TERROR EN BERLÍN

Publicado: 20 diciembre, 2016 en FUERA DE ESPAÑA

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Las sirenas de ambulancias que se escuchaban la noche del lunes en pleno corazón del Berlín occidental confirmaban que el terror ha vuelto a Europa. Un camión irrumpió en un mercado navideño y dejó al menos 12 muertos y 48 heridos, algunos graves, en lo que parece ser un ataque terrorista.

Lo ocurrido resulta calcado del golpe brutal que sufrió la ciudad francesa de Niza de julio. Hacía tiempo que los servicios de inteligencia temían que los mercadillos navideños fueran objetivo yihadista. Pese a que las autoridades alemanas insistían en no sacar conclusiones apresuradas, el ministro del Interior, Thomas de Maizière, recalcó a medianoche que “muchos indicios” apuntan a un atentado y la policía ya habla de “presunto ataque terrorista”. Anoche, detuvieron a un sospechoso de ser el conductor. El copiloto, de nacionalidad polaca, fue hallado muerto en la cabina.

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Los alemanes saben que ha llegado la Navidad cuando empiezan a sucederse los mercadillos iluminados donde se comen salchichas y se bebe glühwein (vino dulce caliente). Hacía tiempo que flotaba en el aire la posibilidad de que una de las señales de identidad de la cultura y tradición del país sufriese un ataque. La preocupación creció después de la detención conocida la semana pasada de un niño de 12 años alemán-iraquí fuertemente radicalizado que había tratado de poner una bomba en uno de estos mercados en Ludwigshafen, al suroeste del país. Distintos datos hacen pensar que ese escenario de pesadilla que Alemania temía se produjo el lunes.

Las autoridades insistían anoche en que aún están investigando si lo ocurrido es un accidente o a un atentado, pero alrededor de la medianoche la situación parecía ir aclarándose poco a poco. “No quiero usar aún la palabra atentado, aunque muchos elementos apuntan en esa dirección”, dijo el ministro De Maizière a la televisión pública. La Casa Blanca se apuntó a esta teoría poco después al condenar “lo que parecer ser un ataque terrorista”. En las primeras horas de este martes, la Policía ha hablado de “presunto ataque terrorista”. “Todas las medidas policiales en torno al presunto ataque terrorista en Breitscheidplatz están en marcha”, ha indicado la Policía a través de su cuenta oficial en la red social Twitter.

Poco antes, la Policía indicó que las investigaciones apuntan a que el conductor empotró deliberadamente el camión contra el marcado y que el cuerpo encontrado en el interior del camión no era el de la persona que controlaba el vehículo en el momento del atropello.

Medios como Die Welt o la agencia DPA aseguraban, citando fuentes de los servicios de seguridad, que el detenido había entrado en Alemania como refugiado; y el Tagesspiegel añadía que es afgano o paquistaní. Esta información no ha sido confirmada oficialmente. Si se confirmara esta posibilidad, este sería el primer ataque yihadista con víctimas mortales en Alemania. Hasta ahora, los atentados de simpatizantes del Estado Islámico —como el ocurrido en un tren de Baviera el pasado verano— habían ocasionado heridos, pero no muertos. Antes de aclararse lo ocurrido, el partido derechista antinmigración Alternativa para Alemania (AfD) se apresuró a responsabilizar de lo ocurrido a la canciller Angela Merkel. “¿Cuándo devuelve el golpe el Estado de derecho alemán? ¿Cuándo va a parar esta maldita hipocresía? Estos son los muertos de Merkel”, escribió en Twitter Marcus Pretzell, líder regional del partido.

El vehículo que se convirtió en un arma mortal tiene matrícula de Danzig (Polonia). La Policía de Berlín afirmó que tiene sospechas de que el camión habría sido robado. El responsable de la compañía propietaria del vehículo declaró que su primo —también polaco— había viajado con ese camión hacia Berlín con la intención de pasar la noche en la ciudad, pero que en ningún momento tenía que atravesar el centro. El dueño de la empresa dudaba de la posibilidad de que el conductor, con 15 años de experiencia, fuera el responsable del supuesto accidente y apuntaba la posibilidad de que se tratara de un robo o un secuestro, lo que más tarde pareció confirmar la policía.

A las diez de la noche del lunes, a la zona del mercadillo acordonada se acercaban periodistas y curiosos. Allí podía verse aún el camión que fue utilizado como arma, un vehículo negro que permanece rodeado de ambulancias. Los hospitales cercanos estaban en alerta y los médicos, movilizados para atender a los heridos. Las autoridades solicitaron a los peatones que abandonaran la zona y dejaran espacio a los servicios de emergencias y sanitarios. La policía alertó en las redes sociales hacia las 21.30 de que lo más seguro era permanecer en casa y no divulgar rumores.

El lugar del atropello masivo es uno de los sitios más turísticos de la capital alemana. Junto al tradicional mercado de Navidad, uno de los más antiguos y populares del centro del Berlín oeste, está la Iglesia Memorial del káiser Guillermo, un cine muy conocido y el centro comercial Bikini.

Un policía testigo de lo ocurrido dijo al diario Berliner Zeitung que la maniobra del camión estaba claramente realizada a propósito y no había indicios de que fuera accidental. Un fotógrafo de la agencia DPA informó a los policías de que había visto a un hombre con armas en la puerta del Zoo de la ciudad, enfrente del mercado.

“He oído un ruido enorme y me he dirigido al mercado de Navidad y he visto un gran caos… muchos heridos”, dijo Jan Hollitzer, subdirector del Berliner Morgenpost, al canal CNN. Emma Rushton, una turista que se hallaba de visita en la ciudad, también contó a la cadena de televisión norteamericana que el camión iba a una velocidad de unos 65 kilómetros por hora.

 

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Un caluroso lunes del estío madrileño los vecinos del barrio del Retiro se extrañaron de que la tienda Jusfer, dedicada a la compra y venta de objetos, permaneciera cerrada. Sus propietarios nunca faltaban a la cita con la clientela.

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Aporrearon la puerta. Nadie respondía. Un amigo decidió telefonear a casa de uno de ellos. Tampoco obtuvo contestación. La gente se preguntaba por qué guardaban silencio. Simplemente que los muertos no hablan. Cuatro cadáveres fueron descubiertos poco después por la Policía. Se emprendía la caza del asesino.

El Caso vendió con esta noticia casi medio millón de ejemplares del año 1958. Estaba a punto de comenzar la leyenda de Jarabo, el criminal más famoso de la época moderna. Hay quienes afirman que no murió en el garrote vil.

Una vez dentro del establecimiento, sito en la calle Alcalde Sainz de Baranda, 19, los inspectores descubrieron el cadáver de Félix López Robledo en la trastienda. Tenía dos tiros en la cabeza. De inmediato las sospechas se dirigieron hacia el socio, que no daba señales de vida.

Personados en su vivienda, en la vecina calle Lope de Rueda, 57, como nadie abría la puerta consiguieron rápidamente una orden judicial y un cerrajero facilitó el acceso. El cuadro que se encontraron fue impresionante. Emilio Fernández Díaz yacía en el baño, con un balazo en la testa. En el dormitorio estaba su mujer, Amparo, reclinada en la cama con otro disparo en la cabeza. En el cuarto del servicio hallaron a la sirvienta, Paulina, con un cuchillo de cocina clavado en el corazón.

No se descubrió signo alguno de lucha. Quedaba claro que las víctimas habían sido sorprendidas una tras otra. El robo quedaba descartado porque inicialmente en ninguno de los dos escenarios se echó en falta nada. Por tanto, se desconocía el motivo de la matanza.

Las sospechas apuntaron hacia el negocio de ambos socios, no muy limpio –adquirían objetos robados y ejercían de prestamistas– y contaban con ficha policial. Se pensó en un posible ajuste de cuentas.

La noticia del suceso se extendió por Madrid como un reguero de pólvora, lo que causó gran impacto. Sobre todo porque se había producido en una de las zonas más distinguidas de la capital. Numerosos ciudadanos acudieron hasta la tienda de empeños para saciar su morbosa curiosidad. Algunos no podían disimular en su rostro cierta complacencia por el final que habían tenido los usureros.

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La autoridad decidió que tan brutal caso fuera solucionado cuanto antes. Al frente del operativo investigador se puso Antonio Viqueira Hinojosa, el mejor policía criminalista que ha tenido este país. Había esclarecido con rapidez varios de los principales casos de aquella época.

Dedujo que, a causa de la gran cantidad de sangre derramada, el asesino tuvo que mancharse el traje. De inmediato ordenó una batida por todas las tintorerías de la capital. Al poco se recibió la llamada telefónica del propietario de una de ellas, ubicada en la calle Orense, 49, comunicando que un cliente habitual había dejado para su limpieza un terno que respondía a tales características y un maletín. La Policía forzó la cerradura del mismo y encontró un par de plumas estilográficas, un reloj de oro, dos cámaras fotográficas y una radio de bolsillo, tipo de objetos con el que los asesinados solían negociar habitualmente.

El dueño del establecimiento, Julián García, explicó que se trataba de un hombre de constitución fuerte que acudía con asiduidad. Había excusado la sangre de la ropa argumentando que propinó una paliza a un sujeto durante una trifulca en una sala de fiestas.

A la Policía tan sólo le quedaba esperar. Al día siguiente lo detuvieron cuando acudió a recoger la prenda. Se trataba de José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez-Morris, perteneciente a la alta sociedad madrileña y emparentado con altos miembros de la judicatura.

El nombre de su protagonista ha hecho historia. Un bont vivan perteneciente a una distinguida familia madrileña. Fue compañero en el colegio Nuestra Señora del Pilar de futuros altos cargos del Gobierno, incluso ministros. A él le dio por seguir otros derroteros.

Tras la Guerra Civil marchó a vivir a Puerto Rico y posteriormente a Estados Unidos, donde contrajo matrimonio y después se divorció. Tras algún problema con la justicia americana, retornó a Madrid. Ocho años más tarde se haría famoso por el cuádruple crimen. Se entregó de lleno a una vida disoluta. Quemaba de modo incesante el dinero en juergas, mujeres y drogas.

De fuerte complexión, atractiva apariencia y corte mundano, con grandes dotes de seducción, hasta los chulos le temían. Lo mismo invitaba a toda la barra que se liaba a guantazos con quien se le enfrentara por temas de faldas.

Tras dilapidar en un corto espacio de tiempo quince millones de pesetas, su familia le fue recortando los envíos de dinero que le efectuaba desde Puerto Rico. Acuciado por la necesidad, acudió a Jusfer -la tienda dedicada a la contra y venta de objetos- para pignorar un anillo a cambio de cuatro mil pesetas. Un establecimiento cuya legalidad siempre estuvo en tela de juicio. Se aprovechaba de gente en apurosque no podía obtener dinero rápido. Cobraba intereses del doscientos por cien.

La joya empeñada pertenecía a su amante británica, Beryl Martín Jones. Ésta había regresado a Inglaterra y su esposo, que se la había regalado, le preguntó por la misma. Así que era urgente recuperar el valioso solitario. Entonces los prestamistas le exigieron a Jarabo una autorización escrita de la propietaria. Acudió al poco con la carta, pero los usureros aprovecharon para exigirle cincuenta mil pesetas. En metálico o en alhajas. No le devolvieron la misiva de la mujer, que se quedaron como garantía hasta que regresara el sábado 19 de julio (de 1958) para liquidar el asunto.

“Les pedí la sortija de todas las maneras posibles, pero siempre me daban largas. Ante la llegada de una nueva carta de la inglesa, en que me metía prisa, decidí ir de nuevo a por ellos dispuesto a todo”, declaró a la Policía.

El día de la cita se dirigió a última hora a la tienda, pero llegó tarde porque se entretuvo con una mujer a la que acaba de conocer. Entonces decidió encaminarse hacia el domicilio de uno de los fiadores, Emilio Fernández, que residía en las proximidades. Procuró que no le viera el portero de la finca. Le abrió la puerta la sirvienta y, una vez en el salón, exigió al prestamista que le devolviera el anillo y la carta. Éste se resistió y, según el testimonio de Jarabo, intentó echar mano de una pistola. El visitante fue más rápido y le metió un balazo con la suya. Fin a la discusión.

La empleada salió al pasillo al escuchar el estampido y se dio de bruces en la puerta del baño con el agresor. Éste se fijó en el enorme cuchillo que llevaba en la mano, con el que estaba preparando la cena, y le golpeó en la cabeza con la pistola que acaba de utilizar. En el consiguiente forcejeo entre ambos consiguió clavárselo en el pecho. Hasta la empuñadura. De inmediato la joven cayó inerte.

Sin pérdida de tiempo se lavó las manos y se puso unos guantes de goma que había en la cocina. Empezó a rebuscar por toda la casa la sortija pignorada y el comprometedor escrito. De pronto oyó girar la cerradura de la puerta. Volvió al pasillo encontrándose con la esposa del difunto. Ante la sorpresa de ésta comentó con sumo aplomo que era inspector de Hacienda y que se encontraba allí por una investigación que estaban haciendo al negocio de su marido. Excusó la ausencia de éste y de la criada diciendo que habían marchado a la tienda, junto con unos compañeros suyos, para revisar ciertas cuentas.

La señora, tras observar unas pequeñas manchas de sangre en el pasillo, se asomó al baño. Horrorizada por la macabra escena que presenció, huyó por el pasillo hasta el dormitorio perseguida por Jarabo. Un tiro en la nuca ahogó sus gritos.

Con el fin de crear falsas pistas trasladó el cuerpo de la sirvienta al cuarto de servicio, desgarrándole la ropa y dejándolo sobre la cama para simular una escena de adulterio que habría derivado en tragedia. En una mesa del comedor colocó varias copas y botellas de alcohol para simular una noche de juerga. Incluso colocó un long play en el tocadiscos.

Después reanudó la búsqueda que había emprendido minutos antes. Hizo un reconocimiento minucioso de la vivienda mientras la sangre se deslizaba por cristales y paredes formando un tétrico cuadro impresionista. No dio con lo que buscaba. Lo que halló fue la llave de la tienda.

Sonaron doce campanadas y supuso que el portal estaría cerrado, por lo que optó por quedarse a descansar, con la macabra compañía de tres cadáveres aún calientes. Sabía que los serenos eran muy observadores y confidentes de la Policía.

Por la mañana salió a la calle con tranquilidad. Se había puesto una camisa del difunto, dado que la suya estaba bastante manchada de sangre. La segunda parte de la búsqueda del anillo y la misiva la dejaba para el día siguiente.

El lunes por la mañana, a primera hora, se dirigió a Jusfer. Se metió en el portal y accedió por la trastienda. Se ocultó en el almacén, a la espera del otro socio. No tuvo que aguadar mucho. A las ocho y media giraba la cerradura. Encontronazo frente a frente. Discutieron y al final se enzarzaron físicamente. Dos tiros acabaron con la vida del copropietario. Se apoderó de sus llaves de la caja fuerte pero no consiguió abrirla, pues desconocía la clave.

Llamó a casa del muerto para hablar con su amante, Ángeles, haciéndose pasar por un cliente. Le explicó que la tienda estaba cerrada, tenía prisa y a ver si podía acercarse para atenderle. Su intención era obligarla a que abriera dicha caja. La mujer se negó, razonando que hacía rato que su compañero había salido hacía allí y estaría a punto de llegar.

Mientras, se formó un gran charco de sangre y, como podía salir por debajo de la puerta, la taponó con su propia chaqueta. Echó mano de uno de los trajes en venta que había en la tienda y se lo puso. Después se apoderó de un maletín, donde metió su ropa manchada y también varios objetos suyos que estaban allí empeñados. Sustrajo el dinero de la cartera del muerto.

Abandonó presuroso el escenario del crimen y se dirigió a la tintorería, donde dejó su terno para que lo limpiaran rápido, pues al otro día pasaría a recogerlo. También les entregó el maletín para que se lo guardaran.

Prosiguió con su vida habitual como si nada hubiera ocurrido. Anduvo de cabarés y por la noche se lió con un par de mujeres. Se empeñó en acostarse con las dos a la vez, pero no consiguió que les alquilaran una habitación. Pasaron toda la madrugada de copas y desplazamientos de taxi dando vueltas. A las doce del mediodía se dirigieron a la tintorería.

En la calle Orense, próxima a la tintorería, permanecían apostados los policías, a cuyo frente estaba el inspector Sebastián Fernández Rivas. El taxi se detuvo enfrente y Jarabo bajó mientras dejaba a la espera a sus dos compañeras de juerga. Cuando le dieron el alto no opuso la más mínima resistencia. Era consciente de que no había nada que hacer.

Una vez en comisaría, puso como condición, para empezar a cantar de plano, que trajeran comida, para él y para quienes le iban a interrogar, desde el famoso restaurante Lhardy, así como una botella de coñac. Francés, por supuesto. Incluso consiguió que le dieran una inyección de morfina, dado que era adicto y llevaba toda la noche sin dormir.

En plan charla de sobremesa, fue contando toda la historia criminal surgida a raíz de que empeñara un solitario de oro. Afirmó que sentía hondamente la muerte de las dos mujeres, pero no la de quienes le habían chantajeado.

El Caso vendió con dicho suceso la cantidad de 480.000 ejemplares, un hito del periodismo al romper el techo de tirada en la prensa nacional. La rotativa no daba más de sí. El papel, cuya adquisición el Gobierno autorizaba por cupos de bobinas, se agotó. Hasta entonces Marca ostentaba el récord, con 300.000 copias tras el memorable gol de Zarra a Inglaterra en los mundiales de Brasil de 1950.

El público se volcó con tan apasionante historia y un protagonista de la alta sociedad. “Cuando mataban las clases pudientes, vendíamos mucho más de lo normal. Sexo y un criminal de la burguesía. La muerte de la chica de servicio fue lo que le supuso la pena capital. Los otros eran unos sinvergüenzas, unos usureros”, manifestaba el fundador del semanario, Eugenio Suárez.

El juicio se celebró en la Audiencia Provincial de Madrid en medio de gran expectación. Durante las cinco jornadas que duró la vista, el reo cada día estrenó indumentaria. Convicto y confeso, trató de justificar el ataque a la empleada del hogar, ajena a los tejemanejes de los prestamistas. “No quería matar a la criada, mi propósito era que no gritase”. Se mostró sumamente correcto en todo momento, haciendo alarde de su españolidad.

Sentencia: cuatro penas capitales. Tuvo el luctuoso honor de ser el último condenado a muerte, en garrote vil, por la justicia ordinaria. Un año más tarde del cuádruple asesinato se ejecutó la condena.

El día anterior a su cita con el cadalso mantuvo la serenidad, fumando de modo incesante. Eugenio Suárez le había hecho llegar una caja de habanos, a través del policía que lo interrogó, Sebastián Fernández, como reconocimiento a su infausta contribución al fulminante éxito de ventas del periódico de sucesos. También bebió abundante whisky. A las cinco de la mañana oyó misa y comulgó.

Vestido impecable, tranquilo, casi impasible, con la misma frialdad y orgullo que le habían caracterizado de siempre, acudió a su cita con el patíbulo. Tenía 36 años. De constitución rocosa y pescuezo fuerte, tardó veinte minutos en morir asfixiado. Era el cuatro de julio de 1959.

El verdugo, Antonio López Sierra, alias El Corujo, bastante débil físicamente, iba bebido y no acertaba a rematar su labor. Era costumbre hacer tomar unas copas a los sayones antes del ajusticiamiento para que, a última hora, no se echaran para atrás y cumplieran debidamente con su cometido.

El garrote consistía en un collar de hierro que, por medio de un tornillo con una bola al final, retrocedía hasta romper el cuello. Pero cuando no se hacía de modo correcto provocaba el estrangulamiento, con lo que la agonía se alargaba terriblemente

Antes del entierro se produjeron incidentes en el camposanto de la Almudena, al circular el runrún de que no había sido ejecutado gracias a su relación familiar con la judicatura. El condenado era sobrino del presidente del Tribunal Supremo, Francisco Ruiz Jarabo. Se rumoreaba que en el ataúd habían colocado el cuerpo de un gitano fallecido poco antes. En suma, que no había existido tal ejecución, dado el dinero y la influencia de su familia en las altas instancias, y que había escapado ya rumbo a América.

Un comisario que acompañaba a los empleados de pompas fúnebres exigió, para desmentir tal patraña, que se abriera el féretro de inmediato y fuera mostrado el cadáver. Al parecer el enterrador se negó, alegando que constituía una irregularidad manifiesta, por lo que el policía tiró de pistola y apoyó el arma en la sien del operario. A éste no le quedó otro remedio que levantar la tapa del ataúd.

Testigos presenciales manifestaron posteriormente que no habían reconocido a Jarabo, quizá por el sufrimiento experimentado durante su ejecución. No hubo periodistas que dieran fe de ello, dado que no se les permitió el acceso al sacramental.

Tras sepultar al difunto, quedó en el ambiente del cementerio un cierto halo de misterio. Comenzaba la leyenda sobre si continuaba con vida al otro lado del Atlántico. Incluso había quienes manifestaban haberlo visto después en Puerto Rico, donde seguía residiendo su familia.

Su abogado defensor, Antonio Ferrer Sama, tenía clara su personalidad. “La prensa ha titulado El crimen del siglo. Dada la gravedad de sus espantosos resultados, más que crimen del siglo titularía La personalidad psicopática del siglo. El caso Jarabo es excepcional dentro de la criminología, por no decir único. Los juristas y los médicos estudiarán su curva vital e investigarán todas las facetas de su rara existencia”.

Hace unos meses, con motivo de la emisión de la serie El Caso. Crónica de sucesos en TVE, se emitió un documental relacionado con la misma, Dos crímenes por semana. El tema del famoso asesino fue tratado por diferentes personas expertas en dicho suceso. Eugenio Suárez, en su última entrevista, dado que poco después fallecía por su avanzada edad, se reiteraba en el motivo del crimen y la condena. “Que maten a prestamistas de esos me parece una labor puramente de higiene social. Pero es que mató también a la criadita y, tal como empezaba a ponerse el servicio doméstico, eso ya no se perdonaba”.

La muerte de la sirvienta es lo que forzó su condena al garrote vil. Llevó una vida pendenciera, pródiga en alcohol, mujeres y drogas. Su final, antes o después, estaba cantado.

Un nombre destacado para el museo de asesinos célebres. Una historia, apasionante hasta el final, que permanece viva en el recuerdo.

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El asesino serial Stephen Port fue sentenciado a prisión perpetua por los asesinatos de cuatro hombres que conoció a través de un sitio web de citas gays, según estableció una corte británica este viernes.

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Port, de 41 años, fue condenado por el asesinato de Anthony Walgate, de 23 años; Gabriel Kovari, de 22 años, que era originario de Eslovaquia; del chef Daniel Whitworth, de 21 años; y del conductor de camiones Jack Taylor, de 25, hechos que ocurrieron entre junio de 2014 y septiembre de 2015.

También fue condenado por drogar o agredir sexualmente a otras siete víctimas que sobrevivieron.

Las cuatro víctimas fueron halladas en la entrada del conjunto de apartamentos donde vivía Port.

Al condenarlo, el juez dijo que “el acusado morirá en la cárcel”. El público se alegró al escuchar la sentencia.

“Los asesinos seriales que son más difíciles de atrapar son los nómadas: matan en una parte del país, luego en otra”, explicó David Wilson, profesor de criminología de la Universidad de Birmingham.

“Pero Stephen Port no era un asesino serial de ese tipo. Él mataba en su apartamento, luego arrojaba los cuerpos a 300 metros. Todos eran hombres jóvenes que murieron de la misma manera”, le dijo el especialista a CNN.

La Policía Metropolitana de Londres admitió que pudo haber “perdido oportunidades de capturar a Port” durante la época de los asesinatos, entre 2014 y 2015.

Las autoridades revisan los casos de al menos 58 muertes por uso de drogas, en medio de preocupaciones de que podrían estar relacionados con los asesinatos por los cuales fue condenado Stephen Port.

Las investigaciones serán reabiertas para establecer si están vinculadas con actividades de ‘chemsex’, una práctica de sexo entre hombres que consumen drogas.

Una comisión independiente de la Policía también empezó una investigación sobre cómo los agentes asignados a las pesquisas manejaron los casos.

El activista por los derechos de los homosexuales, Peter Tatchell, cuestionó si la homofobia y la clase social jugaron un papel importante en el manejo del caso.

“Si cuatro mujeres jóvenes de clase media hubieran sido asesinadas en Mayfair, creo que la policía habría hecho un llamado público mucho más pronto y montado una investigación mucho más integral”, dijo Tatchell, refiriéndose a una zona rica en Londres.

“El asesinato de hombres homosexuales de bajos ingresos en el barrio de Barking fue manejado de una manera muy diferente. Los agentes de policía son acusados de sesgo de clase, género y sexualidad”, añadió el activista.

El criminólogo Wilson concuerda con ello y dice que el caso tiene “mucho que ver con la persistencia de la homofobia en general y dentro de la policía”.

Agregó que cinco mujeres víctimas, que fueron ignoradas de la misma manera por la policía, eran trabajadoras sexuales. Ellas fueron asesinadas por el asesino serial Steven Wright, en 2006.

CASO ASHLEE MARTINSON

Publicado: 14 noviembre, 2016 en FUERA DE ESPAÑA

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Ashlee Martinson estaba obsesionada con las historias de terror. Escribía en un blog sobre vampiros y asesinos seriales. Sin embargo, sus allegados nunca la imaginaron como protagonista de una realidad más horrorosa que la de sus fantasías. Pocas horas después de haber cumplido 17 años, el 8 de marzo de 2015, Ashlee asesinó a su madre tras apuñalarla más de veinte veces, dio un escopetazo a su padrastro tras encerrar a sus hermanastros y huyó con su novio.

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Ashlee era una chica tímida cuando se mudó a Rhinelander, Wisconsin, EE.UU. a los 16 años. Durante su adolescencia cambió los colores de la infancia por maquillaje y ropas oscuros. Sus poemas eran el cauce de palabras perturbadoras que escribió bajo el pseudónimo Vampchick.

Poco antes del suceso, la chica estaba pensando en irse de su casa. Su plan se hizo más sólido a partir de su vínculo con Ryan Sisco, un joven de 22 años. Pero los padres de Ashlee se enteraron de esa relación y de sus proyectos de alejarse y se disparó una gran pelea familiar. Pelea que tuvo un final trágico.

El horror salió a la luz a partir de una serie de llamadas al 911 que se interrumpían, el 8 de marzo de 2015. Finalmente, los operadores pudieron localizar el origen de las comunicaciones y enviaron efectivos al lugar. Las llamadas las habían hechos los tres hermanastros, que habían pasado solos todo un día en un sector de la casa.

Los agentes hallaron a la madre y al padrastro de la adolescente muertos, con claras señales de haber sido asesinados. En la casa había una escopeta y un cuchillo ensangrentado, con pelo humano. “Había sangre en todas partes, había materia cerebral dispersa por el piso de arriba”, dijo uno de los policías.

Ashlee no estaba allí. Ella se encontraba con Ryan Sisco. Habían salido de la ciudad en una camioneta y comenzaron a conducir hacia Tennessee. El plan de la pareja era quedarse con una tía de la joven y comenzar una nueva vida. Pero llegaron solo hasta Indiana y la policía los detuvo.

Hasta allí, el caso parecía el de una adolescente que había llegado a asesinar a sus padres para irse con su novio. Pero a medida que los investigadores empezaron a profundizar en la vida de Ashlee, esta hipótesis se llenó de matices inquietantes, especialmente en lo referido al padrastro de la chica, Thomas.

El hombre era un delincuente, con antecedentes de violencia doméstica, secuestro e incluso agresión sexual. En la casa había varias armas de fuego. Cuando la detuvieron, Ashlee contó que su madre había baleado a su padrastro y que luego ella mató a su madre mientras se defendía en una pelea con ella. Pero a las pocas horas contó la verdad: Ashlee tomó una de las muchas armas cargadas que había en la casa y mató a su padrastro. Después, peleó con su madre y la apuñaló entre 30 y 40 veces.

En un post de Facebook que la adolescente había publicado el día anterior a la tragedia, la joven hablaba de que “debería tomar un arma y dispararle” a su padrastro. En ese mismo post contó que su padrastro golpeaba a su madre. “Aunque he hecho a mis hermanas huérfanas, sé en el fondo que ahora están en un ambiente más seguro y amoroso, espero que algún día puedan perdonarme”, escribiría la joven bloguera tiempo después en una carta. Tras un acuerdo con la fiscalía, Ashlee se declaró culpable y recibió una condena a 23 años de cárcel. Para algunas, una pena leve en relación a los crímenes; para otros, exagerada en relación al infierno en que vivía la joven.

”Estoy feliz, y sé que esto suena loco, porque estoy en prisión, pero siento que soy libre”, declaró Ashlee. “Puedo despertarme todos los días y saber que estoy a salvo”, asegura Ashlee desde la prisión de Fond du Lac, Wisconsin. La joven también explicó a un programa de televisión que un novio de su madre la violó cuando ella tenía nueve años y que desde entonces su vida fue una pesadilla. Su madre, contó, también víctima de la violencia de ese hombre, permitió los abusos.

Ashlee relató que tenía planeado irse de su casa, pero que su padrastro le dijo que no lo hiciera y que si se iba él se encargaría de que lo pasara mal. En ese momento sólo vio sólo una salida: agarrar una escopeta e irse a su habitación. Cuenta que llegó a tener apoyado el extremo del arma en su boca cuando escuchó a su padrastro. Pensó que el se enfadaría porque estaba jugando con su arma y entonces levantó la escopeta y le disparó.

Tras la masacre su madre la apuñaló en una pierna. Ashlee reaccionó y peleó con su madre. “Sentí que las cadenas se rompían a mi alrededor, era libre, por primera vez en mi vida sentí que era libre, que ya nadie podría agredir a mis hermanas”. “No es correcto, lo que pasó, pero yo era sólo una niña, una niña abusada, que se vio obligada a tomar una muy mala decisión, no soy el monstruo que ellos entendieron que soy”, ha asegurado.

CASO TOMÁS PARDO

Publicado: 4 noviembre, 2016 en ESTÁ PASANDO

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El juez de vigilancia penitenciaria denegó en 13 ocasiones los permisos al preso que el pasado sábado violó a una mujer en Castellbisbal (Barcelona), pese a que el Departamento de Justicia los recomendaba desde 2013 y le permitió 18 salidas puntuales que no requerían autorización judicial.

Según ha informado el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), el permiso de tres días del pasado fin de semana era el tercero de esas características del que disfrutaba el violador, Tomás Pardo, desde que el pasado mes de febrero se lo autorizó la Audiencia de Barcelona, en un auto que revocaba las decisiones previas del juez de vigilancia.

Tomás Pardo fue detenido el pasado domingo acusado de raptar y violar a una mujer en Castellbisbal (Barcelona), durante un permiso penitenciario de tres días, mientras cumplía condena por otra violación de 2002 en la cárcel Ponent de Lleida, desde la que salía a diario a trabajar en un taller de reinserción en la empresa Raïmat.

Desde el año 2013, mantiene el TSJC, la Junta de Tratamiento de la cárcel había emitido informes favorables a la concesión de permisos al recluso, aduciendo que había superado con éxito el programa de tratamiento de delincuentes sexuales, que había cambiado de conducta y que incluso trabajaba como voluntario en la Cruz Roja clasificando ropa para personas necesitadas.

Pese a los informes favorables de Justicia, el juez de vigilancia penitenciaria denegó hasta en 13 ocasiones los permisos de tres días solicitados por el recluso, teniendo en cuenta la “gravedad de los hechos cometidos y la lejanía de las fechas de cumplimiento”, puesto que habría obtenido la libertad definitiva en 2022.

El pasado mes de febrero, la Audiencia de Barcelona estimó el recurso de la defensa del violador -pese a que previamente había rechazado otros 7- y acordó concederle los permisos que solicitaba, en una decisión que no se ejecutó hasta el pasado mes de julio, una vez se informó a la víctima de su primera violación de que saldría de prisión, tal y como establece la ley.

En su auto, la Audiencia consideraba “adecuado” que el recluso comenzara sus permisos de tres días, al entender que tenía “la capacidad de identificar y detectar los factores de riesgo y evitarlos”, que llevaba 11 años sin consumir drogas y que tiene una “motivación muy fuerte” por su hija de ocho años.

El tribunal basó su decisión en los informes aportados por el Departamento de Justicia, que determinó que el riesgo de que el violador reincidiera era bajo y que había “evolucionado mucho su personalidad en los últimos años”, como lo prueba el hecho de que se enrolara como voluntario en la Cruz Roja.

El auto alude a un informe de un jurista que evaluó a Tomás Pardo y que concluyó que los hechos por los que fue condenado el violador constituyeron un “episodio puntual” y que, tras el correspondiente tratamiento de rehabilitación, el preso “interiorizó el desvalor de los delitos cometidos”.

El tribunal tuvo en cuenta también que el violador no había protagonizado ningún incidente durante los permisos administrativos de que disfrutó, 18 salidas de como máximo 48 horas de que el recluso se benefició -primero acompañado, más tarde en solitario- desde el año 2015, sin que fuera necesario el aval de los tribunales.

Las magistradas que avalaron los permisos del procesado argumentan en su auto que “no existen motivos razonables para denegar” un permiso penitenciario, cuando la Junta de Tratamiento concluye que el riesgo de reincidencia es bajo, y recuerda que “nada es infalible, y más cuando se trata de comportamientos humanos”.

En opinión de la Audiencia de Barcelona, la seguridad sería total si se mantuviera a los presos encerrados hasta que hayan cumplido condena, aunque “a costa de abandonar el fin de reinserción social y conseguir la desocialización del interno”.

“No hay un sistema de evaluación que sea 100% seguro”. Así de contundente se ha mostrado el subdirector de Programas de Rehabilitación de Servicios Penitenciarios de la Generalitat, Carles Soler, a la hora de valorar el caso del violador reincidente.

Eso sí, Soler ha querido remarcar que “lo habitual es que estas cosas no pasen” argumentando, en declaraciones en RAC1, que en Catalunya, “el 94% de agresores sexuales no vuelven a cometer el mismo tipo de delitos” una vez abandonan la prisión.

Soler ha explicado que Tomás Pardo Caro había empezado a gozar de permisos en 2014, una vez cumplidos 12 años de los 20 a los que fue condenado por haber violado a otra mujer en 2002. “Al principio, salía de permiso una vez cada dos meses”, ha recordado.

Actualmente, sin embargo, una vez cumplidos ya 14 años de condena, salía y entraba a diario de la prisión del centro penitenciario de Ponent, en Lleida, donde permanecía recluido, para ir a trabajar. “Trabajaba en unos talleres en Lleida”, ha especificado Soler, concretamente en el Centro de Producción de Raimat, muy cerca de la cárcel, gestionado por el Centro de Iniciativas para la Reinserción (CIRE).

En este sentido, el presidente del Tribunal Supremo (TS) y del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Carlos Lesmes, ha defendido que la ley no debe cambiarse sólo “porque en algún caso lamentable se hayan producido efectos perversos”.

“El tratamiento penitenciario tiene un objetivo general que es la recuperación del delincuente, su reinserción en la sociedad, y no podemos prescindir de este tipo de medidas”, ha valorado a preguntas de los periodistas tras inaugurar este miércoles en Barcelona el X Congreso sobre Cooperación Judicial de la Red Latinoaericana de Jueces.

Lesmes ha dicho que las normas se proyectan siempre con un carácter general y sólo deben cambiarse en caso de que “de forma reiterada se considere que no es adecuada”, en una alusión implícita a la legislación que regula los permiso, los tratamientos y otras cuestiones del ámbito penitenciario.

Otro juez de Rubí (Barcelona) ha acordado hoy enviar al violador Tomás Pardo. Según han informado fuentes judiciales, el titular del juzgado de instrucción número 6 de Rubí, ante quien el acusado ha comparecido esta mañana, ha acordado su ingreso en prisión provisional por los delitos de detención ilegal, robo con violencia, agresión sexual, asesinato en grado de tentativa y estafa.

CRIMEN DE PIOZ: AMPLIACIÓN

Publicado: 4 noviembre, 2016 en ESTÁ PASANDO

Rastredo en www.lavanguardia.com

Patrick Nogueira, el autor confeso del cuádruple asesinato de sus tíos y primos en Pioz, ha prestado declaración de nuevo este jueves en el Juzgado de Instrucción número 1 de Guadalajara.

Nogueira dejó de responder a los mensajes de su familia en España tras advertirles de que se consideraba una mala persona. “La gente cree que tengo carita de bobo, pero soy una persona mala y me gusta ser malo”, reconoció este joven a su tía Janaina, una de las cuatro víctimas.

De hecho, su marido y otra de las víctimas, Marcos Campos, alertó a su familia en Brasil del cambio experimentado por su sobrino en varios mensajes de voz de Whatsapp a los que ha tenido acceso la Cadena Cope. Marcos Campos cuenta a su familia, antes de morir, cómo el viernes 8 de julio se mudó a la casa de Pioz tras invitar a Patrick a ir con ellos, aunque el joven optó por quedarse unos días más en la vivienda de Torrejón de Ardoz (Madrid).7

Los audios prueban que sus tíos se preocuparon por su sobrino tras mudarse al chalé de Guadalajara y que fue éste el que se desentendió. “Me decepcionó mucho, el Patrick que conocimos en Brasil no tiene nada que ver”, le explica Marcos a sus seres queridos, a los que detalla las gestiones que había hecho para convencer al joven, que respondía con evasivas a las invitaciones.

Su tío fue a buscarlo a la casa de Torrejón donde vivía en alquiler, donde le dijeron que se había ido a vivir a un hotel. “Yo le llamé lunes, martes… Todos los días le dejé mensajes de voz para saber dónde estaba, qué había pasado… Para saber si venía con nosotros donde estábamos viviendo. Él no me contestó, como si estuviera el teléfono apagado, bloqueado para no recibir mis llamadas. No sé por qué. Y hasta hoy no me llamó ni me mandó ningún mensaje”, cuenta Marcos a su familia en Joao Pessoa.

El padre de la familia asesinada confiaba en que Patrick le terminaría llamando cuando se le acabara el dinero que le enviaban sus padres. “Como él está recibiendo dinero está comiendo. No necesita, claro. No me busca. Cuando esté apretado vendrá, me buscará para ver qué pasa”, aseguró su tío en uno de los mensajes de Whatsapp.

Patrick Nogueira, según la investigación de la Guardia Civil, terminó contactando con su familia el 17 de agosto, el día que mató a sus tíos y primos, manteniendo un contacto desde el chalé en Pioz con un cómplice en Brasil, su amigo Marvis Henriques Correia.

Es por esta razón por la que, según han informado fuentes de la investigación, este jueves Patrick Nogueira declara este jueves. Concretamente, el juez tiene previsto interrogarle sobre los datos del teléfono móvil con el que Nogueira se habría comunicado con este presunto cómplice del crimen detenido en Brasil. Nogueira intercambió durante dos horas y medias mensajes por Whatsapp con Marvis Henriques Correia. La comunicación se estableció la tarde del 17 de agosto, mientras esperaba la llegada de Marcos Campos, a quien terminaría matando y descuartizando, dejando los restos de él y su familia en el interior de bolsas de basuras.

“Pensé que me daría asco, soy un enfermo”, reconoció el primero en un mensaje cuando ya había asesinado a Janaina y los dos niños de cuatro y un años, según informa el canal G1 en Brasil. “Sólo estoy esperando al cuarto integrante”, comentó con Marvis, que bromeó con la situación: “Me imagino la escena, llegando para matar”.

CRIMEN DE PIOZ

Publicado: 5 octubre, 2016 en ESTÁ PASANDO

Rastreado en www.lavanguardia.com

La Guardia Civil da por resuelto el asesinato de Marcos Campos y Janina Santos y sus dos hijos, aunque reconoce que continúa trabajando para esclarecer algunos detalles del crimen, sucedido este verano en un chalé de Pioz, Guadalajara. Uno de los datos que ha proporcionado la Benemérita tras levantarse parcialmente el secreto de sumario es que el presunto asesino, el sobrino de Marcos Campos, mató a la familia de manera secuencial. “Pensamos que no se enfrentó a todas las víctimas a la vez, porque uno de ellos no estaba en casa”, ha revelado el jefe de la investigación, el comandante Reina.

La Guardia Civil ha confirmado que Fransois Patrick Nogueira Gouveira, que convivió con la familia asesinada durante un tiempo, es el presunto autor del crimen. El joven, de 19 años, se fugó a Brasil 48 horas después del hallazgo de los cuerpos. Una de las cosas que llamó la atención a los investigadores es que no compareciera ante las autoridades españolas ni brasileñas cuando se descubrieron los cadáveres, puesto que era familiar directo de las víctimas. Además, los investigadores han ido recabando “multitud de indicios razonables y pruebas” desde hace semanas que apuntan a esta autoría. De hecho, Fransois Patrick tiene antecedentes en Brasil por una agresión muy violenta a un profesor.

Sin embargo, la Guardia Civil ha confirmado que ha recibido una notificación en la que se asegura que el joven ha declarado esta semana ante la policía brasileña, que lo tendría “perfectamente localizado”, pero todavía no lo ha detenido, a pesar de haber una orden de detención internacional contra el mismo. En declaraciones a los periodistas en el Senado, el ministro del Interior en funciones, Jorge Fernández Díaz, ha explicado que, si bien Brasil no extradita a sus nacionales a ningún otro país, puesto que el sospechoso está localizado debe ser detenido para responder ante la Justicia.

“Existe todavía mucha información por contrastar y líneas que se tienen que cerrar”, ha advertido el comandante Reina, jefe de la investigación del caso Pioz. Por ejemplo, uno de los interrogantes es el móvil del crimen. Una de las hipótesis con más fuerza es que el asesino se había obsesionado con la mujer de Marcos Campos, por tanto, que se trate de un crimen pasional. No obstante, los investigadores aseguran que “todavía no está totalmente determinado” y que puede haber más de un motivo por los que presuntamente Fransois Patrick decidiera poner fin a la vida de su tío y el resto de su familia.

El perfil psicológico del asesino de Pioz tiene “rasgos de psicoticismo”, es decir, una personalidad narcisista y con falta de apego a la vida humana

La Guardia Civil ha explicado que, a pesar de dar por resuelto el crimen, todavía está realizando batidas por si localiza algún objeto que pueda aportar más datos a la investigación, de la que todavía no han trascendido todos los detalles que se conocen. “Hay mucha más información que no podemos revelar porque podrían peligrar las líneas de investigación”, ha asegurado el comandante Reina.

Por otro lado, el jefe de la investigación del caso ha explicado que el perfil psicológico del asesino de Pioz tiene “rasgos de psicoticismo”, es decir, una personalidad narcisista y con falta de apego a la vida humana. Por último ha descartado que se trate de un crimen organizado o que interviniera algún cómplice.