Archivos para octubre, 2013

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Un mes después del asesinato de Asunta Basterra, Alfonso Basterra ha concedido su primera entrevista a un medio de comunicación. Abatido, el padre de Asunta Basterra ha hablado en exclusiva con un periodista de ‘El Correo Gallego’, al que le ha insistido en su inocencia. “Soy inocente y dejaré la cárcel con la cabeza alta… Demostraré a los que me juzgan sin conocerme, a los que me llaman asesino que se confunden y deben avergonzarse”, ha dicho Basterra.

Alfonso Basterra proclama su inocencia. El padre de la pequeña Asunta ha roto su silencio y ha hablado en exclusiva con ‘El Correo Gallego’ un mes después del asesinato de su hija . “Soy inocente y dejaré la cárcel con la cabeza alta.Demostraré a los que me juzgan sin conocerme, a los que me llaman asesino que se confunden y deben avergonzarse. Te lo aseguro, soy inocente por completo y no tengo absolutamente nada que ver con este caso. Lo repito, absolutamente nada que ver. Lo voy a demostrar y voy a salir de aquí con la cabeza muy alta, porque no he hecho nada. Siento como si estuviera metido en una pesadilla infernal.”

La situación que vive el padre de Asunta es muy complicada. Sin embargo, Alfonso Basterra deja claro que lo realmente duro es la pérdida de su hija. “Lo realmente duro, una tortura, fue perder a Asunta. Lo demás se puede soportar, te lo aseguro”, dice Basterra.

Basterra está bien en prisión. Los días en el cuartel y los insultos recibidos de sus vecinos han sido los peores momentos. “Voy tirando. Lógicamente desearía estar fuero, pero no estoy mal. En el módulo de enfermería no se vive mal, es un destino muy deseado por los internos. Los baños están fuera de las celdas y hay intimidad, me llevo muy bien con los compañeros. Con los funcionarios no he tenido ningún problema y son muy correctos, vemos la televisión… Para que te hagas una idea, esto es como un hostal barato. Mucho peor fueron los dos días que pasé en el cuartel de la Guardia Civil. Aquello sí que era para salir corriendo. Un espacio minúsculo, un catre, una manta y se acabó. Me repungnan muchas cosas que han ocurrido, que he sufrido, como toda esa gente indeseable que me concentró en la calle para gritarme asesino, asesino. No soporto recordarlo. Por esas personas y por algunas que salen en la tele y en algunos medios hablando de mí como si me conocieran a fondo, como si supieran algo de mi vida. Pero si no tienen ni idea… Qué locura.”

Basterra se siente apoyado por el resto de presos. “Hay gente de todo tipo. Independientemente de lo que hayan hecho, la verdad es que en el fondo, la mayoría son muy normales, como cualquiera, y me han apoyado mucho. Yo no soy nadie para juzgarles, me niego a hacerlo. Me dicen constantemente: ‘pero tío, ¿tú que haces aquí? Contigo se han confundido, seguro’. Me animan diciendo que la labor de los fiscales es acusar y que al final todo acabará arreglándose.”

“Si la niña tomó la sobredosis de Orfidal que dicen habría salido ya de mi casa moribunda, y no es así”

Un mes después de su detención y entrada en prisión, Alfonso Basterra asegura que no dio tranquilizantes a su hija el día de su muerte e insiste en que fue él quien avisó a los profesores de la menor de que sufría somnolencia. ” Asunta dejó mi piso por su pie, normal…. No di Orfidal a mi hija en su última comida y antes también avisé yo a sus profesores de que la niña tenía somnolencia. Yo jamás mentí ni oculté información al respecto. ¿Cómo se me puede acusar de algo así si yo mismo avisé a las profesoras de que tenía somnolencia? Posiblemente no tendría que haberla llevado a clase, pero lo hice sin ocultar nada.”

Según explica el padre de Asunta en la entrevista, la menor sufría alergia y los medicamentos le provocaban sueño. “La información con que yo contaba en ese momento es que Asunta había tenido un brote de alergia y no le di mayor importancia al tema por una razón muy sencilla. Yo mismo he tenido brotes así y sé perfectamente que los medicamentos que te recetan suelen producir mucho sueño y como un estado de atontamiento general. Repito que yo no oculté nada.”

Alfonso Basterra reconoce que fue él quien cocino el día del asesinato de la menor pero que la niña salió de su casa caminando con total normalidad. “Sí, el famoso revuelto de champiñones lo preparé yo aquel día; por cierto, como muchos otros días. Nada de lo que se ha contado al respecto tiene sentido.Si la niña tomó la sobredosis de Orfidal que dicen habría salido ya de mi casa moribunda, y no es así, no es así. Sobre las cinco y veinte de la tarde se fue con su madre caminando con total normalidad, y yo me quedé en casa durante toda la tarde, hasta que Charo me llamó para comunicarme lo que había pasado e ir a Comisaría.”

“¿Qué tienen contra mí? ¿Qué pruebas hay? ¿Qué hago aquí metido?”

Desconcertado con su imputación, Basterra asegura no comprender los motivos por los que se encuentra en prisión. “¿Cómo van a entender el crimen si yo mismo no me explico nada y no sé por qué estoy aquí? Todo esto me parece demencial … Todo lo que dije se ha ido cumpliento a rajatabla, sin titubeos ni vacilaciones. Dije que no me había movido de casa y ahora se ha demostrado que fue así… Explícamelo. ¿Qué tienen contra mí? ¿Qué pruebas hay? ¿Qué hago aquí metido?”, dice Basterra, que revela que los presos de Teixeiro le dicen que con él se han equivocado.

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Un hombre de 50 años acabó ayer con la vida de su mujer, de 52, y su hijo de 10 en la vivienda unifamiliar de Vila-real (Castellón) en la que vivían. Ella tenía una herida de arma blanca. El niño no presentaba lesiones y la policía cree que pudo ser asfixiado. El presunto homicida intentó quitarse la vida apuñalándose varias veces en el torso y cortándose las venas de las muñecas, según apuntaron los investigadores. Finalmente, se suicidó lanzándose al vacío desde la azotea ante la mirada de su hermano, que había acudido al lugar para ver por qué ni Vicente M. ni su esposa habían ido a trabajar. Con los casos de Rosario S. y su hijo son ya 41 mujeres y cinco menores las víctimas mortales de la violencia de género. En algunos de los casos, como en este, los agresores segaron la vida de los niños junto a sus madres. En otros, los mataron solo a ellos para causar a la mujer un gran sufrimiento.

Rosario S. no había presentado ninguna denuncia por malos tratos contra su esposo. Tampoco había acudido a los servicios sociales a pedir ayuda, según fuentes municipales. El presunto homicida, que había sido jefe de una compañía azulejera de la localidad y que tras ser despedido había creado su propia empresa junto a sus hermanos, dejó varias cartas en las que aseguraba que la familia estaba arruinada, según relató el alcalde de Vila-Real, José Benlloch. En las misivas, dirigidas a otra hija mayor, fruto de un matrimonio anterior, Vicente M. aseguraba que había decidido poner fin a la vida de su mujer, su hijo y a la suya propia por problemas económicos.

El domingo, los tres fallecidos acudieron a ver un partido de fútbol entre el Villarreal FC y el Valencia que se disputó en el estadio local. “Hasta hay mensajes de móvil en los que bromean de la goleada”, indicó el alcalde de la localidad.

Como Rosario, 33 de las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en 2013 no había denunciado a su agresor. Tampoco lo había hecho su entorno. Algo que cada vez inquieta más a los expertos. Miguel Lorente, forense y ex delegado del Gobierno contra la Violencia de Género, apunta que estos crímenes no se producen por impulso. Tampoco por la situación económica familiar, como algunos vecinos de Vila-Real insinuaron ayer. “Aunque no haya denuncias previas, la realidad y el estudio de casos termina demostrando que había una situación de violencia de género. Una situación que debido a que no hay denuncia se está prolongando y que puede derivar en hechos más extremos. Como este tipo de homicidios en los que el hombre acaba con la vida de su pareja o expareja y de los hijos. O que asesina a los hijos para vengarse de su pareja, causándole un dolor tremendo”, sigue.

Los niños se convierten así en víctimas directas del machismo. Como en el caso registrado en abril en Campillos (Málaga), cuando un hombre condenado por malos tratos mató a su hija de seis años y luego se suicidó. O el sucedido también ese mes en Manzanares (Ciudad Real), en el que un hombre mató a tiros a sus dos hijos de cinco y 13 años y a su suegra y se suicidó. En ambos casos, como en la mayoría, las mujeres habían emprendido los trámites de separación.

Susana Martínez, presidenta de la Comisión de Investigación de Malos Tratos a Mujeres, cree que este tipo de hechos no pueden verse como algo aislado. “Siempre hay una historia detrás, por eso hay que reforzar las alertas y las medidas de detección de la violencia de género”, sostiene. “A veces la mujer no es capaz de ver el riesgo real que sufre o está tan inmersa en la situación que no es consciente. Por eso hay que mejorar los protocolos sanitarios, educativos y sociales que den la voz de alarma sobre estos casos”, sigue.

Un portavoz del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad asegura que la estrategia sobre violencia de género que pondrá en marcha el Gobierno incluye medidas como la que pide Martínez. También actuaciones específicas para los menores en el ámbito sanitario.

Sin embargo, los colectivos de mujeres y la oposición creen que los recortes en programas sociales y de igualdad están lastrando la lucha contra la violencia de género. Desde 2008, las denuncias por violencia machista han descendido un 9,2%, según datos del Consejo General del Poder Judicial. “Eso no significa que se haya reducido la violencia de género, sino que permanece oculta”, recuerda Lorente.

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La Comandancia de la Guardia Civil de Madrid ha difundido esta mañana un retrato robot de una persona que podría estar implicada enel homicidio de la vecina de Algete, Eva Blanco, ocurrido el 20 de abril de 1997. Este nuevo dato aportado a la investigación se ha conseguido gracias al testimonio aportado por una testigo que recuerda haber visto aquella noche a una persona con esos rasgos tan marcados. El instituto armado ha habilitado un correo electrónico casoevablanco@guardiacivil.org y un número de teléfono (696 892 250) en el que se garantiza la confidencialidad de todos los datos aportados.

Retrato robot del supuesto implicado en el crimen de Eva Blanco. / GUARDIA CIVIL

La violación y el homicidio de Eva Blanco se ha convertido en uno de los casos más difíciles dentro de la historia reciente de la Guardia Civil. Han pasado 16 años desde que esta joven de 17 años fuera descubierta en un descampado y con cuatro puñaladas en la espalda. La joven había salido a una discoteca de la localidad con unas amigas. Una de ellas la acompañó hasta las cercanías de su casa, hasta unos 500 metros de la calle de Carmen Conde. Entonces se trataba de una zona poco transitada y mal urbanizada.

Los nuevos datos aportados por la testigo han sido contrastados con otras declaraciones tomadas en 1997. El testimonio coincide en que se fijó en un vehículo de la marca Renault modelo 18 de color blanco.

Eva Blanco, la joven muerta en Algete en 1997.

El Servicio de Criminalística de la Guardia Civil ha elaborado un retrato robot sobre una persona avistada el día del suceso en las proximidades a la zona donde fue localizado el cuerpo sin vida de la menor de Algete. En aquel entonces, presentaba las siguientes características. Se trataba de un varón de entre 35 y 40 años, con una altura entre 1,70 y 1,80 centímetros, de complexión gruesa (75-80 kilos), con el pelo castaño, corto y de punta en la parte superior; la cara cuadrada y curtida, con ojos negros y hundidos, que vestía una camisa blanca, y jersey de cuello de pico.

El cuerpo de Eva Blanco fue hallado a unos seis kilómetros, junto a las obras de la carretera que une Cobeña con Belvis del Jarama, por lo que el hombre que la invitó a subir a su coche debía ser un conocido de la joven. Según se dedujeron de las investigaciones, la muchacha intentó huir por el descampado, pero el hombre la alcanzó y la apuñaló mortalmente por la espalda.

La autopsia de Eva Blanco permitió descubrir que la joven había sido violada antes de ser asesinada. Los restos de semen permitieron tener un perfil genético del autor del crimen. De hecho, la Guardia Civil y la Fiscalía plantearon hacer un análisis masivo de ADN a más de 2.000 varones residentes en la localidad. El instituto armado reservó a finales de los noventa 100 millones de pesetas (600.000 euros) para sufragar estas pruebas, pero al final no se hicieron. Tanto la fiscalía como el Juzgado de Instrucción número 4 de Torrejón de Ardoz, que conoce del caso, dudaron de la legalidad de este cotejo.

El caso de la joven de Algete ha sido estudiado en diversos cursos de asesinatos a nivel nacional e internacional, e incluso por especialistas del FBI pero sin ningún resultado positivo. Lo han analizado al detalle los diferentes jefes del Grupo de Homicidios del instituto armado, pero siempre con resultado negativo. Se han hecho varias manifestaciones por la localidad y los padres de la joven han estado siempre apoyando al instituto armado. En un reportaje publicado en 2007, esperaban tener resultados. Su único objetivo era poder preguntar al autor el motivo del homicidio. El crimen prescribirá el 20 de abril de 2017, según fuentes judiciales, por lo que es preciso resolverlo antes de esa fecha.

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Un hombre de 53 años de edad ha matado a su  mujer de 50 y a su hijo de 10 años en el municipio de Vila-real (Castellón), y después se ha quitado la vida lanzándose al vacío en Vila-real (Castellón), según han informado fuentes del Cuerpo Nacional de Policía. Los hechos se han producido sobre las 9 horas por causas aún desconocidas en un domicilio situado en el número 69 de la calle Rosalía de Castro de la localidad castellonense.

Un hombre de 53 años ha matado a su mujer, de 50, y su hijo, de 10 años, y posteriormente se ha quitado la vida lanzándose al vacío en Vila-real (Castellón). En la imagen, los servicios funerarios retiran los cuerpos de los tres fallecidos Domenech Castelló | Efe

Según las fuentes policiales, no había denuncia previa ni orden de alejamiento contra el presunto autor de las dos muertes, que tenía una hija de un matrimonio anterior que no vivía con ellos.

El alcalde de Vila-real, Juan José Benlloch, que se ha acercado al lugar tras el suceso, ha señalado que el matrimonio tenía una empresa de compra-venta de azulejos y trabajaba para Porcelanosa, y algunos miembros de la dirección de esta firma han acudido al domicilio tras conocer el suceso.

Al no llegar el matrimonio a trabajar sobre las nueve de la mañana, el hermano del presunto agresor les ha llamado al móvil y, como no contestaban, ha decidido acercarse a su casa donde, tras llamar al timbre durante unos 20 minutos, ha visto cómo su hermano saltaba al vacío desde la buhardilla, y ha avisado a la Policía.

Según ha explicado el alcalde de Vila-real, cuando la Policía Nacional ha entrado en la vivienda ha visto “los cadáveres y armas blancas”. El alcalde ha manifestado que era una familia “muy conocida” y uno de los concejales del Ayuntamiento de Vila-real es el padrino del niño de 10 años fallecido, que acudía el colegio Pío XII, situado junto a la vivienda.

El alcalde, que ha confirmado que el presunto autor de las muertes tenía “cortes en las muñecas”, ha explicado que ha hablado con los familiares y estos le han asegurado que estaban “muy bien” y “no tenía ningún problema” e incluso para el próximo 1 de noviembre habían organizado una comida familiar. Otro vecino del inmueble ha señalado que sobre las nueve de la mañana ha escuchado un “golpe muy fuerte” y ha salido al exterior pensando que se había producido un accidente de tráfico, aunque al acercarse ha visto que el hombre se había tirado al vacío desde la buhardilla.

Fuentes sanitarias han informado en un primer momento que las dos personas acuchilladas eran la madre y el hermano del hombre que se suicidó, pero la Policía Nacional ha confirmado posteriormente que se trata de la mujer y el hijo. Al parecer, el hombre ha dejado varias cartas de despedida.

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El exdirigente de ETA José Javier Arizcuren Ruiz Kantauri se ha negado este lunes a declarar en el juicio por el asesinato a tiros del concejal del PP Alberto Jiménez-Becerril y su esposa en Sevilla el 30 de enero de 1998.

Al comienzo de la vista en la Audiencia Nacional se ha limitado a decir en euskera que es militante de ETA y que no quería participar en el juicio ni responder a pregunta alguna. Kantauri se enfrenta a una petición del fiscal de 60 años de cárcel y la Fiscalía reclama, además, que indemnice con un millón de euros a los tres hijos del matrimonio fallecido.

Los tres etarras condenados a 60 años de cárcel cada uno por estos hechos, José Luis Barrios Martín, Miguel Azurmendi Peñagaricano y María Teresa Pedrosa Barrenechea, han testificado que no recuerdan si la orden de esta acción se las dio Kantauri ni si se reunieron con él en Francia para que les diera dinero y armas para llevarla a cabo.

La eurodiputada del PP Teresa Jiménez-Becerril, hermana del concejal, ha deseado en un comunicado que Kantauri sea condenado por el crimen y “cumpla íntegramente su condena, sin más beneficio que el de seguir vivo”.

La parlamentaria asegura que no le importan los miles de años a los que puede ser condenado el exdirigente etarra, sino que se haga justicia y cumpla de verdad la pena que se le imponga. “Hoy juzgan al que mandó matar a mi hermano -dice Teresa Jiménez-Becerril-. Me gustaría decir que espero que sea condenado y que salga de la cárcel dentro de muchísimos años, viejo y como un miserable, completamente solo y no sonriente y acogido como un héroe”.

La hermana del concejal asesinado espera que “simplemente se haga justicia con quien mandó asesinar a dos personas maravillosas en plena juventud, que no pudieron ver crecer a sus hijos de 4, 7 y 8 años”. “No me importan los miles de años que le echen, lo que quiero es que cumpla íntegramente su condena, sin más beneficio que el de seguir vivo y desde años, años, me sigue golpeando la misma pregunta: ¿Por qué?”, concluye la eurodiputada popular.

Para sostener la acusación, el fiscal Daniel Campos expondrá en sección cuarta de la Sala de lo Penal, encargada de juzgar estos hechos, que Arizcuren Ruiz ejercía desde 1994 la dirección de los comandos ilegales de ETA, “siendo responsable del comando Andalucía”, al que se atribuye este doble asesinato.

Según sus conclusiones provisionales, dentro de las responsabilidades del exdirigente etarra en relación a ese comando “estaba la de fijar los objetivos contra los que tendrían que dirigir sus acciones” los miembros del comando, integrado por José Luis Barrios, Miguel Azurmendi y María Teresa Pedrosa, ya condenados cada uno a 60 años por este atentado.

Entre las instrucciones que Kantauri dio a este comando, el fiscal destaca que les ordenó atentar contra miembros del PP, por lo que “elaboraron informaciones sobre cargos públicos de dicho partido y realizaron varias acciones contra diferentes personalidades”.

Una de las informaciones que elaboraron fue sobre el concejal en el Ayuntamiento de Sevilla Alberto Jiménez-Becerril, al que localizaron Barrios y Azurmendi a las 1.15 horas del sábado 30 de enero de 1998 “en el curso de unas vigilancias” cuando salía de un bar en compañía de su esposa y otras personas.

Ambos iban en ese momento provistos cada uno de una pistola “por si se presentaba la posibilidad de atacar a sus objetivos, en ejecución de la orden recibida” de Arizcuren, por lo que procedieron a seguir al matrimonio cuando se separó de las personas que les acompañaban.

El seguimiento se prolongó 245 metros, y aunque disimularon para no levantar sospechas, en un determinado momento el concejal se volvió hacia ellos y, al reanudar la marcha, los dos etarras “aceleraron el paso aproximándose a la pareja a la altura del número 11 de la calle Don Remondo”.

Luego, “de forma súbita, a una distancia de 30 a 60 centímetros, Azurmendi disparó a la cabeza de don Alberto cuando éste se giraba, alertado por los pasos de sus perseguidores, y, muy poco después, Barrios disparó a una distancia como la dicha, a la base de la nuca de doña Ascensión, que intentaba asistir a su marido, que yacía en el suelo, estando inclinada sobre él y pidiendo auxilio a gritos”.

Los disparos, concluye el fiscal, produjeron la “muerte fulminante” del matrimonio, lo que dejó huérfanos a sus tres hijos menores.

Para el fiscal, estos hechos son constitutivos de dos delitos de homicidio terrorista y un tercero de atentado en concurso con uno de los primeros delitos, por los que pide 30 años de cárcel para cada uno, además del pago de una indemnización de un millón de euros a los hijos del matrimonio.

Kantauri ya ha sido condenado en varias ocasiones por delitos terroristas, tanto por la justicia francesa como por la española.

VÍCTIMAS DEL MACHISMO EN LA ADOLESCENCIA

Publicado: 23 octubre, 2013 en ESTUDIOS

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“¿Si me acuerdo de la primera vez?”. Cristina entorna los ojos. Aún medio cerrados siguen siendo grandes, marrones y brillantes. “No sé… Empezó poco a poco. Tirones de pelo alguna vez, empujones… Una tarde que estábamos en un parque se enfadó y empezó a pegarme puñetazos en los brazos y en la tripa. Luego se puso a llorar. Me asusté tanto… Y me sentí tan mal por verle así que…”, relata. El día de esa agresión Cristina, que hoy acaba de cumplir la mayoría de edad, tenía 15 años y llevaba seis meses saliendo con ese chico, de 16. Cuenta que al principio todo era “mágico”. Que el resto del mundo no existía para ellos. Pero gesto a gesto él la absorbió. Y la anuló mucho antes de levantarle la mano. Poco después, en una fiesta, una amiga vio como él le agarraba del pelo y le gritaba. “Estaba histérico y mi amiga se asustó. Me dijo que el tío era un bestia y que tenía que dejarle. En verdad no era nada comparado con otras veces y algo le conté; pero nunca hablamos de maltrato. Para mí, lo mío era otra cosa. Violencia de género es lo que les pasa a las mujeres mayores, casadas, adultas. Así pensaba yo”, dice con una sonrisa cansada.

Le costó entender que no. Que había muchas historias similares a la suya. En un año, de 2011 a 2012, los procesos judiciales por violencia machista en adolescentes se han incrementado un 30%. Han pasado de 473 a 632, según la Memoria de la Fiscalía General del Estado de 2013. Son los primeros datos claros y tangibles de este delito en menores —antes de esas fechas se recogían como violencia intrafamiliar—. Aunque los expertos avisan de que la cifra es solo una migaja de realidad, la que llega a los tribunales. Muchas familias no denuncian lo que les ocurre a las chicas. Otras no llegan a identificar la situación de maltrato.

Como A., de 14 años, que hace diez días fue asesinada a puñaladas por su exnovio, de 18 años, en su casa de Tàrrega (Cataluña). Ni la adolescente ni su familia habían denunciado al joven que terminó con su vida. La chica, que había roto con él hacía dos semanas, es la víctima mortal más joven de la violencia de género de este año, en el que los asesinos machistas han segado la vida de 39 mujeres. Desde que se empezaron a contabilizar las víctimas mortales del sexismo, en 2004, se han registrado dos casos en menores. El de A. y el de Almudena, que murió hace justo un año en El Salobral (Albacete) asesinada a tiros por el hombre de 40 con el que mantuvo una relación.

Son dos muestras extremas. Pero psicólogos, educadores y juristas resaltan que se están detectando, y produciendo, comportamientos y agresiones machistas a edades cada vez más tempranas. “En los jóvenes se reproducen roles que creíamos superados. Patrones en los que el chico es el dominante y ejerce esa dominación a través del control, y la chica adopta una actitud sumisa o complaciente”, describe Susana Martínez, presidenta de la Comisión de Estudio de Malos Tratos a Mujeres. Muchas de esas relaciones siguen basándose en el esquema tradicional del amor romántico en el que el hombre es fuerte y la mujer débil, dependiente, necesitada de protección. “Como en el cuento de la princesa que necesita que el príncipe la salve. Esas pautas, llevadas al extremo, pueden derivar en conductas violentas; pero aunque no lleguen a ello, esas relaciones están impidiendo que las chicas se desarrollen como agentes activos de la sociedad”, apunta Ana Bella Hernández, que preside una fundación de mujeres supervivientes a la violencia de género que lleva su nombre.

Alicia se adentró en ese cuento de princesas cuando tenía 14 años y empezó a salir con su primer novio, de 16. Recuerda que se sentía enamorada hasta el tuétano y que, aunque casi desde el principio él tenía enormes arrebatos de celos no lo vio mal. “Me sentía incluso halagada. Lo tomaba como si fuera mi caballero andante que estaba celoso porque me quería mucho”, cuenta. Esta joven rubia, de ojos ambarinos y gesto risueño prefiere no dar su nombre real. Cuenta que por aquel entonces su vida era él. Se escapaba de casa para verle, faltaba a clase. Con las semanas y los meses esos arrebatos de celos que acababan en discusiones e insultos dieron paso a los empujones, los escupitajos. También a la violencia sexual, muchas veces invisible en las estadísticas o en los estudios.

Estuvieron juntos hasta que ella cumplió 19. Ahora tiene 24. “Los episodios de violencia se sucedían. Pero ocurría, él me pedía perdón y yo le disculpaba… Incluso me llegaba a sentir culpable por haberle provocado, por haber hecho que se alterara de esa forma… Yo le amaba… O al menos eso creía”, cuenta Alicia. Una noche, a la salida de una discoteca, él le dio una paliza. La emprendió a patadas con la chica, le rompió una pierna y le provocó una lesión en el cuello. “Una amiga me llevó al hospital, me escayolaron y me tuvieron que poner un collarín”, relata. Cuando llegó a casa y le contó a su madre la verdad, la mujer sufrió una conmoción. No sabía nada.

La espiral de violencia había ido devorando a Alicia, poco a poco, sin que se diera cuenta. El entorno social y los propios jóvenes aún justifican determinadas actitudes sexistas. Como que los celos son una expresión del amor. Una afirmación con la que están de acuerdo el 33,5% de los chicos y el 29,3% de las menores. O que para tener una buena relación de pareja es deseable que la mujer evite llevar la contraria al hombre, como piensan el 12,2% de ellos y el 5,8% de ellas, según un estudio de 2010 sobre violencia de género en adolescentes encargado por el anterior Gobierno socialista.

Ese documento, elaborado por investigadores de la Universidad Complutense se podrá comparar con el estudio que publicará en las próximas semanas el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. El nuevo informe, que se basa en las conclusiones de las entrevistas a 8.000 jóvenes, y que aún está en proceso de análisis, confirma que los adolescentes inician las relaciones sentimentales cada vez antes —la edad media está en 13 años— y que son muy permeables a los estereotipos machistas que ven en casa, pero también a través del cine, la televisión, la música, la literatura…

Esos noviazgos tempranos no tienen por qué ser nocivos, explica Virginia Sánchez, profesora de Psicología Evolutiva de la Universidad de Sevilla. Tampoco conducir a situaciones violentas. Es positivo que los menores amplíen sus relaciones afectivas a través de esos vínculos, cree. Siempre y cuando la relación sea equilibrada en edad y basada en el respeto. Sin embargo, reconoce Sánchez, las relaciones entre los menores son cada vez más agresivas. “Hay mucha violencia verbal mutua que, si no se ataja, puede derivar en comportamientos más graves cuando se establecen los patrones de dominio y sumisión”, abunda. Porque esos patrones son importantes en una etapa en la que los menores están aprendiendo a resolver los conflictos.

Expertos como Sánchez y psicólogas como Olga Barroso, de la Fundación Luz Casanova —que tiene un programa para adolescentes que han sufrido violencia de género— remarcan que las nuevas tecnologías facilitan el contacto entre los menores pero también se emplean como mecanismos de control. “El WhatsApp, los mensajes, las redes sociales se usan para saber en todo momento dónde está el otro y su actitud. Después, cuando la relación se rompe también se emplean como instrumento de acoso”, destaca la presidenta de la Comisión de Estudio de Malos Tratos, que insiste en que bien usadas, esas herramientas pueden ser positivas.

Barroso explica que a esa edad los menores tienen aún difusa la idea de lo que es control y lo que es interés o preocupación. “La línea es fina y las situaciones muy sutiles. Por ejemplo, ¿es normal si tu novio te pide que le llames desde el teléfono fijo de tu casa para saber que has llegado bien y quedarse tranquilo? ¿O si te dice que le mandes un localizador cada vez que sales para ver donde estás o te pide que le enseñes el móvil para ver con quien te escribes?”, dice.

Para ellos eso son “pruebas de amor”, dice la educadora Nieves Salobral. Y, actualmente, el máximo de esos gestos es dar al otro la contraseña de acceso al correo electrónico, las redes sociales. Ceder la intimidad. Y eso es símbolo de amor. Porque, como explica Ana, una de las chicas asistida por Barroso, aman a su pareja. “Quizá sepas que no está bien, que los insultos o las agresiones no son lo correcto pero es tu novio, le justificas y no quieres verle mal. Solo deseas ayudarle para que deje de ocurrir…”, dice.

Pero sigue ocurriendo. Y muchas menores, como al principio hizo Cris, se niegan a cortar con la relación, y la mantienen a pesar de la oposición de sus amigos o familias. María B. cuenta con un hilo de voz que ha detectado que su hija, Gema, sigue en contacto con el chico con el que salía hasta hace unos meses. La chica, de 16 años, recibe ayuda psicológica desde que su familia detectó que sufría malos tratos por parte de su novio, el chico que hasta entonces les parecía modélico y con el que estaba desde los 14. “Al principio, cuando empezaron a salir me pareció hasta bien. El chico era muy educado, yo conocía a los padres…”, recuerda. Sin embargo, cuenta que llevaba un tiempo algo escamada porque percibía que Gema había dejado de salir con sus amigas, que discutía mucho con su novio. “Casi siempre por celos de él, aunque luego siempre lo arreglaban”, explica. Una noche, en plenas fiestas del pueblo, notó al llegar a casa que Gema tenía sangre en la ropa. Estaba muy nerviosa. Parecía que había discutido con el chico y que él se había ido. “Yo sabía que algo había pasado pero mi hija solo me repetía que había que localizarle, que tenía miedo de que le hubiera pasado algo”. Le llamó al móvil. Le preguntó y el adolescente reconoció que había pegado a Gema.

El mundo de María se derrumbó. No sabía qué hacer ni a quién recurrir. Habló con los padres del chico y buscó ayuda para su hija. “No lo denuncié porque los dos son menores y la familia de él se ha involucrado, pero llegué a plantearme si estaba exagerando. Si no sería solo cosa de chiquillos… Pero no. Y me alegró de haber actuado”, dice. A pesar de todo, admite entre sollozos que se siente culpable por no haberlo sabido antes. Por haber acogido al chico en su casa. Por no haber advertido más a su hija la primera vez que ella le mencionó el asunto de los celos.

Gema está ahora recibiendo el tratamiento que a Laura (nombre supuesto) le costó años solicitar. Ayuda y apoyo sin los cuales, aunque la relación de violencia haya acabado, la pauta puede repetirse con otras parejas. Laura sufrió malos tratos por parte de su novio a los 15 años, pero hasta los 20 no fue consciente del lastre que acarreaba. Una mochila de sumisión que, sin llegar a las agresiones, la llevaba a escoger a chicos autoritarios y dominantes. También la situación que vivía en casa, donde también sufría abusos, jugó un importante papel. “Eso me empujó a los brazos de ese chico que yo veía como mi protector. Al principio me sentía genial, después…”, cuenta. Después, siguiendo el patrón de la mayoría de casos de violencia de género, llegaron los golpes.

En el caso de Laura fueron los padres de él quienes abrieron los ojos. “Un día que había consumido droga me pegó delante de ellos. Se montó una pelea tan tremenda que él llegó a pegar a sus padres”, relata Laura. La chica les contó entonces lo que ocurría y ellos la animaron a denunciar. No lo hizo por miedo a su propia familia. Sin embargo, los padres del chico sí le denunciaron por agresión hacia ellos. Y eso destapó que el joven tenía otras causas pendientes de robo con violencia. Fue condenado a dos años de cárcel. Laura no le volvió a ver. Ahora se dedica a la formación de profesionales sanitarios. Además, como Alicia, aún acude a los grupos de terapia para jóvenes, a las que explica su historia. “A esa edad no te identificas como víctima de maltrato”, dice Alicia. Y si lo haces, cree Ana, cuesta dar el paso y contarlo: “No quieres que a él le pase nada y tampoco quieres que tu familia sufra. Es complicado”.

Eso fue lo que le ocurrió a ella, hasta que él la agredió en plena calle. Insiste en que tenía toda la información, la ayuda y la confianza de sus padres. Alicia y Laura, sin embargo, creen que su historia sí se hubiera evitado con prevención. Una opinión similar a la de los expertos, que alertan de que falta educación afectiva y en igualdad en los colegios. También más implicación social de las familias. En definitiva, conocimiento para derribar los comportamientos y actitudes sexistas que se perpetúan en el siglo XXI, para desechar la idea de que los celos son el no va más del amor. Para aprender a identificar esos primeros signos que conducen a la espiral de la violencia machista.

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Una joven rumana de 26 años ha sido hallada muerta, con varias partes de su cuerpo seccionadas, en el municipio alicantino de Torremanzanas, y su pareja, un hombre de 37 años y nacionalidad española, ha sido detenido como supuesto autor del homicidio. El detenido avisó este martes por la tarde a la Guardia Civil del suceso y seis horas más tarde fue arrestado. Fuentes de la Delegación del Gobierno han señalado que el detenido, identificado como M.R.S., se declaró culpable de la muerte de su pareja sentimental.
El hombre, natural de Benidorm y sin antecedentes por violencia de género, se presentó a las 18.50 horas del martes en el hospital de Villajoyosa con heridas e informó de que había matado a su pareja. La llamada del sospechoso a la Guardia Civil se produjo a las 18.50 horas y a las once de la noche comenzaron las investigaciones, que terminaron sobre la medianoche, mientras que la detención tuvo lugar a la 01.25 horas. La víctima fue hallada, al parecer, con varias partes de su cuerpo seccionadas, en la partida de Torremanzanas de Delx, debajo de numerosos enseres y muebles.
Por el momento, se desconocen más detalles del suceso, ocurrido en un pequeño pueblo de apenas 800 habitantes situado a 42 kilómetros al norte de la capital alicantina. Según han confirmado fuentes de la Guardia Civil, el suceso, catalogado como de violencia machista, tuvo lugar anoche. El cuerpo mantiene abierta la investigación por estos hechos, de los que se desconocen más detalles. 39 fallecidas por violencia machista.
Esta muerte eleva a 39 el número de mujeres fallecidas por violencia machista en lo que va de año, seis de ellas en la Comunitat Valenciana. La mujer fallecida en Torremanzanas es la tercera que pierde la vida por la violencia machista en octubre y la sexta que muere en la Comunitat Valenciana en lo que va de año.
Andalucía y Madrid, con ocho víctimas mortales cada una, son las comunidades más trágicas en cuanto a este tipo de violencia se refiere. Seis mujeres fallecieron en la Comunitat Valenciana. Tres en Cataluña. Dos en Islas Baleares, las mismas que en Castilla-La Mancha, Canarias, Castilla y León y Cantabria.
Y una en cada una de las comunidades de Galicia, País Vasco, Aragón y Extremadura. Veintinueve de las víctimas eran españolas y diez, incluida esta última fallecida, extranjeras. Trece tenían entre 31 y 40 años; diez entre 21 y 30; siete tenían entre 41 y 50; cinco eran mayores de 64 años; dos tenían entre 51 y 64, una tenía entre 18 y 20, y otra más era menor de 18 años. Veinte de las mujeres fallecidas, sin incluir la joven de Torremanzanas, convivían con el agresor y otras dieciocho no. Y tan sólo seis de ellas había denunciado maltrato, aunque sólo una tenía orden de protección en vigor.