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Veinte años después del asesinato de Miriam, Toñi y Desireé, las tres niñas de Alcásserr, sigue sin conocerse el paradero de Antonio Anglés, considerado el autor material de los crímenes, mientras Miguel Ricart, el único detenido por los hechos, cumple en prisión una condena de 170 años.

El próximo día 13 se cumplen dos décadas de la desaparición de las tres menores de entre 14 y 15 años, que fueron vistas por última vez cuando se dirigían desde Alcásser, una población muy cercana a Valencia donde residían con sus padres, a la discoteca “Coolor” de la vecina Picassent, a la que nunca llegaron.

Se inició entonces la búsqueda de las adolescentes, que concluyó el 27 de enero de 1993 cuando un agricultor descubrió en el paraje de La Romana, cerca de la presa de Tous, una fosa en la que las menores estaban semienterradas.

La autopsia reveló que Miriam, Toñi y Desireé fueron torturadas y violadas antes de ser asesinadas.

La repercusión mediática del triple crimen fue tal que a las pocas horas de haberse encontrado los cuerpos, programas de emisión nacional trasladaron sus platós a Alcásser y entrevistaron a los padres, familiares y amigos de las niñas, en lo que numerosos analistas han llegado a denominar el “inicio de la telebasura”.

Un día después del hallazgo de los cuerpos, fueron detenidos varios sospechosos, entre ellos Miguel Ricart, que en su primera declaración ante la Guardia Civil admitió su participación en los crímenes, y Enrique Anglés, puesto en libertad el 30 de enero.

Un tercer sospechoso, Antonio Anglés -hermano de Enrique-, que se encontraba fugado de Picassent tras aprovechar un permiso penitenciario, se dio a la fuga, aunque su participación en los crímenes fue confirmada al descubrirse unos papeles rotos junto al lugar donde estaban enterrados los cuerpos.

Desde entonces se desconoce su paradero y aunque se especuló con que podía haber muerto ahogado en aguas de la costa de Irlanda, su búsqueda ha continuado, sin éxito, por distintos países de Latinoamérica y Europa.

Tampoco se sabe aún qué relación tenían las niñas con los acusados.

La Asociación Clara Campoamor, que ejerció la acusación popular en el juicio, pedirá el próximo martes en una reunión con responsables del Ministerio del Interior que reactiven la búsqueda de Antonio Anglés, cuyo delito podría prescribir este año al cumplirse el plazo de 20 años que prevé la ley.

Fuentes del Tribunal Superior de Justicia valenciano han informado a EFE de que el fiscal y el juez del caso aún no han decidido la fecha a partir de la cual se contabilizará la prescripción del delito.

Según estas fuentes, el fiscal y el juez deben recabar la jurisprudencia para determinar el momento “jurídicamente indiscutible” a partir del cual prescribe el delito: si fue cuando desaparecieron las niñas, cuando fueron encontrados los cadáveres o incluso cuando se produjeron las detenciones.

El 12 de mayo de 1997, arrancó el juicio contra el único encausado, Miguel Ricart, quien, tras 49 vistas judiciales y la comparecencia de un centenar de testigos, fue condenado cerca de cuatro meses después -el 5 de septiembre- a 170 años de prisión por el asesinato y violación de las víctimas.

Durante el juicio, el tribunal consideró que aunque Antonio Anglés fue el autor material de los crímenes, Ricart estuvo presente y no hizo nada por evitarlos y, además, se le declaró culpable de cuatro delitos de violación por atacar sexualmente a una de las niñas y sujetar a las víctimas mientras otra persona, supuestamente Anglés, las forzaba.

En julio de 2005, la Audiencia Nacional declaró la responsabilidad patrimonial del Estado con relación al caso por la concesión en 1992 del permiso penitenciario aprovechado por Anglés para darse a la fuga.

Fuentes de Instituciones Penitenciarias han sido consultadas por EFE sobre la situación en la que actualmente se encuentra Miguel Ricart en prisión, pero han declinado hacer declaraciones al respecto.

Blanca Estrella, presidenta de la Asociación Clara Campoamor, ha asegurado que Ricart no saldrá de prisión hasta 2024 porque tanto la Audiencia de Valencia como el Tribunal Supremo y el Constitucional le dio la razón a la asociación cuando pidió que se le aplicara la “doctrina Parot”, que adjudica los beneficios penitenciarios sucesivamente a cada condena y no sobre el máximo de 30 años de cumplimiento.

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En el verano de 1984, Giovanni Falcone escucha durante 45 días seguidos a Tommaso Buscetta, “el capo de los dos mundos”, el hombre clave de Cosa Nostra en el tráfico de drogas entre Sicilia y Estados Unidos. Solos los dos en un calabozo de Roma —Falcone ya no se fía de nadie—, el capo habla y el juez rellena con su pluma estilográfica 329 folios de confesiones. El mítico Buscetta se convierte en el primer gran arrepentido de la Mafia siciliana. Da nombres, cuenta las divisiones entre las familias, reconstruye para el juez viejos crímenes no resueltos. Al final, antes de despedirse, el mafioso, que entonces tiene 56 años, regala al juez una advertencia:

—No creo que el Estado italiano tenga verdadera intención de combatir a la Mafia. Le advierto, doctor Falcone, que después de este interrogatorio usted se convertirá en una celebridad. Pero buscarán destruirlo física y profesionalmente. No lo olvide: la cuenta que ha abierto con la Cosa Nostra no se cerrará nunca.

Palermo. Son las 17 horas, 56 minutos y 48 segundos del miércoles 23 de mayo de 2012. La cuenta sigue abierta.

Hace exactamente 20 años, aquí, en esta curva de la autopista entre Isla de las Mujeres y Capaci, mataron al juez antimafia Giovanni Falcone, a su esposa, la también magistrada Francesca Morvillo, y a los escoltas Rocco Di Cillo, Antonio Montinaro y Vito Schifani. La precisión del instante se conoce porque los instrumentos del Instituto de Geofísica y Vulcanología del monte Erice registraron un “pequeño movimiento sísmico” con epicentro en aquella curva. No era un terremoto, sino la explosión de 500 kilos de trinitrotolueno (TNT) colocados bajo la carretera y hechos estallar al paso de la comitiva. La cuenta sigue abierta porque los autores materiales del atentado fueron capturados, desde Salvatore Totò Riina —el último capo dei capi—a Giovanni Brusca, el que apretó el detonador. Pero ya nadie duda en Italia de que aquel atentado de la Mafia no fue solo cosa de la Mafia. No lo duda ni el jefe del Gobierno actual, Mario Monti, quien durante los actos de conmemoración del 20º aniversario en Palermo se mostró a favor de que se investigue hasta el final, sin topes de ninguna clase, la connivencia del Estado con la Mafia. “No existe ninguna razón de Estado”, advirtió Monti, “que pueda justificar retrasos en la búsqueda de la verdad: los trozos que faltan van a ser buscados hasta el final”.

Las palabras del actual jefe del Gobierno italiano tienen mucha importancia. Sobre todo si se comparan con las de su antecesor, Silvio Berlusconi, quien, hace tres años, cuando tuvo noticias de las investigaciones abiertas —en Palermo, Caltanissetta y Milán— para tratar de delimitar el papel del Estado en la matanza, arremetió contra los fiscales: “Es una locura. Vuelven a mirar hechos del 92, 93 o 94, con el dinero de todos, conspirando contra los que trabajamos por el bien del país”. ¿Qué temía Berlusconi? ¿Qué sigue temiendo? Tal vez la posibilidad que acaba apuntar Attilio Bolzoni, un periodista del diario La Repubblica que conoce como nadie los entresijos de la Mafia. Hace falta un arrepentido. Pero no de Cosa Nostra, que ha habido muchos y los sigue habiendo. Hace falta un arrepentido del Estado…

Sobre la figura de Falcone se han escrito y filmado infinidad de libros y películas. La otra tarde, una monja-dependiente de la librería Paulina de Palermo contó hasta 100 títulos de libros disponibles en la librería —un escaparate lleno— y otros 400 o 500 codificados en el ordenador.

Pero, para entender el carácter del juez, ese impulso metódico que lo llevó a convertirse en el enemigo público número uno de la Mafia, tal vez sea suficiente con aproximarse a su primera investigación. Corre el invierno de 1979 y Falcone —que acaba de cumplir los 40 años— ha regresado como juez a Palermo, su ciudad, de la que se marchó hace 13 años. Por aquel entonces, la sociedad palermitana se repite a sí misma una mentira piadosa, una jaculatoria al diablo que dice: “La Mafia no existe. Es una invención de los periódicos del Norte”. El joven juez decide investigar a un constructor que acaba de ganar un concurso público para la construcción de 422 apartamentos. El tipo en cuestión se llama Rosario Spatola. Mueve gran cantidad de dinero, sin mácula aparente. El único lunar con la justicia procede de sus tiempos, no muy lejanos, de vendedor ambulante de leche. Le abrieron un expediente administrativo por aguar el producto. Una ridiculez. Ahora, en cambio, es un gran constructor. El periodista Attilio Bolzoni lo explica muy gráficamente en su recién publicado libro Uomini Soli (editado por La Biblioteca di Repubblica): “Rosario Spatola es un mafioso. En Palermo lo consideran un benefactor”.

Falcone se convierte ya en un pionero en aquella primera investigación. No escudriña las idas y venidas del mafioso, sino de sus billetes. Se percata de que el tal Spatola maneja gran cantidad de dinero contante y sonante y que, a su vez, tiene gran facilidad, para hacerse con contratos públicos. La senda del dinero lo lleva a descubrir que Spatola tiene unos primos en Estados Unidos, concretamente en Cherry Hill, New Jersey, a donde llegaron en 1964. El juez Falcone construye su particular árbol genealógico de los Spatola y llega a una conclusión: el dinero que llega de América es a cambio de la heroína que parte desde Sicilia.

El periodista Bolzoni —entonces redactor de un periódico local— recuerda su primer contacto con Rosario Spatola. “Es un día de invierno de 1980, delante de las oficinas de su empresa, en la calle Beato Angelico. Lo busco porque un primo suyo, Vincenzo, está involucrado en el falso secuestro del banquero Michele Sindona. No me hace entrar en la oficina, sale él. Como todos los mafiosos, es de apariencia cortés, amable, no levanta nunca la voz. Es enero, tal vez febrero. Está bronceadísimo, gafas ray ban, una pesada cadena de oro al cuello. Y un peluquín en la cabeza. Cabello falso color cobre. Me dice que no habla con Vincenzo desde hace mucho. Me dice también que están sucediendo cosas feas en Palermo… Al resto de su familia la vuelvo a ver el 13 de mayo de 1981, en la capilla de Passo di Rigano, el día de los funerales de Salvatore Inzerillo, uno de los jefes de la mafia palermitana asesinado por los Corleoneses. La mujer de Salvatore Inzerillo es Filippa Spatola, hermana de Rosario, el empresario mafioso de Beato Angelico. Los muros de las calles cercanas están cubiertos de coronas de flores, un gentío espera a la viuda. Filippa baja de una limusina color crema, algunos hombres en traje oscuro —que hablan americano entre ellos— la acompañan hasta el altar. Son los parientes llegados de Cherry Hill. La capilla está a rebosar, y en la pequeña plaza hay centenares de muchachos. Hace calor, muchos de ellos están en camisa, se vislumbran las pistolas. Hay guerra de mafia en Palermo. Me siento en una película… Escribo así mi primera crónica de un funeral de la Mafia”.

Es esa la Mafia a la que se enfrenta, a principios de los 80, Giovanni Falcone. Más de 30 años después, Cosa Nostra sigue existiendo, pero muchas cosas han cambiado. Sentado en un hotel de Vía Roma, el fiscal Carmelo Carrara — “yo conocí a Falcone antes de que se convirtiera en Falcone”— ha visto en primera línea esos cambios. No solo en la Mafia. También, o sobre todo, en la sociedad que la sufre. “Lo que más ha cambiado en estos 20 o 30 años es seguramente la manera de mirar a la Mafia por parte de los ciudadanos. Ahora se habla. Antes, directamente, se negaba su existencia. Ahora hay además hay una actitud de rebelión por parte de las jóvenes generaciones de empresarios con respecto al pizzo (la extorsión). Y esto es más importante de lo que pueda pensarse desde fuera. Porque, en la conciencia de los sicilianos, pagar el pizzo es como pagar los impuestos al Estado. De hecho, también en el interior de las organizaciones criminales el pizzo está considerado como un impuesto”.

Tan es así que el pizzo no solo lo pagan los empresarios, también lo pagan los mafiosos. Se ha sabido que Matteo Messina Denaro, considerado el capo más importante de Sicilia tras la detención, en 2006, de Bernardo Provenzano, pagó a la mafia de Agrigento 10.000 euros por abrir un supermercado. “Ahí se ve”, añade el fiscal, “hasta qué punto el pizzo está en el ADN de la Cosa Nostra. Da igual que seas el número uno. Si abres un negocio o levantas una casa en el territorio de otra familia, pagas. Para ellos es un impuesto tan legítimo como el de que hay que pagar al Estado. Una tasa que no solo viene a engrosar el bolsillo del mafioso, sino también el sustento de las familias de los detenidos, de los hombres de honor caídos. Su familia mafiosa paga los gastos de abogados, y también el sustento de sus familiares mientras ellos están en la cárcel”. Pagar el pizzo generación tras generación tiene, además, un peligro añadido: “Quien paga, de facto, está reconociendo a Cosa Nostra como una organización legítima. Un Estado dentro del Estado”.

—¿Qué le pasa a quien no paga?

—Acoso, amenazas, incendios… A veces también la muerte…

—Entonces…

—Hay una manera de oponerse. La mafia no es una sociedad gallarda, no es una sociedad criminal valiente. Te mata si haces una guerra solitaria, por tu cuenta, pero si te organizas puede llegar a respetarte. Ahora hay revueltas contra la Mafia en toda Sicilia. Esto ha cambiado desde los tiempos de Falcone…

O gracias a la inteligencia y a su sacrificio. Hace casi 30 años, el juez Giovanni Falcone ya vislumbraba que la manera más efectiva de atacar a Cosa Nostra es a través de su poderío económico. Se lo explica de una manera muy gráfica a su jefe, el instructor Rocco Chinnici, que acaba de hacerse con el puesto después de que a su antecesor, Cesare Terranova, lo asesinaran a tiros al más puro estilo del Oeste americano, con un Winchester. “El cadáver de un hombre”, dice Falcone, “se puede hacer desaparecer, basta con sumergirlo en ácido, y sin el cuerpo del delito no hay delito. El dinero, sin embargo, deja siempre una huella…”.

Rocco Chinnici, que sería asesinado por la Mafia poco después, en julio de 1983, respalda a Falcone. “Y así”, recuerda el fiscal Carrara, “se empiezan a hacer las primeras investigaciones patrimoniales, bancarias. Se empieza a investigar el circuito del dinero. Giovanni descubre que las grandes cantidades de dinero con las que se hacen los edificios en Palermo provienen del tráfico de heroína entre Sicilia y Estados Unidos. La droga llega desde los países productores del Triángulo de Oro. Las refinerías están en Sicilia y en Francia, sobre todo en Marsella. Y desde aquí, finalmente, parten hacia Estados Unidos como país de consumo. Aquellas investigaciones culminaron con el famoso maxiproceso”. Falcone logra sentar en el banquillo a 400 mafiosos. Dicta contra ellos condenas que suman más de 2.500 años.

Hace 20 años. El bunker de Palermo donde se celebró entonces aquel famoso maxiproceso es hoy —miércoles 23 de mayo de 2012— el escenario de un emotivo encuentro. A Palermo han acudido el presidente de la República, Giorgio Napolitano, y también el primer ministro Mario Monti. Alrededor de ellos, 2.600 muchachos de toda Italia que han llegado en los dos “barcos de la legalidad”. Uno partió de Civitavecchia —a 80 kilómetros de Roma— y otro de Nápoles. Entre los estudiantes, pertenecientes a 250 colegios de todo el país, hay también compañeros de Mellisa Bassi, la joven de 16 años asesinada el pasado sábado frente a su instituto en Brindisi. Los chavales cantan: “Un pueblo entero que no paga el pizzo (la extorsión mafiosa) es un pueblo libre”. El flemático Monti se confía ante la ministra del Interior, Anna Maria Cancellieri: “Estos muchachos me han emocionado”. También el presidente de la República deja escapar una lágrima. El viejo Napolitano es un personaje muy querido en Italia, entre otras cosas porque suele hablar claro, esa rara cualidad en los políticos. Y hoy, justo 20 años después de aquel atentado brutal, no trae buenas noticias. Les dice a los chicos y a toda la nación que, entre la situación actual y la de 1992, existen algunas analogías preocupantes: “Las graves dificultades de la política, una crisis financiera aguda, un desgaste del tejido institucional que puede llegar a golpear gravemente nuestro edificio democrático”. Los muchachos escuchan con respeto, también cuando el presidente Napolitano advierte lo que al día siguiente, entre la preocupación general, recogen todos los diarios italianos en portada: “No excluyo el retorno de los métodos terroristas, de las masacres…”.

Italia, 20 años justos después del asesinato de Falcone, vive la nueva amenaza terrorista en medio del desconcierto. Los dos atentados más recientes —contra un empresario en Génova y contra el instituto de Brindisi— siguen sin resolverse. La policía no sabe si atribuírselos a un terrorismo heredero de las Brigadas Rojas, a una mafia desconocida o tal vez a un desequilibrado. En contraste con la debilidad del Estado y sus estancias oscuras, los muchachos que acudieron a Palermo lo hicieron a cuerpo gentil, sin miedo, con la foto y las palabras del juez asesinado grabadas en las camisetas y en sus canciones: “Los hombres pasan, las ideas permanecen. Continuarán caminando sobre las piernas de otros hombres”.

Falcone y su esposa, su amigo el también juez Paolo Borsellino —asesinado 57 días después—, sus escoltas y todos los hombres y mujeres valientes que se enfrentaron a la Mafia cuando la vida era en blanco y negro se merecen una respuesta. Pero también estos muchachos de los globos blancos, verdes y rojos como la bandera italiana que atravesaron su país para decir fuerte y claro que están por la legalidad y contra la Mafia. Se llame como se llame. Cosa Nostra en Sicilia, Camorra en Nápoles, N’drangheta en Calabria… o políticos corruptos en Roma.

CRÍMENES EN LA TRASTIENDA

Publicado: 9 abril, 2012 en CASOS SIN RESOLVER

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La madre de Anna Maria Milán vive a escasos 500 metros de la zapatería Acín, donde hace cinco años, el 28 de febrero, unos clientes encontraron a su hija, de 46 años, ensangrentada y muerta, en la trastienda. Trabajaba ahí desde que era jovencita. “No han hecho nada”, zanja visiblemente molesta su madre a través del telefonillo de su piso, en Sabadell (Vallès Occidental). El crimen sigue sin resolver.

Tampoco se sabe quién acuchilló a Montserrat Sánchez, de 41 años, la noche del 13 de noviembre de 2008 en un aparcamiento de Palafrugell (Baix Empordà) al salir de la tienda de ropa donde trabajaba. Igual que es una incógnita quién apuñaló en el cuello y en la cara a Concepció Reixach, de 53 años el pasado 18 de diciembre. La encontraron muerta tras el mostrador, también de una zapatería, donde trabajaba. Los Mossos d’Esquadra barajan las hipótesis del robo, pero nada se puede descartar hasta que el detenido siente el frío de las esposas en las muñecas. Desde 2009, la policía catalana tiene 35 homicidios abiertos de los 281 que han investigado. La tasa de resolución, del 87%, les hace estar satisfechos. Pero algunos casos, especialmente como estos, que generan alarma social, son una espina clavada y una herida en carne viva para las familias.

A Anna Maria la golpearon con una bombona de butano en la cabeza. “No quiero recordarlo”, pide su madre, que culpa a los Mossos de no haber hecho todo lo posible. Eran cerca de las nueve de la noche, una clienta entró a la zapatería, empezó a llamar a Anna y al no recibir respuesta, buscó en la trastienda. Allí la encontró, muerta, tirada en el suelo. La caja estaba desvalijada. Cinco años después, no queda rastro de la zapatería en la zona. En su lugar, hay una peluquería, pero el recuerdo sigue fresco en la memoria de los vecinos. “¿Cómo puede ser que no se haya resuelto?”, se pregunta Marta Fernández, de 66 años, que conocía a Anna desde que era una cría. Después de aquello, los propietarios cerraron el local. La policía sigue buscando al asesino, o asesinos.

Un año más tarde, el 13 de noviembre de 2008, otra dependienta murió a manos de un desconocido. “Soplaba un viento de tramontana terrible”, recuerda Rosa Sánchez, hermana de Montse. La mujer había ido a trabajar como cada día desde su casa en Pals a una tienda de ropa en un centro comercial de Palafrugell. Cuando se acabó su jornada, sobre las 20.30 horas, fue a buscar su coche a un aparcamiento cercano. Allí, en un lugar poco iluminado, alguien la acuchilló numerosas veces hasta causarle la muerte. El asesino se llevó el bolso de Montse y lo dejó luego en un lavadero de la zona. “Faltaban el teléfono y el monedero”, explica Rosa. El bolso lo encontró un párroco al día siguiente y el teléfono apareció poco después.

Su pareja estaba en casa esperándola. “Pero no llegaba, no llegaba…”, recuerda por teléfono Josep Maria Martí, que llevaba ocho años con ella. La tardanza le extrañó: siempre avisaba si se iba a retrasar, así que dejó a su hijo Arnau, entonces de cinco años, con unos amigos, y se fue en su busca. Cuando llegó al aparcamiento, la escena estaba plagada de policías. Le metieron dentro de un coche, cuenta, y no le dejaban salir.

“Me iba poniendo cada vez más nervioso porque no me explicaban qué había pasado”, recuerda. Los mossos le interrogaron hasta pasadas las tres de la madrugada en comisaría. Rosa no para de darle vueltas a las horas posteriores al crimen. “Todos los policías estaban en el aparcamiento. Se perdió mucho tiempo. ¿Por qué no cerraron las salidas del pueblo?”, se pregunta. “¿Por qué no identificaron a la gente que pasaba por allí?”.

“La familia a veces piensa ¿por qué me investigas a mí si no he sido? Pero tenemos que estar absolutamente convencidos de que se les puede descartar”, explica el intendente Jordi Bascompte, jefe de la División de Investigación Criminal de Mossos. Lo dice sin relacionarlo con el asesinato de Montse, pero él era el jefe de investigación en Girona cuando la mataron. “Lo único que puedes hacer es darles las máximas explicaciones de cómo está la investigación y que entiendan que aunque no has dado con el autor seguirás buscándole”, añade.

Hasta ahora no ha aparecido el arma, a pesar de que los Mossos d’Esquadra han rastreado todas las pistas: un cuchillo aparecido dos días después del crimen, otro encontrado bajo una moto cerca del lavadero y un tercero localizado hace apenas unos meses. Cerca del lavadero la policía logró extraer unas muestras de ADN que atribuye al autor del asesinato. Las han cotejado, sin éxito, con las de más de un centenar de personas, incluido todo el entorno de la víctima y decenas de detenidos por delitos de robo con violencia en la zona.

“Fue un robo”, asegura Bascompte. Y cometido por un delincuente poco sofisticado. Pero “por circunstancias de la vida”, lamenta el intendente, no dieron con indicios suficientes para identificar al asesino. “Yo no sospecho de nadie”, dice Martí. “Solo un sinvergüenza desesperado o un psicópata pudo matarla”, añade.

El marido de Concepció Reixach, Esteve Sanmartí, tampoco tiene una explicación para el asesinato de su mujer en Banyoles (Pla de l’Estany). “No se entiende”, lamenta, en el puesto del mercado de Figueres que regenta. Llevaban 33 años juntos. De nuevo, una mujer de mediana edad, comerciante, casada y con dos hijos y dos nietos muere a manos de desconocidos en su tienda. Una clienta descubrió sangre detrás del mostrador y avisó a la policía, alrededor de las 20.15 del domingo 18 de diciembre. El cuerpo de Reixach lo encontraron en las escaleras que daban al subterráneo donde guardaba el género. La zapatería estaba revuelta, el teléfono descolgado y la caja removida, lo que hizo sospechar de un robo. Los mossos registraron todo el pueblo en buscar del arma homicida e investigaron a todas las personas con antecedentes por robo en la zona. Incluso ampliaron el radio al entorno de la víctima. 

Los crímenes perfectos existen, reconoce Bascompte. Pero son pocos. Cuanto más discreto sea el asesino, cuanto más especializado y cuantas menos señas deje, más complica la vida a la policía. Como pasó en el caso del bar Joan. El 22 de febrero de 2010, Mari Àngels Foix encontró muertos a martillazos a su madre, Maria Carles, de 85 años, y a su hermano, Josep Foix, de 55, en el bar que regentaban en la calle de Provença, en Barcelona. “Supongo que ellos no esperaban que mi madre estuviese allí, ella se pondría a gritar, la empujarían y mi hermano no se debió de estar quieto”, recompone Mari Àngels, mientras su perra Cloe le muerde el pañuelo que lleva al cuello, sentada el bar donde pasó todo. Lo tuvo cerrado tres meses, pero lo reabrió. “Es el único modo de vida que tengo”, explica. Supo de la policía por última vez el verano pasado. “Pero tampoco estoy segura”, advierte. La principal hipótesis es que dos hombres mataron brutalmente a una mujer desvalida —usaba muletas— y a su hijo —con una grave deficiencia de visión— para hacerse con el dinero de la caja y de la tragaperras.

“Los mossos nunca abandonan un crimen”, insiste Bascompte. Cambian los equipos en busca de nuevas miradas sobre lo ocurrido, esperan que las muestras de ADN den positivo en algún momento… “A veces la casualidad permite abrir una nueva vía”, asegura. “Pero es ridículo decir que un homicidio que en 10 años no se ha resuelto se está trabajando con la misma intensidad que el primer día”, admite. Por eso, han creado una nueva unidad, todavía en ciernes, que se dedicará a trabajar “con calma” homicidios y agresiones sexuales no resueltos.

Cualquier crimen simple puede acabar sin resolver. Es una quiniela. Si lo hace una persona sola, si no se lo cuenta a nadie, si ha visto series sobre criminales —y que, según Bascompte, complican la vida a la policía—, aumentan la probabilidad. Las familias, mientras, viven con un peso enorme la falta de culpables. “Hago un llamamiento para que si alguien sabe algo lo diga”, implora Rosa, que llora al recordar a su hermana Montse. “Ojalá no me muera sin que le hayan encontrado”, pide su marido. Mari Àngels también se emociona recordando a su madre y a su hermano: “Cuando les cojan, lo celebraré”.

 

Al igual que ocurre en muchas desapariciones que hemos estado recordando en las que sorprende que no existan pistas, ni huellas, ni rastros. Ni tan si quiera un quién o un por qué En esta nueva entrada nos encontramos, no con una desaparición, sino con un brutal asesinato que terminó con la vida de María Natividad Garayo. Treinta y cinco puñaladas que hoy, casi 10 años después, aún buscan autor.

María Natividad Garayo de 44 años de edad, madre y profesora del colegio Bilingüe, Brithish School de Somosaguas de Madrid, encontraría su fatídico final en el paseo de la playa de La Magdalena de Santander, un 7 de Julio de 2002. María había viajado hasta la ciudad cántabra con motivo de asistir con su hermano y una sobrina a la boda de un familiar, desplazamiento que estuvo a punto de cancelar debido a que sus hijos se marchaban de viaje y su marido no la podía acompañar. Pero finalmente se decidió a tomar la carretera, si bien las dudas y el intenso trafico de salida de la capital de España casi hace que desista nuevamente de su intento de acudir a la boda. Pero el destino parecía jugar con María y la concedió paciencia para aguantar el infernal atasco y continuar con su escrito futuro.

El 6 de Julio de 2002, día de la boda, María pasó la mañana comprando el regalo de boda y paseando por la preciosa ciudad cántabra. Ya por la tarde comenzó a prepararse para la ceremonia y, una vez hubo terminado, tomó rumbo hacia la iglesia. El banquete transcurrió sin sobresaltos en el lujoso y exclusivo Real Sociedad de tenis, junto al palacio de la Magdalena. Los invitados fueron abandonando la celebración, entre ellos el hermano de María, que antes de marcharse la prestaría 20 euros para que cogiese un taxi hasta donde se alojaba. 

 
A las tres menos cuarto de la mañana, María decidió terminar con la celebración. El portero del club de tenis recordó entonces ver salir sola a María y lejos de pedir un taxi observó como comenzaba a caminar dirección a la Avenida Reina Victoria. La casa donde se quedaba alojada María estaba a unos cuarenta minutos andando de donde había tenido lugar el banquete. ¿Qué hizo cambiar de opinión a María para ir a pie en vez de en taxi? Una cuestión que sólo podría contestar ella. ¿Otra jugada del destino?
 
 
 
A las tres de la mañana, María Natividad Garayo sería encontrada por sin vida por un chico que se dirigía a buscar a su novia. María estaba arrodillada sobre un charco de sangre, con la cabeza en el suelo y el cabello sobre la frente. Le habían asestado 35 puñaladas, la mayoría de ellas en el pecho. El móvil del robo y de la violación fueron desechados debido a que se encontraban todas sus pertenencias junto a ella y la ropa no estaba desgarrada y no existían vestigios en la zona vaginal. ¿Pudo ser que intentasen el móvil sexual y ante la resistencia que ofreció María desistiesen y terminasen brutalmente con su vida, enrrabietados, fuera de si por no haber logrado su objetivo, desapareciendo fugazmente del lugar de los hechos? La autopsia reveló que María ofreció resistencia ya que presentaba cortes en ambas manos y que las puñaladas fueron asestadas con una navaja pequeña, de un solo filo; pero había otra herida que no podía haberla causado ese cuchillo. Una lesión redonda en la parte interior del muslo, producida por un estilete de doble corte. 
Los investigadores no encontraron huellas, ni manchas, ni ningún pelo o resto que pudiera contener ADN. Se abrieron muchas hipótesis: Violencia de genero, crimen por encargo, venganza de algún alumno descontento incluso probaron la hipótesis del juego de Rol. Todas estas hipótesis que se manejaban fueron constantemente chocando con un muro, que a día de hoy, aun sigue en pie en forma de interrogantes ¿Quién y por qué había cometido el crimen?, ¿Qué la hizo cambiar de opinión para irse andando?, ¿Es posible que nadie viese ni escuchase nada? ¿Es posible que no hubiese quedado ningún resto si María ofreció tanta resistencia?, ¿Hubo dos asesinos o uno solo que sacó un segundo arma? Muchas interrogantes que aún buscan respuesta y un asesino que todavía no ha pagado por su crimen.

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El presidente de Francia y candidato a la reelección al cargo, Nicolas Sarkozy, afirmó hoy que la motivación antisemita del tiroteo contra un colegio judío de Toulouse es “evidente” y aseguró que su autor es el responsable igualmente de los otros dos atentados recientes en la región.

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En una comparecencia en el Palacio del Elíseo, sede de la presidencia, indicó que las informaciones que le han transmitido las autoridades judiciales y policiales permiten afirmar que “una misma persona y un mismo arma” mataron a tres militaresla semana pasada y a cuatro personas esta mañana.

Sarkozy anunció además que ha elevado el plan antiterrorista al máximo nivel en la región de Toulouse después de los ataques registrados en menos de dos semanas en esa localidad y en la vecina Montauban. El jefe del Estado indicó que se han desplegado “absolutamente todos los medios disponibles” para capturar a esa persona, cuyo “acto odioso”, añadió, “no puede quedar impune”.

Por otra parte, los investigadores que analizan el crimen tienen imágenes grabadas por cámaras situadas junto al centro escolar que muestran la matrícula de un ciclomotor que habría sido utilizado por el autor de los disparos. Las imágenes han permitido averiguar que el ciclomotor, tipo scooter, fue comprado en mayo de 2011. Los investigadores han averiguado además que el arma utilizada es la misma que la que sirvió para matar a los militares magrebíes asesinados la semana pasada.
Mientras tanto, miles de policías trabajan ya en la captura del responsable del asesinato de un profesor y tres alumnos de una escuela judía de Toulouse que han sido tiroteados esta mañana, según ha informado el diario Le Parisien citando fuentes policiales.
Otros medios, como Le Point, apuntan a que las fuerzas de seguridad han abierto una línea de investigación sobre el asesinato que apunta a tres militares franceses de tendencia neonazi. La prensa gala publicó en 2008 una foto de ellos ante una bandera con una cruz gamada y haciendo el saludo nazi.
Moviliazación masiva En todo caso, la búsqueda es masiva: Han sido movilizados todos los efectivos de la Dirección Central de la Policía Judicial en París y su región y también miembros de la Dirección Central de Inteligencia Interior. La totalidad de las direcciones de la Policía y de la Gendarmería y de las Compañías Republicanas de Seguridad han sido alertados, ha explicado la fuente.
Un miembro del gabinete del ministro del Interior ha explicado que se trata de una “gigantesca caza al hombre” y que en ella trabajan también especialistas en perfiles psicológicos y expertos en búsquedas en Internet.

‘Shock’ en Israel El ataque, sobre el que pesa la sospecha del antisemitismo, ha causado consternación en Israel. “Confiamos en las autoridades francesas, que esclarecerán este crimen y llevarán ante la Justicia a los responsables”, ha dicho el portavoz del Ministerio de Exteriores.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se ha expresado en términos más severos y ha criticado a la ONU por no haber “escuchado condena alguna” sobre el atentado.

DECAPITADA EN CÓRDOBA EN 1992

Publicado: 27 diciembre, 2011 en CASOS SIN RESOLVER

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Faltaban 15 minutos para las seis de la tarde de aquel 28 de septiembre de 1992 cuando Soledad Donoso abandonaba la casa familiar en el barrio de San Pedro cordobés para dirigirse hacia la pizzería de la avenida de Barcelona donde trabajaba desde hacía un año aproximadamente tras abandonar los estudios. Pero esta joven de 18 años nunca llegó a su destino. Catorce días más tarde, encontraron su cuerpo en una zona de muy difícil acceso del río Guadalquivir conocida como el Arenal Alto. La autopsia sólo confirmó que Soledad había fallecido el mismo día en que desapareció. Tenía la ropa puesta pero la cabeza estaba a un metro del tronco. Los forenses no pudieron precisar si murió decapitada o si las alimañas del río habían actuado en esos días.

Casi dos décadas después del fallecimiento de Soledad Donoso, sus padres y hermanos desconocen todo sobre su muerte, aunque han descartado que fuera accidental. Su hermana María del Mar explica a ELMUNDO.es que no había nada raro en su conducta: “Era una chavala feliz que no tenía ningún problema”. La familia no ha dejado de pensar en todos estos años en numerosas hipótesis. “Unas veces piensas que fue algo involuntario, pero luego rectificas y crees que fue intencionado. Es un asunto complicado” que mantiene en vilo a toda la familia 19 años después, más ahora que ha decidido iniciar una campaña para recordar que su “asesino” sigue en la calle.

La Policía interrogó a varias personas del entorno de la víctima, entre ellas a un chaval que negó conocerla, pero los investigadores encontraron en la agenda de la joven anotado su número de teléfono. Lo detuvieron, pero lo pusieron en libertad. La familia de la joven está desesperada, pues en septiembre de 2012 se cumplen 20 años de su muerte y el delito, si no se encuentran antes novedades que permitan a la Audiencia Provincial de Córdoba reabrir el caso, prescribirá. Un criminólogo de Canarias, Félix Ríos, se puso en contacto hace dos meses con la familia para ayudarlos de forma altruista. Ha sido él quien les ha recomendado aprovechar las redes sociales para iniciar una campaña que lleve a localizar pistas fiables para conocer qué le ocurrió a Soledad Donoso y también pegar carteles por la ciudad. A raíz de esta iniciativa, el teléfono (652182069) o el correo electrónico (soledaddonoso@hotmail.com) que se han activado están recibiendo numerosos datos, aunque sólo una mínima parte pueden significar algo que permita indagar con la esperanza de llegar a alguna conclusión.

La versión oficial de la Policía es que no ha archivado el caso, pero lo cierto es que la familia de Soledad Donoso lleva años sin recibir una llamada telefónica de los investigadores que le dé esperanza de encontrar a quien mató a la joven. La familia dice encontrarse peor que cuando ocurrieron los hechos “por la impotencia” y la “rabia” de no saber nada. La madre, María del Carmen Toscano, se encuentra estos días mal. Su hija asegura que un drama así “nunca terminas de superarlo” y a esto se une que ahora toca revivirlo todo de nuevo. “Es duro”, afirma. Por eso cuesta comenzar de nuevo, aunque la familia está esperanzada en que esta iniciativa permita hacer justicia para que el asesino de Soledad Donoso pague por lo que hizo.

“Justicia sería que el que hizo aquello, pague. Sólo así mi hermana descansará en paz. Hasta ahora sólo tenemos la pena de que ella no está y que el que la mató lleva 19 años disfrutando de la vida”, resalta la hermana de la fallecida. “Es el último año y queremos quemar todos los cartuchos”, asegura María del Mar Donoso.