Archivos para noviembre, 2017

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Charles Manson, uno de los criminales más famosos del siglo XX, falleció este domingo a los 83 años en un hospital de California.

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Manson estremeció a EE.UU. en agosto de 1969 con una sangrienta espiral de violencia en la que él y los seguidores de su secta satánica, conocidos como “la familia Manson”, asesinaron a siete personas para provocar una guerra racial. Entre los asesinados figuraba la actriz Sharon Tate, que estaba a punto de dar a luz a su primer hijo, fruto de su relación con el director Roman Polanski. La mayoría de sus víctimas estaban relacionadas con el mundo del cine.

El asesino murió en un hospital de la localidad de Bakersfield, explicó a NBC News la hermana de la propia Tate tras recibir una llamada telefónica de las autoridades penitenciarias a las 8:30 hora local, la prisión donde permanecía encerrado Manson. Manson murió por causas naturales el domingo por la tarde en hospital del condado de Kern, dijo el Departamento de Corrección y Rehabilitación de California en un comunicado. No dio más detalles de las circunstancias que rodearon su muerte.

En un primer momento Charles Manson y otros cuatro seguidores suyos fueron condenados a muerte en la cámara gas, en 1971, pero un año después la sentencia se redujo a cadena perpetua después de que el Tribunal Supremo del estado californiano abolió la pena capital.

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La revista The Rolling Stone llegó a definirle en 1970 como “el hombre más peligroso vivo” y estaba internado en la cárcel estatal de California, en Corcoran. Tras siete años en prisión fue declarado elegible para obtener la libertad condicional, pero le fue repetidamente denegada después de que autoridades concluyeran que era un preso aún muy peligroso.

Mucho después de que Manson desapareciera de los titulares, su figura había crecido como símbolo del terror que desató en el verano de 1969. “El mismo nombre de Manson se ha convertido en una metáfora del mal”, dijo el fallecido Vincent Bugliosi, que enjuició a Manson, a Los Angeles Times en 1994.

El jueves pasado se supo el asesino estaba interno en un hospital de Bakersfield y ya había sido hospitalizado en enero. En aquella ocasión sufrió una hemorragia gastrointestinal que requería de cirugía, pero los médicos no quisieron someterle a una operación porque temían que no sobreviviría.

Los crímenes de Manson conmocionaron a la sociedad estadounidense y marcaron simbólicamente un punto y aparte en la contracultura de los años 60 y el movimiento hippie. Los asesinos utilizaron la sangre de sus víctimas para escribir mensajes en las paredes, mientras seguían las instrucciones que creían escuchar en la canción ‘Helter Skelter’, obra de The Beatles.

Manson sumaba centenares de sanciones por mal comportamiento en la cárcel, donde también se grabó en el entrecejo un tatuaje en forma de una cruz gamada. En los últimos 20 años, Manson siempre se negó a comparecer en sus vistas para la libertad condicional y en una entrevista concedida a Vanity Fair en 2011 se describió como un hombre “mezquino, sucio, forajido y malo” y aseguró que fue condenado por “ser la voluntad de Dios”.

Leslie Van Houten, la miembro más joven de ese clan, explicó en su momento que Manson les había “lavado el cerebro” con sexo, LSD, lecturas constantes de pasajes de la Biblia, repetidas escuchas del disco White Album, de The Beatles, y otros textos sobre su deseo de lanzar una revolución.

En julio pasado se dio a conocer que la próxima película de Quentin Tarantino girará en torno a la figura de Manson y a los asesinatos de sus fanáticos seguidores en California. Será producida por Sony Pictures. después de que haya acabado su relación con Miramax -la compañía de Harvey Weinstein- por los escándalos de abusos sexuales que explotaron recientemente y han removido a todo Hollywood con confesiones de varias actrices en las que relatan los abusos que han sufrido en la industria.

 

 

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Rastreado en www.bbc.com

Las autoridades alemanas creen que el enfermero Niels Högel les dio sistemáticamente drogas a sus pacientes, que les causaron sobredosis fatales.

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Pruebas toxicológicas presentadas por la fiscalía alemana el jueves sugieren que Högel mató a al menos 100 pacientes en dos hospitales donde trabajó.

En agosto, los investigadores del caso contaban con evidencias de que Högel había acabado con la vida de al menos 84 pacientes. Este jueves añadieron 16 muertes adicionales.

Los investigadores creen que Högel, quien ya cumple cadena perpetua por dos homicidios, les dio dosis letales de fármacos para el corazón a los pacientes que cuidaba.

En el juicio de 2015, cuando lo sentenciaron a prisión de por vida, el hombre, que ahora tiene 41 años, admitió que a veces actuaba “por aburrimiento”.

Dijo también que se sentía eufórico cuando lograba resucitar a un paciente y devastado cuando no lo conseguía, según lo citó la agencia AFP.

La fiscalía informó el jueves que presentará nuevos cargos contra él a principios del año entrante.

Högel es señalado de haber matado entre 1999 y 2005 a 38 pacientes en una clínica de la ciudad de Oldenburg y a 62 más en Delmenhorst, ambos centros en el norte del país.

Quienes investigan el caso dijeron que Högel pudo ser responsable de más muertes, pero las potenciales víctimas fueron cremadas.

De ser hallado culpable de todos los homicidios, se convertiría en uno de los asesinos en serie más prolíficos de la Alemania de la posguerra, señaló la corresponsal de la BBC en Berlín, Jenny Hill.

La indagatoria sobre el caso se amplió cuando el enfermero admitió haber matado a unas 30 personas durante el juicio de 2015, cuando lo sentenciaron por dos homicidios, dos intentos de homicidio y daño a pacientes.

El equipo toxicológico exhumó los cadáveres de 130 pacientes para buscar restos del fármaco que pudo haber colapsado sus sistemas cardiovasculares.

También examinaron los registros en los hospitales donde Högel trabajó.

Los archivos de la clínica de Oldenburg mostraron que las tasas de muertes y resucitaciones habían aumentado cuando Högel estaba de guardia, reportó la revista alemana Der Spiegel.

Aún así, el cuidador recibió una buena referencia y se fue a trabajar a un hospital en la ciudad cercana de Delmenhorst, donde un número inusual de pacientes murió mientras él estaba de turno.

Hasta que uno de sus colegas notó que un paciente previamente estable había desarrollado palpitaciones irregulares.

Högel estaba en la habitación cuando hubo que resucitar al paciente y el otro enfermero que estaba ahí encontró cajas de medicinas vacías en el basurero, señaló Der Spiegel.

Durante el juicio de 2015, Högel dijo que “realmente lo sentía” y que esperaba que las familias encontraran paz.

Dijo que su determinación a llevar a cabo estos crímenes había sido “relativamente espontánea”.

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El ‘asesino de la catana’ tiene hoy 34 años, vive en Santander y es bróker en la Bolsa. Ha rehecho su vida, está casado y es padre de una hija. Pero en abril del año 2000, José Rabadán conmocionó a todo el país cuando mató a espadazos a su padre, a su madre y a su hermana mientras ellos dormían.

Después de cumplir una condena de 12 años, que se vio reducida en virtud de la Ley del Menor -aprobada nueve meses después del triple crimen-, dará la cara por primera vez en televisión. Lo hará en ‘Yo fui un asesino’, un documental de género ‘true crime’ (en el que los protagonistas reales narran directamente los hechos a cámara), de la mano del canal en abierto DMAX, que emite hoy la segunda promo del programa, aunque se estrenará a finales de mes.

«Me llamo José Rabadán Pardo. Maté a mis padres y a mi hermana cuando tenía 16 años. He sido juzgado, condenado y rehabilitado. De las dos primeras hay constancia, pero de la tercera… ¿quién sabe?». Así, sin tapujos, habla Rabadán en el documental. A su alegato se suman los testimonios de familiares, amigos y vecinos de la familia; policías y periodistas que investigaron y siguieron el caso; psiquiatras que le trataron; sus abogados; los pastores de la iglesia evangelista de Santander, ciudad en la que reside, a la que se unió José al salir del centro de menores; y el Defensor del Menor y coautor de la Ley del Menor de 2001, Javier Urra.

Tras confesar su autoría y una breve estancia en prisión, José Rabadán fue condenado por un juez a pasar seis años en un centro de menores y otros dos en régimen de libertad vigilada. Una sentencia que estuvo rodeada de polémica al dictarse en un juicio de treinta minutos de duración en el que fue clave un único informe psiquiátrico, que le diagnosticaba psicosis epiléptica idiopática, lo que sirvió como atenuante de la pena.

«Levantarme por la mañana, despertar a mi hija junto con mi mujer, desayunar juntos… Llevo una vida normal», afirma Rabadán, que en los adelantos del programa tan solo muestra la mitad de su rostro. Sin embargo, los espectadores podrán verle a cara descubierta narrar su día a día junto a su familia, casi dos décadas después del brutal acto que cometió.

«’Yo fui un asesino’ no trata de cuestionar la Justicia española ni la labor de sus profesionales, sino que busca exponer los hechos objetivamente, aportando información desconocida y dando voz a personas que se cruzaron en el camino del asesino y que no han hablado hasta ahora, para ofrecer al espectador un relato riguroso y objetivo de los hechos que conmocionaron al país el 1 de abril del año 2000», explican desde la cadena, donde ya se sitúan a la defensiva por la polémica que puede generar la emisión del documental.

Sin embargo, este tipo de formatos televisivos no es nuevo en nuestro país. A raíz del caso de Steven Avery, el ciudadano estadounidense que pasó 18 años en prisión por un crimen que no había cometido, llevado a la pequeña pantalla con gran éxito por Netflix en ‘Making a murderer’, el género ‘true crime’ desembarcó en nuestro país con ‘El caso Asunta’, emitido en Antena 3 en mayo del año pasado. O ‘Muerte en León’ (Movistar +), que narra el asesinato a sangre fría de Isabel Carrasco, la presidenta de la Diputación de León, abatida a tiros en plena calle en 2014.

 

TIROTEO EN TEXAS

Publicado: 7 noviembre, 2017 en ESTÁ PASANDO, FUERA DE ESPAÑA

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El autor del masivo tiroteo en una iglesia baptista de Sutherland Springs (Texas, EE.UU.) este domingo, en el que murieron 26 personas y veinte resultaron heridas, recibió dos disparos de un vecino cuando huía y después de suicidó de un tiro en la cabeza.

FOTOGRAFÍA: Efe/ Larry W. Smith

Cruces en un campo en homenaje a las 26 personas asesinadas por Devin Patrick Kelley en Texas.

Devin Kelley recibió impactos de bala en la pierna y en el torso disparados por un vecino convertido en héroe que se enfrentó con él después de escuchar los tiros desde su casa, según explicó hoy en una rueda de prensa frente al templo Freeman Martin, del Departamento de Seguridad Pública (DPS, en sus siglas en inglés) de Texas.

A pesar de que en primera instancia las autoridades dudaron de si el asesino se suicidó o murió a causa de los disparos del vecino, identificado como Stephen Willeford, la autopsia reveló hoy que el tiro que él mismo se descerrajó en la cabeza fue mortal.

El asesino, que tenía antecedentes por maltrato doméstico y maltrato animal, se suicidó tras escapar de la zona del tiroteo y ser perseguido por carretera durante varios minutos por Willeford y otro vecino -Johnnie Langendorff- que estaba cerca de la iglesia y vio el altercado.

Freeman desveló también que los investigadores han recogido de la escena del crimen centenares de balas y quince cartuchos con rondas de treinta proyectiles cada una, lo que corrobora la violencia del peor tiroteo en la historia de Texas.

Kelley perpetró esta masacre vestido con un chaleco antibalas y armado con un potente rifle semiautomático Ruger AR en el templo First Baptist Church de Sutherland Springs, un pueblo situado 45 kilómetros al sureste de San Antonio (Texas).

Según las investigaciones policiales, el asesino mató a dos personas fuera de la parroquia y a 23 dentro del recinto, y un niño murió víctima de las heridas en un centro médico local poco después del ataque.

Las edades de las víctimas mortales oscilan entre los 18 meses y los 77 años de edad, un indicativo más de que el asaltante trató de hacer el mayor daño posible sin tener piedad de ninguno de los asistentes a la misa que en esos momentos se oficiaba en el templo.

Si se tiene en cuenta lo relatado por los testigos, pocas fueron las personas que salieron indemnes del ataque, ya que, como cada domingo, en el interior del templo, blanco con tejado marrón, había poco más de medio centenar de fieles siguiendo el oficio religioso cuando sucedió el tiroteo, sobre las 11.30 hora local (17.30 GMT).

De las veinte personas heridas, diez permanecen en estado crítico un día después de la masacre y cuatro están graves.

Compuesta básicamente por una oficina de correos, un centro comunitario, una tienda de abastos, un taller de reparación de coches, dos gasolineras, las casas de los 400 vecinos y un par de iglesias, entre ellas la de la matanza, Sutherland Springs era hasta este domingo una tranquila comunidad en la que apenas pasaba nada.