culpable y, en ese sentido, Lleida tiene, al menos, diez casos sin resolver desde el inicio del siglo XXI. El último, la muerte de un hombre en el número 20 de la avenida Catalunya, dejó el pasado mes de octubre al único imputado en libertad por falta de pruebas. Entre los expedientes de la lista de crímenes sin resolver hay cuatro especialmente destacados: el tiroteo de un joven mientras salía en coche de un parking -conocido como el crimen de Cappont-, los dos cuerpos descuartizados hallados en el pantano de Utxesa, la prostituta de las rotondas de Lleida o el asesinato del carnicero Mir.

El Fiscal Jefe de Lleida, Juan Francisco Boné, explica que en Lleida hay “un índice bajo de casos sin resolver” y que los Mossos d’Esquadra no cierran los casos, sino que “hacen un seguimiento permanente, incluso con mayor interés, e informan con regularidad de los avances en la investigación porque estos casos no prescriben”. Boné asegura que “pasado un tiempo el trabajo policial es más complicado y puede pasar a un segundo término ante temas del día a día que cobran mayor relevancia, pero los casos sin resolver nunca se abandonan”. Además, añade Boné, en Lleida hay casos más complejos, como los crímenes en los que las víctimas son trabajadores temporeros, que “por su anonimato cobran una especial dificultad en su resolución”.

El criminólogo y periodista de sucesos Alfonso L. Congostrina asegura que la estadística de homicidios en la demarcación de Lleida es de tres crímenes anuales, que por regla general “suelen resolverse, por la sencilla razón de que cuando alguien acaba con la vida de otro, tiene sus motivos para hacerlo y la policía tiene un hilo del que tirar”.

Según Congostrina, hay tres tipos de casos sin resolver: “Aquellos en los que la vinculación entre víctima y asesino es débil, por ejemplo homicidios de prostitutas de carretera en los que si una compañera de la víctima no ha apuntado la matrícula del cliente criminal es complicado resolver el caso”. Otros son aquellos en los que la investigación policial es incapaz de sacar a la luz el número de pruebas suficiente para incriminar al principal sospechoso. “Hay que tener en cuenta que el sistema judicial español permite al acusado mentir para defenderse y prioriza tener a un culpable en libertad a un inocente entre rejas, por lo que en algunas ocasiones los acusados tienen pocas pruebas en su contra”, puntualiza Congostrina. El tercer arquetipo, prosigue el criminólogo y periodista, es el sospechoso que consigue huir u ocultarse de la justicia: “Este tipo de sospechosos acaban bajando la guardia tarde o temprano y enfrentándose a un tribunal”.

El crimen del quiosquero de la Mariola
El 28 de junio de 2001 asesinaron a pocos metros de su casa a Jerónimo Fernández Gómez un popular quiosquero de bebidas del leridano barrio de la Mariola. Dos personas acabaron con la vida de Fernández tras propinarle decenas de puñaladas. Días más tarde fueron detenidos dos marroquíes acusados del crimen. Tras pasar cuatro meses privados de libertad, los resultados de las pruebas del ADN efectuadas les alejaron del caso y fueron puestos en libertad. Jamás se ha detenido a los responsables de la muerte del vendedor.

El crimen de la partida de Grenyana
El 15 de febrero de 2005 apareció un cadáver semienterrado en un discreto lugar de la partida de Grenyana, un barrio de l’Horta, a las afueras de la capital del Segrià. La víctima era un vecino de Lleida de etnia gitana cuyo cuerpo llevaba cerca de tres meses enterrado en aquel lugar. El fallecido murió a consecuencia de las heridas provocadas por una arma de fuego. En abril de 2007 los agentes practicaron las únicas detenciones relacionadas con el caso. Al cabo de unas horas quedaron en libertad. Se desconoce si el asesino sigue libre o si falleció meses después de haber perpetrado el crimen.

El crimen de Cappont
La mañana del 9 de noviembre de 2006, un encapuchado esperó a que Isaac Martínez saliera de un parking situado en la calle Riu Ter del barrio de Cappont. Martínez, que entonces tenía 26 años, salía conduciendo su vehículo, cuando un encapuchado vestido con un chaleco reflectante le propinó hasta cinco disparos. El asesino huyó corriendo sin que nadie pudiera distinguir su rostro.

Días más tarde, los Mossos d’Esquadra detuvieron al único imputado por la muerte de Martínez. Tras permanecer medio año en prisión preventiva, las autoridades judiciales le dejaron en libertad. Los análisis que la policía autonómica efectuó en la ropa del acusado aseguraban que tenía restos de plomo, antimonio y bario, lo que permitía afirmar que por lo menos había efectuado un disparo el día de los hechos. El acusado siempre dijo que esos agentes químicos en la ropa eran consecuencia de haber cambiado la batería de un coche, una coartada que tanto Policía Nacional como Guardia Civil validaron como posible en sus análisis. Las autoridades judiciales no tuvieron otra alternativa que dejarlo en libertad.

Los padres de Martínez siempre han creído en la culpabilidad de la persona que fue detenida. Sea inocente o culpable, lo único cierto es que el asesino de Isaac sigue libre siete años después. El Fiscal Jefe, Juan Francisco Boné, explica que este “es uno de los casos en los que la policía sigue trabajando con especial interés”.

El crimen de Aitona
Un anciano de 70 años y vecino de Aitona se dirigía el 18 de enero de 2009 a una finca de su propiedad cercana al vertedero municipal. Tras unos días de intenso frío, quería averiguar si sus colmenas habían sobrevivido a las heladas. Mientras se dirigía a la finca, localizó los rastros de lo que parecía un jabalí pero tras unos arbustos encontró el cuerpo inerte de un hombre con el rostro contra el suelo. Era el cadáver de un joven de origen magrebí que había fallecido a consecuencia de varios golpes en la cabeza. El cuerpo llevaba varios días en el lugar, por lo que se encontraba en un avanzado estado de putrefacción.

Tras iniciar una investigación, los agentes de los Mossos d’Esquadra consiguieron diseñar un retrato robot que desembocó en la detención de dos vecinos de l’Hospitalet de Llobregat y otros dos de Maials, acusados de estar implicados en el homicidio. Semanas después se fueron desvirtuando las acusaciones. Nadie permanece hoy en prisión acusado del crimen de Aitona.

El crimen del carnicero
El primer día del mes de agosto de 2009, cuatro encapuchados accedieron a la empresa Cárnicas Mir, situada en el número 105 de la partida de Rufea, distrito rural de l’Horta en las afueras de la capital del Segrià. El propietario escuchó un ruido extraño en su propiedad. Todo apunta a que Mir plantó cara a unos encapuchados que le dispararon. La mujer del empresario fue testigo de cómo se le escapaba la vida a su marido casi en el acto, mientras los encapuchados huían en un vehículo que apareció horas más tarde en un descampado.

En febrero de 2011, los Mossos d’Esquadra protagonizaron una detención de película por este crimen en los pasillos de los Juzgados de Lleida. Un joven se sentaba en el banquillo de los acusados por un asunto menor. En la puerta le esperaban los agentes, que mientras le colocaban las manillas le informaban que quedaba arrestado acusado del homicidio de Santiago Mir. El acusado siempre lo negó. Tras permanecer en prisión y ser juzgado en la Audiencia de Lleida, el tribunal aseguró que no tenía suficientes pruebas como para “desvirtuar la presunción de inocencia del acusado”. El asesino del carnicero, sea quien sea, sigue libre.

El crimen de la prostituta de las rotondas
El cuerpo sin vida de Daniela Gabriela Mihalcea apareció la madrugada del 9 de junio de 2011 a las puertas del instituto Joan Oró de la capital del Segrià. Alguien dio un golpe seco en la sien de la joven prostituta con un objeto contundente y acabó con su vida. Quizás su último cliente. Daniela llevaba un año y medio alquilando sus curvas en las rotondas de Lleida. Los agentes enseñaron varios retratos robots a compañeras de la joven y rápidamente dieron con el nombre del único sospechoso, un hombre de origen andaluz. Se encontraba en paradero desconocido y aún continúa en busca y captura. El crimen de Daniela Gabriela Mihalcea sigue impune.

El crimen de Cruz Mayenco
El 21 de junio de 2011, Rafael Cruz Mayenco fallecía tras ser apuñalado en el estómago al lado de su vivienda, en el municipio de Torre de Cabdella. Mayenco ya había sido condenado en 1985 por el homicidio de un hombre en la Pobla de Segur. Tras cumplir condena se trasladó a Torre de Cabdella junto a su familia y trabajaba como técnico de mantenimiento para el ayuntamiento.

Al iniciarse la investigación, fue cobrando fuerza la idea de que el autor de la puñalada se encontraba entre su círculo más cercano. La mujer y el hijastro de la víctima fueron detenidos y luego puestos en libertad. Ellos siempre mantuvieron no tener nada que ver con el crimen. La esposa, Elvira Silva Botana, aseguró tras declarar ante el juez de Tremp: “Mi hijo y yo no hemos hecho nada pero acabaremos comiéndonos el marrón”. Nadie ha quedado detenido, tampoco, por ese crimen.

El asesino de las dos cabezas
El primer fin de semana de julio de 2011, una persona alertó a los Mossos d’Esquadra de que en el pantano de Utxesa, dentro del término municipal de Torres de Segre, había una pierna humana flotando. Tras extraer la extremidad se peinó la zona, localizando varios kilómetros más arriba, en las compuertas del parque de la Mitjana de Lleida, la otra pierna y un brazo. Gracias a las huellas dactilares de la mano comprobaron que la víctima había sido fichada policialmente, lo que permitió a los agentes poder tirar de un fino hilo y orientar la investigación. El cadáver era el de un dominicano vecino de Lleida, de unos 50 años.

Los agentes realizaron entonces cuatro detenciones, entre las que se encontraban las de dos de las hermanas del principal sospechoso, un joven también dominicano con el sobrenombre de El Muñeco. Algunos de los detenidos aseguraron haber acompañado el 27 de junio de 2011 a El Muñeco hasta el aeropuerto del Prat. Durante ese trayecto, el sospechoso explico a sus familiares que el dominicano fallecido se había abalanzado sobre él con un cuchillo y que él se lo arrebató y le mató. Acto seguido, y en la casa que ambos habían ocupado en la calle Alfred Perenya de Lleida, el Muñeco descuartizó a su víctima con una sierra manual, llenó dos bolsas de plástico y dos maletas con las partes del cuerpo y las abandonó en el parque.

Posteriormente en el pantano aparecieron más restos de cuerpos, incluidas dos cabezas. Una de ellas era la de la víctima, pero los Mossos estaban seguros al 99% de que el Muñeco había perpetrado más de un crimen el mismo día y en el mismo lugar. Antes de que apareciera la primera pierna El Muñeco ya había abandonado el país y permanece en paradero desconocido.

El crimen de la avenida Catalunya
Un marroquí de 29 años perdía la vida, la madrugada del 5 de octubre de 2011, tras recibir un golpe en la cabeza en un piso del número 20 de la avenida Catalunya de Lleida. No tardaron en detener al principal acusado, quien confesó el crimen hasta en tres ocasiones. Sin embargo, el pasado mes de octubre se sentó en el banquillo de la Audiencia de Lleida ante un jurado popular y allí negó cualquier implicación con el crimen. El imputado aseguró ante el tribunal que se había confesado culpable de los hechos para “hacerse el hombre” pero que no tenía nada que ver con el homicidio.

El jurado popular lo absolvió tras considerar que no existían pruebas suficientes para imputar el crimen al acusado y que las declaraciones de los agentes de los Mossos d’Esquadra fueron contradictorias. El crimen de avenida Catalunya, tras su juicio, es un nuevo caso sin resolver por el que no se podrá volver a juzgar al anterior acusado aunque aparezcan nuevas pruebas.

Un caso resuelto 15 años más tarde
El criminólogo y periodista Alfonso L. Congostrina y el Fiscal Jefe de Lleida Juan Francisco Boné coinciden en que los casos pueden acabar resolviéndose aún pasados los años. Muestra de ello es la resolución tardía del asesinato de un temporero desconocido. El 12 de diciembre de 2008 la Audiencia de Lleida condenó a José María Gallardo Sánchez a 19 años de cárcel por haber asesinado a un temporero en Soses en agosto de 1993. El crimen de Gallardo permaneció oculto durante 15 años hasta que su ex mujer delató al criminal durante su proceso de separación. Cuando denunció a su marido por malos tratos en el juzgado almeriense de El Egido relató que su pareja había acabado, muchos años antes, con la vida de un temporero desconocido en el municipio de Soses. La ex mujer había mantenido el secreto, por miedo, más de una década.

El que parecía un caso más de la lista de asesinatos sin resolver acabó siendo la excepción de los crímenes perfectos perpetrados en Lleida. La detención no fue fruto de años de investigación, pero demostró que cualquiera de los casos podía, en un momento u otro, cerrarse al fin con el criminal entre rejas.

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La Comandancia de la Guardia Civil de Madrid ha difundido esta mañana un retrato robot de una persona que podría estar implicada enel homicidio de la vecina de Algete, Eva Blanco, ocurrido el 20 de abril de 1997. Este nuevo dato aportado a la investigación se ha conseguido gracias al testimonio aportado por una testigo que recuerda haber visto aquella noche a una persona con esos rasgos tan marcados. El instituto armado ha habilitado un correo electrónico casoevablanco@guardiacivil.org y un número de teléfono (696 892 250) en el que se garantiza la confidencialidad de todos los datos aportados.

Retrato robot del supuesto implicado en el crimen de Eva Blanco. / GUARDIA CIVIL

La violación y el homicidio de Eva Blanco se ha convertido en uno de los casos más difíciles dentro de la historia reciente de la Guardia Civil. Han pasado 16 años desde que esta joven de 17 años fuera descubierta en un descampado y con cuatro puñaladas en la espalda. La joven había salido a una discoteca de la localidad con unas amigas. Una de ellas la acompañó hasta las cercanías de su casa, hasta unos 500 metros de la calle de Carmen Conde. Entonces se trataba de una zona poco transitada y mal urbanizada.

Los nuevos datos aportados por la testigo han sido contrastados con otras declaraciones tomadas en 1997. El testimonio coincide en que se fijó en un vehículo de la marca Renault modelo 18 de color blanco.

Eva Blanco, la joven muerta en Algete en 1997.

El Servicio de Criminalística de la Guardia Civil ha elaborado un retrato robot sobre una persona avistada el día del suceso en las proximidades a la zona donde fue localizado el cuerpo sin vida de la menor de Algete. En aquel entonces, presentaba las siguientes características. Se trataba de un varón de entre 35 y 40 años, con una altura entre 1,70 y 1,80 centímetros, de complexión gruesa (75-80 kilos), con el pelo castaño, corto y de punta en la parte superior; la cara cuadrada y curtida, con ojos negros y hundidos, que vestía una camisa blanca, y jersey de cuello de pico.

El cuerpo de Eva Blanco fue hallado a unos seis kilómetros, junto a las obras de la carretera que une Cobeña con Belvis del Jarama, por lo que el hombre que la invitó a subir a su coche debía ser un conocido de la joven. Según se dedujeron de las investigaciones, la muchacha intentó huir por el descampado, pero el hombre la alcanzó y la apuñaló mortalmente por la espalda.

La autopsia de Eva Blanco permitió descubrir que la joven había sido violada antes de ser asesinada. Los restos de semen permitieron tener un perfil genético del autor del crimen. De hecho, la Guardia Civil y la Fiscalía plantearon hacer un análisis masivo de ADN a más de 2.000 varones residentes en la localidad. El instituto armado reservó a finales de los noventa 100 millones de pesetas (600.000 euros) para sufragar estas pruebas, pero al final no se hicieron. Tanto la fiscalía como el Juzgado de Instrucción número 4 de Torrejón de Ardoz, que conoce del caso, dudaron de la legalidad de este cotejo.

El caso de la joven de Algete ha sido estudiado en diversos cursos de asesinatos a nivel nacional e internacional, e incluso por especialistas del FBI pero sin ningún resultado positivo. Lo han analizado al detalle los diferentes jefes del Grupo de Homicidios del instituto armado, pero siempre con resultado negativo. Se han hecho varias manifestaciones por la localidad y los padres de la joven han estado siempre apoyando al instituto armado. En un reportaje publicado en 2007, esperaban tener resultados. Su único objetivo era poder preguntar al autor el motivo del homicidio. El crimen prescribirá el 20 de abril de 2017, según fuentes judiciales, por lo que es preciso resolverlo antes de esa fecha.

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Nunca es tarde para detener a un asesino. Esta es la máxima del grupo de homicidios creado por la Comisaría General de la Policía Judicial, y que se encarga de esclarecer crímenes pendientes. No importa cuánto tiempo haya pasado; “siempre se encuentra una nueva pista de la que poder tirar”, asegura el comisario jefe Angel Luis Galán Díez.

La unidad, integrada por una veintena de inspectores bregados en la investigación de homicidios y especialistas en la resolución de desapariciones con crimen de por medio, fue creada hace un año por el comisario general de la Policía Judicial de la Dirección General de la Policía, Juan Antonio González García.

El nuevo perfil del delincuente que actúa en España –sobre todo extranjero, armado y sin demasiados prejuicios para apretar el gatillo– ha disparado la cifra de homicidios. Los ajustes de cuentas, los atracos y la violencia doméstica encabezan el ránking. Los agentes sostienen que es un error pensar que en España sólo asesinan los extranjeros. La violencia gratuita también ha calado entre los delincuentes autóctonos.

“Somos una unidad itinerante. Vamos cuando nos necesitan, para agilizar una investigación paralizada desde hace años por la falta de nuevas pistas o bien para reforzar plantillas de jefaturas provinciales con escasez de investigadores”, indica Galán.

El último destino de este grupo de investigadores, ubicados en Madrid y que dirige el inspector jefe Ricardo Sánchez, ha sido Tarragona. Tras varias semanas de trabajo, el 21 de abril detuvieron a un joven de 20 años acusado de ser el responsable del asesinato de Aurora Mancebo, la joven tarraconense que el 27 de febrero del 2004 se fue de casa y nunca regresó. El presunto asesino duerme entre rejas, pero el tema seguirá abierto hasta que aparezca el cadáver de la joven.

Melilla fue la anterior plaza en la que trabajaron. El 9 de marzo fueron encontrados los cadáveres de un joven matrimonio judío. Ella, embarazada de ocho meses, fue cosida a puñaladas, igual que su marido. Un incendio intencionado intentó, en vano, borrar las pistas que finamente condujeron hasta un albañil marroquí que mató al hombre por una deuda de cinco euros de unas obras en casa, y luego asesinó a la mujer por ser testigo del crimen.

Esperan tener la misma “suerte” en la resolución del triple crimen de Burgos. En junio pasado fueron encontrados asesinados un matrimonio y uno de los dos hijos de la pareja, de 11 años. “Es un tema muy complicado. Pero es en estos casos donde el buen investigador demuestra que realmente sirve. No puede desanimarse, y mantenerse firme aun ante la aparente ausencia de pruebas”, indica el comisario.

También en Galicia sigue abierta la investigación por la desaparición, hace siete años, de María José Arcos. La joven salió de su casa de Santiago de Compostela a pasar unos días a la playa, con un amigo, y nunca más volvió. Su familia no se rinde. Como tampoco pierde la esperanza el entorno de María Natividad Garayo, una profesora de 44 años que el 7 de julio del 2002 acudió a una boda familiar en Santander. Le asestaron 35 puñaladas. Aparentemente, no hay nada. “Todos estos temas son difíciles, pero preferimos tener un asesino suelto que un inocente entre rejas”, concluye el comisario.

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«Sólo diré, sólo escribiré una cosa. Miguel T. Q. By Evita». Esta es la última anotación que la adolescente Eva Blanco redactó en su diario secreto. Lo hizo horas antes de su muerte, la madrugada del 19 al 20 de abril de 1997. El crimen sin resolver de la chica de Algete es quizá la espina más dolorosa en el Grupo de Homicidios de la Guardia Civil de Madrid. Y tienen razones para ello. Por un lado, porque sus índices de éxito son envidiables en asesinatos, con un 93,7% de esclarecimientos.

A ello hay que sumar el perfil de la víctima, una cría que dos meses antes de que la mataran había cumplido 16 años; toda una vida incipiente y truncada por un depredador. Y porque, a diferencia de otros casos, los investigadores sí que cuentan con una prueba elemental para poner nombre y cara al criminal: su perfil genético, procedente de los restos de semen encontrados en la ropa interior de la fallecida. Pero falta la otra pieza del puzle. Otro elemento orgánico con el que cotejarlo. La mitad oscura.

Se estrecha el cerco al asesino de Eva Blanco 16 años después

ABC. Una de las últimas fotografías de Eva Blanco; a la derecha, imagen de su diario secreto.

La noticia saltó en noviembre de 1999. El entonces alcalde del pueblo publicaba un bando en el que animaba a los vecinos varones a que se sometieran voluntariamente a pruebas de ADN para dar con el asesino y despejar la «x» de una vez por todas. Un total de 2.013 de los alrededor de 5.000 hombres de Algete dejaron por escrito su disponibilidad. Sus nombres se guardaron bajo llave en una urna.

Catorce años después, allí siguen. Porque la juez de Instrucción número 4 de Torrejón de Ardoz de la época vetó la prueba masiva. Y eso que hasta el Ministerio del Interior guardó una partida de cien millones de pesetas de la época (600.000 euros) para costear los análisis. La instructora consultó a la Fiscalía de Madrid, que no apoyó la iniciativa. Lo consideraba anticonstitucional y, pese a su carácter voluntario, contrario al derecho a la intimidad.

«En 2005, la Guardia Civil esclareció un caso ocurrido cuatro años antes en Campo de Criptana (Ciudad Real) tras una prueba masiva de ADN. También hay antecedentes similares en el Reino Unido, Alemania y Francia», explican fuentes policiales. Por eso, la reciente noticia de que la actual juez, a instancias del Instituto Armado, va a darvía libre a la apertura de las urnas con los datos de los voluntarios supone un empujón a la investigación. Aunque no se haya pronunciado sobre la prueba masiva.

Por un lado, supone una clara motivación para los agentes. “El de Eva es un caso que no hemos abandonado nunca. Conocer quién dio su consentimiento nos puede ayudar a descartar, pero también a apuntar a sospechosos”, explica uno de los investigadores. Efectivamente, no se abandonan otras pesquisas, pero sí es verdad que tanto el hecho de aparecer en la lista como el de no aparecer en ella puede resultar revelador.

La primera persona investigada fue la propia víctima. Ocho meses después del crimen, su madre, Olga Puig, encontró escondidos entre cajones de su habitación dos cuadernos escolares. No eran apuntes de clase. Se trataba de los diarios secretos de la chica. Nadie sabía que existieran. La adolescente los fechó en los años «95-96» y«96-97», de su puño y letra, como si se correspondieran con cursos escolares. El relato en él es el típico de una chica de su edad. Aparecen las personas más cercanas, de su círculo íntimo, ese que es el primero que investigó la Guardia Civil: familia, amigos y novio.

Este último es Miguel, el chico al que van dedicadas sus últimas palabras escritas, una declaración de amor. Era un joven de más o menos su edad de Fuente el Saz. En otra página aparecen los nombres de Eva y Miguel repetidos continuamente. Está claro que fue uno de los primeros investigados, hasta se cotejó su ADN. Pero resultó negativo.

Entramos en el segundo círculo, el de conocidos, amigos menos cercanos y ámbito escolar. Se trata de gente del pueblo. Ahí es donde la Guardia Civil sospecha que está el nombre del asesino. «Tenemos claro, y jugamos con esa hipótesis, el de alguien conocido, de Algete o alrededores», explica un mando policial.

¿Qué pasó aquella noche? La última persona, además de su asesino, que vio con vida a Eva Blanco fue su amiga Vanessa. Estuvieron juntas en las pistas de Valderrey, tomando algo de calimocho. Hasta que, según relató Vanessa, su amiga se despidió así: «Me voy. Tengo que estar en casa a las doce». Faltaban quince minutos para la medianoche. Pero nunca llegó a su domicilio, a menos de un kilómetro de distancia.

A primera hora de la mañana siguiente, su padre, Manuel, tras haber telefoneado al cuartel y pasar toda la noche peinando zonas de ocio,hospitales y parques, puso la denuncia. Paralelamente, dos hermanos mayores de Ajalvir, ya fallecidos, que daban un paseo por el paraje de las Pesqueras, encontraron el cadáver de una chica. Estabaen la cuneta de la M-100, que une Algete con Cobeña, en una vía de acceso en obras. Era Eva Blanco.

La zona, a unos 7 kilómetros de su casa, estaba cerrada al tráfico y la solían utilizar chavales de la época en busca de intimidad en sus coches. El cuerpo estaba decúbito prono, boca abajo, perfectamente vestido. Sólo tenía quitada una manga de la chaqueta que llevaba. Esa noche había llovido muchísimo y aún había huellas de ella y también de su asesino en el terraplén de la carretera. Primera pista: el criminal calzaba un zapato tipo mocasín, de la talla 42. Debía de rondar los 33 años en 1997, quizá más, apuntan los padres de Eva. Ahora, por lo tanto, debe de andar por el medio siglo. «Creemos que es el padre u otro familiar de alguna de sus amistades», apuestan Manuel y Olga.

A Eva le dieron 19 puñaladas en la parte posterior de la cabeza y en la alta de la espalda. Utilizaron una navaja de 8 a 10 centímetros de hoja y uno de ancho. La primera cuchillada y quizá mortal, en el costado izquierdo. Lo que hace pensar que estaba aún dentro del coche cuando se la dieron. Iba en el asiento del copiloto.

Salió del vehículo, un Renault de color claro, tipo berlina. Corrió por el terraplén de arena, en pendiente ascendente, pero el asesino la atrapó. La acuchilló y el cuerpo quedó en el «valle» del arcén, que la lluvia de esa noche convirtió en una especie de canalón. Y ese fue el primer gran problema, el de base, para la investigación.

«La lluvia limpió el cuerpo. Sólo quedó una pequeña fibra roja, que coincide con la de la tapicería de algunos modelos de coche de aquella época», explican nuestras fuentes.

La autopsia fue complicada. Se encontraron vestigios de semen en las braguitas, pero, según el forense, a Eva no la violaron. Tras mantener relaciones con su asesino, según la tesis policial, se enzarzaron en una discusión que acabó en tragedia. Los padres de la chica creen que sí fue forzada sexualmente, y que por eso la mató.

La causa de la muerte fue un shock hipovolémico. Se desangró. El cadáver no presentaba golpes y estaba vestido. En cuanto a la hora de fallecimiento, el forense decretó que se produjo entre las 3 y las 6 de la madrugada del 20 de abril. Según Vanessa, su amiga, Eva se marchó a casa a las 23.45. Hay un espacio de horas demasiado amplio y la distancia recorrida no es nada larga. Algo no cuadra.

Han pasado 16 años. Cuatro más, y el crimen prescribirá. La tarea policial ha sido y es muy intensa. La Guardia Civil está volviendo a pisar el acelerador. En todo este tiempo, han investigado a 1.503 personas(entre seguimientos y entrevistas) y han cotejado los ADN de 208 varones del pueblo y alrededores. Incluso se ha investigado a gente de Algete con antecedentes, personas que hubiesen sido multadas por posesión de armas blancas e incluso a presos que en esas fechas gozaran de permisos penitenciarios. Son los que conforman el tercer círculo, el más lejano de Eva y del que seguro que no saldrá el nombre del asesino.

La prueba del perfil genético es importantísima, aunque no es la única vía de investigación abierta. En los años 90, las técnicas policiales no eran tan avanzadas como ahora. Los teléfonos móviles no estaban tan generalizados en la población, y mucho menos en la más joven, por lo que no se puede echar mano a la triangulación que ahora ofrecen los repetidores. Tampoco había cámaras de la DGT en la carretera.Ni siquiera puede decirse a ciencia cierta que alguien viera a Eva subirse a un coche.

En un despacho de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid cuelga en la pared un folio con un número en letra de imprenta: 343110. Hay que volver, de nuevo, a los diarios secretos de Eva. A las dos últimas páginas. En ellas, de manera obsesiva, la joven escribió de arriba a abajo, con cinco tintas de bolígrafo que se iban alternando en un perfecto orden, más de 200 veces el siguiente texto:«Eva y 343110». Como en su día hiciera con «Eva y Miguel».

¿Quién era 343110? Hipótesis hay muchas, algunas proporcionadas por numerólogos. Como para romperse la cabeza de tanto pensar. El 34 es el prefijo telefónico de España. El 110, curiosamente, es el distrito postal de Algete. ¿Casualidades? El padre de la víctima, Manuel, sospecha que se trata del número de un «buscapersonas» que, en aquella época regalaba una marca conocida de refrescos.

Lo que parece claro es que esos seis guarismos representan un nombre, un secreto. Nadie del círculo íntimo de Eva sabe nada de ello. Otro misterio que se dejó en aquella cuneta la última noche de su vida.

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Veinte años después del asesinato de Miriam, Toñi y Desireé, las tres niñas de Alcásserr, sigue sin conocerse el paradero de Antonio Anglés, considerado el autor material de los crímenes, mientras Miguel Ricart, el único detenido por los hechos, cumple en prisión una condena de 170 años.

El próximo día 13 se cumplen dos décadas de la desaparición de las tres menores de entre 14 y 15 años, que fueron vistas por última vez cuando se dirigían desde Alcásser, una población muy cercana a Valencia donde residían con sus padres, a la discoteca “Coolor” de la vecina Picassent, a la que nunca llegaron.

Se inició entonces la búsqueda de las adolescentes, que concluyó el 27 de enero de 1993 cuando un agricultor descubrió en el paraje de La Romana, cerca de la presa de Tous, una fosa en la que las menores estaban semienterradas.

La autopsia reveló que Miriam, Toñi y Desireé fueron torturadas y violadas antes de ser asesinadas.

La repercusión mediática del triple crimen fue tal que a las pocas horas de haberse encontrado los cuerpos, programas de emisión nacional trasladaron sus platós a Alcásser y entrevistaron a los padres, familiares y amigos de las niñas, en lo que numerosos analistas han llegado a denominar el “inicio de la telebasura”.

Un día después del hallazgo de los cuerpos, fueron detenidos varios sospechosos, entre ellos Miguel Ricart, que en su primera declaración ante la Guardia Civil admitió su participación en los crímenes, y Enrique Anglés, puesto en libertad el 30 de enero.

Un tercer sospechoso, Antonio Anglés -hermano de Enrique-, que se encontraba fugado de Picassent tras aprovechar un permiso penitenciario, se dio a la fuga, aunque su participación en los crímenes fue confirmada al descubrirse unos papeles rotos junto al lugar donde estaban enterrados los cuerpos.

Desde entonces se desconoce su paradero y aunque se especuló con que podía haber muerto ahogado en aguas de la costa de Irlanda, su búsqueda ha continuado, sin éxito, por distintos países de Latinoamérica y Europa.

Tampoco se sabe aún qué relación tenían las niñas con los acusados.

La Asociación Clara Campoamor, que ejerció la acusación popular en el juicio, pedirá el próximo martes en una reunión con responsables del Ministerio del Interior que reactiven la búsqueda de Antonio Anglés, cuyo delito podría prescribir este año al cumplirse el plazo de 20 años que prevé la ley.

Fuentes del Tribunal Superior de Justicia valenciano han informado a EFE de que el fiscal y el juez del caso aún no han decidido la fecha a partir de la cual se contabilizará la prescripción del delito.

Según estas fuentes, el fiscal y el juez deben recabar la jurisprudencia para determinar el momento “jurídicamente indiscutible” a partir del cual prescribe el delito: si fue cuando desaparecieron las niñas, cuando fueron encontrados los cadáveres o incluso cuando se produjeron las detenciones.

El 12 de mayo de 1997, arrancó el juicio contra el único encausado, Miguel Ricart, quien, tras 49 vistas judiciales y la comparecencia de un centenar de testigos, fue condenado cerca de cuatro meses después -el 5 de septiembre- a 170 años de prisión por el asesinato y violación de las víctimas.

Durante el juicio, el tribunal consideró que aunque Antonio Anglés fue el autor material de los crímenes, Ricart estuvo presente y no hizo nada por evitarlos y, además, se le declaró culpable de cuatro delitos de violación por atacar sexualmente a una de las niñas y sujetar a las víctimas mientras otra persona, supuestamente Anglés, las forzaba.

En julio de 2005, la Audiencia Nacional declaró la responsabilidad patrimonial del Estado con relación al caso por la concesión en 1992 del permiso penitenciario aprovechado por Anglés para darse a la fuga.

Fuentes de Instituciones Penitenciarias han sido consultadas por EFE sobre la situación en la que actualmente se encuentra Miguel Ricart en prisión, pero han declinado hacer declaraciones al respecto.

Blanca Estrella, presidenta de la Asociación Clara Campoamor, ha asegurado que Ricart no saldrá de prisión hasta 2024 porque tanto la Audiencia de Valencia como el Tribunal Supremo y el Constitucional le dio la razón a la asociación cuando pidió que se le aplicara la “doctrina Parot”, que adjudica los beneficios penitenciarios sucesivamente a cada condena y no sobre el máximo de 30 años de cumplimiento.

Rastreado en internacional.elpais.com

En el verano de 1984, Giovanni Falcone escucha durante 45 días seguidos a Tommaso Buscetta, “el capo de los dos mundos”, el hombre clave de Cosa Nostra en el tráfico de drogas entre Sicilia y Estados Unidos. Solos los dos en un calabozo de Roma —Falcone ya no se fía de nadie—, el capo habla y el juez rellena con su pluma estilográfica 329 folios de confesiones. El mítico Buscetta se convierte en el primer gran arrepentido de la Mafia siciliana. Da nombres, cuenta las divisiones entre las familias, reconstruye para el juez viejos crímenes no resueltos. Al final, antes de despedirse, el mafioso, que entonces tiene 56 años, regala al juez una advertencia:

—No creo que el Estado italiano tenga verdadera intención de combatir a la Mafia. Le advierto, doctor Falcone, que después de este interrogatorio usted se convertirá en una celebridad. Pero buscarán destruirlo física y profesionalmente. No lo olvide: la cuenta que ha abierto con la Cosa Nostra no se cerrará nunca.

Palermo. Son las 17 horas, 56 minutos y 48 segundos del miércoles 23 de mayo de 2012. La cuenta sigue abierta.

Hace exactamente 20 años, aquí, en esta curva de la autopista entre Isla de las Mujeres y Capaci, mataron al juez antimafia Giovanni Falcone, a su esposa, la también magistrada Francesca Morvillo, y a los escoltas Rocco Di Cillo, Antonio Montinaro y Vito Schifani. La precisión del instante se conoce porque los instrumentos del Instituto de Geofísica y Vulcanología del monte Erice registraron un “pequeño movimiento sísmico” con epicentro en aquella curva. No era un terremoto, sino la explosión de 500 kilos de trinitrotolueno (TNT) colocados bajo la carretera y hechos estallar al paso de la comitiva. La cuenta sigue abierta porque los autores materiales del atentado fueron capturados, desde Salvatore Totò Riina —el último capo dei capi—a Giovanni Brusca, el que apretó el detonador. Pero ya nadie duda en Italia de que aquel atentado de la Mafia no fue solo cosa de la Mafia. No lo duda ni el jefe del Gobierno actual, Mario Monti, quien durante los actos de conmemoración del 20º aniversario en Palermo se mostró a favor de que se investigue hasta el final, sin topes de ninguna clase, la connivencia del Estado con la Mafia. “No existe ninguna razón de Estado”, advirtió Monti, “que pueda justificar retrasos en la búsqueda de la verdad: los trozos que faltan van a ser buscados hasta el final”.

Las palabras del actual jefe del Gobierno italiano tienen mucha importancia. Sobre todo si se comparan con las de su antecesor, Silvio Berlusconi, quien, hace tres años, cuando tuvo noticias de las investigaciones abiertas —en Palermo, Caltanissetta y Milán— para tratar de delimitar el papel del Estado en la matanza, arremetió contra los fiscales: “Es una locura. Vuelven a mirar hechos del 92, 93 o 94, con el dinero de todos, conspirando contra los que trabajamos por el bien del país”. ¿Qué temía Berlusconi? ¿Qué sigue temiendo? Tal vez la posibilidad que acaba apuntar Attilio Bolzoni, un periodista del diario La Repubblica que conoce como nadie los entresijos de la Mafia. Hace falta un arrepentido. Pero no de Cosa Nostra, que ha habido muchos y los sigue habiendo. Hace falta un arrepentido del Estado…

Sobre la figura de Falcone se han escrito y filmado infinidad de libros y películas. La otra tarde, una monja-dependiente de la librería Paulina de Palermo contó hasta 100 títulos de libros disponibles en la librería —un escaparate lleno— y otros 400 o 500 codificados en el ordenador.

Pero, para entender el carácter del juez, ese impulso metódico que lo llevó a convertirse en el enemigo público número uno de la Mafia, tal vez sea suficiente con aproximarse a su primera investigación. Corre el invierno de 1979 y Falcone —que acaba de cumplir los 40 años— ha regresado como juez a Palermo, su ciudad, de la que se marchó hace 13 años. Por aquel entonces, la sociedad palermitana se repite a sí misma una mentira piadosa, una jaculatoria al diablo que dice: “La Mafia no existe. Es una invención de los periódicos del Norte”. El joven juez decide investigar a un constructor que acaba de ganar un concurso público para la construcción de 422 apartamentos. El tipo en cuestión se llama Rosario Spatola. Mueve gran cantidad de dinero, sin mácula aparente. El único lunar con la justicia procede de sus tiempos, no muy lejanos, de vendedor ambulante de leche. Le abrieron un expediente administrativo por aguar el producto. Una ridiculez. Ahora, en cambio, es un gran constructor. El periodista Attilio Bolzoni lo explica muy gráficamente en su recién publicado libro Uomini Soli (editado por La Biblioteca di Repubblica): “Rosario Spatola es un mafioso. En Palermo lo consideran un benefactor”.

Falcone se convierte ya en un pionero en aquella primera investigación. No escudriña las idas y venidas del mafioso, sino de sus billetes. Se percata de que el tal Spatola maneja gran cantidad de dinero contante y sonante y que, a su vez, tiene gran facilidad, para hacerse con contratos públicos. La senda del dinero lo lleva a descubrir que Spatola tiene unos primos en Estados Unidos, concretamente en Cherry Hill, New Jersey, a donde llegaron en 1964. El juez Falcone construye su particular árbol genealógico de los Spatola y llega a una conclusión: el dinero que llega de América es a cambio de la heroína que parte desde Sicilia.

El periodista Bolzoni —entonces redactor de un periódico local— recuerda su primer contacto con Rosario Spatola. “Es un día de invierno de 1980, delante de las oficinas de su empresa, en la calle Beato Angelico. Lo busco porque un primo suyo, Vincenzo, está involucrado en el falso secuestro del banquero Michele Sindona. No me hace entrar en la oficina, sale él. Como todos los mafiosos, es de apariencia cortés, amable, no levanta nunca la voz. Es enero, tal vez febrero. Está bronceadísimo, gafas ray ban, una pesada cadena de oro al cuello. Y un peluquín en la cabeza. Cabello falso color cobre. Me dice que no habla con Vincenzo desde hace mucho. Me dice también que están sucediendo cosas feas en Palermo… Al resto de su familia la vuelvo a ver el 13 de mayo de 1981, en la capilla de Passo di Rigano, el día de los funerales de Salvatore Inzerillo, uno de los jefes de la mafia palermitana asesinado por los Corleoneses. La mujer de Salvatore Inzerillo es Filippa Spatola, hermana de Rosario, el empresario mafioso de Beato Angelico. Los muros de las calles cercanas están cubiertos de coronas de flores, un gentío espera a la viuda. Filippa baja de una limusina color crema, algunos hombres en traje oscuro —que hablan americano entre ellos— la acompañan hasta el altar. Son los parientes llegados de Cherry Hill. La capilla está a rebosar, y en la pequeña plaza hay centenares de muchachos. Hace calor, muchos de ellos están en camisa, se vislumbran las pistolas. Hay guerra de mafia en Palermo. Me siento en una película… Escribo así mi primera crónica de un funeral de la Mafia”.

Es esa la Mafia a la que se enfrenta, a principios de los 80, Giovanni Falcone. Más de 30 años después, Cosa Nostra sigue existiendo, pero muchas cosas han cambiado. Sentado en un hotel de Vía Roma, el fiscal Carmelo Carrara — “yo conocí a Falcone antes de que se convirtiera en Falcone”— ha visto en primera línea esos cambios. No solo en la Mafia. También, o sobre todo, en la sociedad que la sufre. “Lo que más ha cambiado en estos 20 o 30 años es seguramente la manera de mirar a la Mafia por parte de los ciudadanos. Ahora se habla. Antes, directamente, se negaba su existencia. Ahora hay además hay una actitud de rebelión por parte de las jóvenes generaciones de empresarios con respecto al pizzo (la extorsión). Y esto es más importante de lo que pueda pensarse desde fuera. Porque, en la conciencia de los sicilianos, pagar el pizzo es como pagar los impuestos al Estado. De hecho, también en el interior de las organizaciones criminales el pizzo está considerado como un impuesto”.

Tan es así que el pizzo no solo lo pagan los empresarios, también lo pagan los mafiosos. Se ha sabido que Matteo Messina Denaro, considerado el capo más importante de Sicilia tras la detención, en 2006, de Bernardo Provenzano, pagó a la mafia de Agrigento 10.000 euros por abrir un supermercado. “Ahí se ve”, añade el fiscal, “hasta qué punto el pizzo está en el ADN de la Cosa Nostra. Da igual que seas el número uno. Si abres un negocio o levantas una casa en el territorio de otra familia, pagas. Para ellos es un impuesto tan legítimo como el de que hay que pagar al Estado. Una tasa que no solo viene a engrosar el bolsillo del mafioso, sino también el sustento de las familias de los detenidos, de los hombres de honor caídos. Su familia mafiosa paga los gastos de abogados, y también el sustento de sus familiares mientras ellos están en la cárcel”. Pagar el pizzo generación tras generación tiene, además, un peligro añadido: “Quien paga, de facto, está reconociendo a Cosa Nostra como una organización legítima. Un Estado dentro del Estado”.

—¿Qué le pasa a quien no paga?

—Acoso, amenazas, incendios… A veces también la muerte…

—Entonces…

—Hay una manera de oponerse. La mafia no es una sociedad gallarda, no es una sociedad criminal valiente. Te mata si haces una guerra solitaria, por tu cuenta, pero si te organizas puede llegar a respetarte. Ahora hay revueltas contra la Mafia en toda Sicilia. Esto ha cambiado desde los tiempos de Falcone…

O gracias a la inteligencia y a su sacrificio. Hace casi 30 años, el juez Giovanni Falcone ya vislumbraba que la manera más efectiva de atacar a Cosa Nostra es a través de su poderío económico. Se lo explica de una manera muy gráfica a su jefe, el instructor Rocco Chinnici, que acaba de hacerse con el puesto después de que a su antecesor, Cesare Terranova, lo asesinaran a tiros al más puro estilo del Oeste americano, con un Winchester. “El cadáver de un hombre”, dice Falcone, “se puede hacer desaparecer, basta con sumergirlo en ácido, y sin el cuerpo del delito no hay delito. El dinero, sin embargo, deja siempre una huella…”.

Rocco Chinnici, que sería asesinado por la Mafia poco después, en julio de 1983, respalda a Falcone. “Y así”, recuerda el fiscal Carrara, “se empiezan a hacer las primeras investigaciones patrimoniales, bancarias. Se empieza a investigar el circuito del dinero. Giovanni descubre que las grandes cantidades de dinero con las que se hacen los edificios en Palermo provienen del tráfico de heroína entre Sicilia y Estados Unidos. La droga llega desde los países productores del Triángulo de Oro. Las refinerías están en Sicilia y en Francia, sobre todo en Marsella. Y desde aquí, finalmente, parten hacia Estados Unidos como país de consumo. Aquellas investigaciones culminaron con el famoso maxiproceso”. Falcone logra sentar en el banquillo a 400 mafiosos. Dicta contra ellos condenas que suman más de 2.500 años.

Hace 20 años. El bunker de Palermo donde se celebró entonces aquel famoso maxiproceso es hoy —miércoles 23 de mayo de 2012— el escenario de un emotivo encuentro. A Palermo han acudido el presidente de la República, Giorgio Napolitano, y también el primer ministro Mario Monti. Alrededor de ellos, 2.600 muchachos de toda Italia que han llegado en los dos “barcos de la legalidad”. Uno partió de Civitavecchia —a 80 kilómetros de Roma— y otro de Nápoles. Entre los estudiantes, pertenecientes a 250 colegios de todo el país, hay también compañeros de Mellisa Bassi, la joven de 16 años asesinada el pasado sábado frente a su instituto en Brindisi. Los chavales cantan: “Un pueblo entero que no paga el pizzo (la extorsión mafiosa) es un pueblo libre”. El flemático Monti se confía ante la ministra del Interior, Anna Maria Cancellieri: “Estos muchachos me han emocionado”. También el presidente de la República deja escapar una lágrima. El viejo Napolitano es un personaje muy querido en Italia, entre otras cosas porque suele hablar claro, esa rara cualidad en los políticos. Y hoy, justo 20 años después de aquel atentado brutal, no trae buenas noticias. Les dice a los chicos y a toda la nación que, entre la situación actual y la de 1992, existen algunas analogías preocupantes: “Las graves dificultades de la política, una crisis financiera aguda, un desgaste del tejido institucional que puede llegar a golpear gravemente nuestro edificio democrático”. Los muchachos escuchan con respeto, también cuando el presidente Napolitano advierte lo que al día siguiente, entre la preocupación general, recogen todos los diarios italianos en portada: “No excluyo el retorno de los métodos terroristas, de las masacres…”.

Italia, 20 años justos después del asesinato de Falcone, vive la nueva amenaza terrorista en medio del desconcierto. Los dos atentados más recientes —contra un empresario en Génova y contra el instituto de Brindisi— siguen sin resolverse. La policía no sabe si atribuírselos a un terrorismo heredero de las Brigadas Rojas, a una mafia desconocida o tal vez a un desequilibrado. En contraste con la debilidad del Estado y sus estancias oscuras, los muchachos que acudieron a Palermo lo hicieron a cuerpo gentil, sin miedo, con la foto y las palabras del juez asesinado grabadas en las camisetas y en sus canciones: “Los hombres pasan, las ideas permanecen. Continuarán caminando sobre las piernas de otros hombres”.

Falcone y su esposa, su amigo el también juez Paolo Borsellino —asesinado 57 días después—, sus escoltas y todos los hombres y mujeres valientes que se enfrentaron a la Mafia cuando la vida era en blanco y negro se merecen una respuesta. Pero también estos muchachos de los globos blancos, verdes y rojos como la bandera italiana que atravesaron su país para decir fuerte y claro que están por la legalidad y contra la Mafia. Se llame como se llame. Cosa Nostra en Sicilia, Camorra en Nápoles, N’drangheta en Calabria… o políticos corruptos en Roma.